Gran Canaria alberga uno de los paisajes más impresionantes de España, un cañón de origen volcánico que se ha transformado en uno de los espacios naturales más fotografiados de la isla
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Gran Canaria posee entre sus formas volcánicas un escenario que desafía la lógica típica del paisaje insular. Allí, donde el terreno aparenta ser seco y común, la erosión ha moldeado un paso con contornos ondulados y paredes pintadas con tonalidades cálidas, como si la geología hubiera decidido replicar, a escala reducida, los majestuosos cañones de otros continentes.
Alejado del imaginario turístico basado en playas y dunas que ha definido el turismo insular durante décadas, este paraje en el municipio de Agüimes ofrece una faceta completamente distinta del territorio. Se trata del Barranco de las Vacas, conocido también como Barranco de Barafonso, un cañón angosto formado a lo largo de miles de años por la erosión del agua sobre tobas volcánicas, que ha producido paredes onduladas con tonos que van desde el beige hasta un rojo intenso. Aunque su extensión no supera los 50 metros, su efecto visual resulta impactante y ha ganado notoriedad en los últimos años gracias a su difusión en redes sociales, donde se ha consolidado como uno de los lugares más capturados con cámara de la isla.
Un paisaje esculpido por la naturaleza en Gran Canaria
Este territorio, conocido como el «mini Gran Cañón» de Canarias, está situado a alrededor de 30 minutos en coche de Las Palmas de Gran Canaria, en el valle de Agüimes-Temisas, y ofrece un recorrido corto, accesible y apto para todo tipo de visitantes. Las formaciones, también llamadas Tobas de Colores, muestran una paleta cromática que varía según la iluminación del día, siendo particularmente atractiva al amanecer o al atardecer, cuando el sol incide con ángulo oblicuo sobre las paredes.
El acceso, aunque sencillo, requiere de ciertas precauciones. No dispone de estacionamiento habilitado, por lo que los vehículos deben ser dejados en el arcén de la carretera GC-550, cerca del kilómetro 14. Desde este punto, es necesario caminar unos minutos, atravesar una barrera de protección y descender por debajo de un puente de piedra hasta llegar a un pequeño túnel que lleva directamente al cauce. Esta ausencia de señalización y su ubicación poco visible explican que permaneciera fuera de los circuitos turísticos habituales durante años, lo que en la actualidad potencia su valor como uno de los ejemplos más destacados de la riqueza geológica de Gran Canaria, más allá de sus famosas playas.
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Gran Canaria esconde entre sus relieves volcánicos un escenario que desafía la lógica del paisaje insular. Allí, donde el terreno parece seco y común, la erosión ha conformado un pasadizo de formas sinuosas y paredes cubiertas de tonos cálidos, como si la geología se hubiera inspirado para reproducir, a escala íntima, los grandes cañones de otros continentes.

