La negativa de Irán a conversar con Estados Unidos revela una desconfianza significativa hacia Trump

Los iraníes ondean banderas nacionales y sostienen fotografías del nuevo líder supremo del país, Mojtaba Khamenei, en una manifestación en Teherán.

Fuente de la imagen, EPA/Shutterstock

    • Autor, Amir Azimi
    • Título del autor, BBC News Persian
  • 1 hora
  • Tiempo de lectura: 5 min

Cuando Donald Trump declaró esta semana que Estados Unidos e Irán habían sostenido "conversaciones muy positivas y productivas" sobre el fin del conflicto, la reacción de Irán fue inmediata y firme.

Representantes iraníes desmintieron la existencia de tales diálogos. Un portavoz militar llegó a ridiculizar la declaración, afirmando que los estadounidenses estaban "negociando consigo mismos".

La discrepancia es clara. Washington afirma avances; Teherán lo rechaza categóricamente. Sin embargo, esto va más allá de un simple desacuerdo; refleja una profunda desconfianza.

Esta desconfianza surge a raíz de los hechos recientes.

Durante el último año, las negociaciones entre ambas partes generaron expectativas de reducción de tensiones en dos ocasiones, y en la última sesión, de acuerdo con el anfitrión omaní, se trataron las principales preocupaciones estadounidenses sobre el programa nuclear iraní.

En ambas oportunidades, tras las charlas, se produjeron ataques militares israelíes y estadounidenses contra Irán.

Desde la perspectiva de Irán, esos encuentros no han minimizado el riesgo bélico; al contrario, lo han antecedido. Por ello, las aseveraciones de Trump son recibidas con desconfianza.

No obstante, la negación iraní no implica que esté en contra de un acercamiento. Hay factores adicionales involucrados.

Incluso los funcionarios favorables a la diplomacia enfrentan presiones. Intentar reanudar negociaciones implica un riesgo considerable. No existen señales evidentes de que esta vez la situación sea distinta.

Esto explica en parte el tono rígido del ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, y otros cargos oficiales.

Antes de la publicación de Trump en la red social Truth el lunes, Araghchi había declarado que Irán no buscaba conversaciones ni un cese del fuego y se mostraba dispuesto a continuar el enfrentamiento.

El jefe del Consejo de Información del Gobierno iraní rechazó la propuesta de 15 puntos, señalando que "las palabras de Trump son falsas y no merecen atención".

Sin embargo, esto no implica que la puerta esté completamente cerrada.

Más tarde, el miércoles, Araghchi no confirmó ni desestimó la propuesta categóricamente.

Afirmó ante la televisión estatal que se habían presentado "diversas ideas" a los altos dirigentes y que "si fuese necesario adoptar una postura definitiva, sin duda se decidirá".

Añadió que la política de Irán es continuar con la "defensa propia" y que Teherán "no tiene intención de negociar por el momento".

El presente de Irán… y el porvenir del régimen islámico

La situación actual en Irán, marcada por ataques constantes y daños a infraestructuras esenciales, resulta insostenible. El lenguaje contundente probablemente esté más orientado a establecer condiciones que a rechazar la diplomacia por completo.

La política interna iraní añade complejidad al escenario.

El presidente Masoud Pezeshkian, respaldado por sectores moderados, ha adoptado una postura cautelosa. Mientras tanto, facciones más intransigentes se oponen con firmeza a las negociaciones.

Incluso los sectores moderados encuentran difícil justificar las negociaciones en el contexto actual.

A su vez, el gobierno está sujeto a presiones externas.

Diversos grupos opositores rechazan cualquier compromiso con la República Islámica y respaldan los ataques con la expectativa de que el conflicto provoque el derrumbe y cambio del régimen.

Paralelamente, la sociedad civil y activistas por los derechos humanos temen que un acuerdo pueda otorgar mayor margen de maniobra a las autoridades para reprimir, sobre todo considerando que las restricciones ya se han incrementado durante la guerra.

La postura iraní no se fundamenta únicamente en la ideología; también es estratégica.

Desde que escaló el conflicto, Teherán ha demostrado capacidad para obstaculizar los flujos energéticos globales mediante el estrecho de Ormuz. El bloqueo o restricción de esta vía ha afectado no solo a los mercados petroleros y de gas, sino también a las cadenas de suministro en general.

Esto otorga a Irán una ventaja estratégica. Una postura pública firme contribuye a mantener esa presión.

El presidente estadounidense Donald Trump, vestido con traje y corbata roja, señala con un dedo mientras habla por el micrófono.

Fuente de la imagen, Reuters

Los reportes sobre la propuesta de Trump, que se transmitió a Irán a través de Pakistán, indican que las condiciones serían difíciles de aceptar para Teherán. Incluyen estrictas limitaciones sobre capacidades nucleares, programas de misiles y apoyo a aliados regionales iraníes, a cambio del levantamiento de sanciones y asistencia en energía nuclear civil.

Incluso quienes están abiertos al acuerdo enfrentan un obstáculo principal: la confianza. Los acuerdos previos no se han mantenido.

El acuerdo nuclear de 2015 entre Irán y las potencias mundiales, resultado de años de negociaciones, colapsó tras la salida unilateral de Estados Unidos bajo la administración Trump. Muchos en Teherán dudan del sustento de un nuevo pacto.

En consecuencia, la brecha entre ambos lados continúa ampliándose.

Para Washington, hablar de avances puede servir a sus intereses políticos y diplomáticos.

Para Teherán, negar la existencia de negociaciones protege su posición y refleja incertidumbre genuina.

Por el momento, es probable que la distancia entre el optimismo estadounidense y el rechazo iraní permanezca.

Reducir esa distancia exigirá más que simples palabras. Se requerirán garantías reales de que las conversaciones no desembocarán en más conflictos, algo que Trump también deberá demostrar internamente, tras prometer poner fin a las guerras, no iniciarlas, en Medio Oriente.

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