Según el informe más reciente sobre el ‘Estado del mercado laboral en España 2025’ elaborado por InfoJobs y Esade, el crecimiento económico real del 22% en la última década no ha ido acompañado por un aumento en la productividad, lo que afecta directamente a los salarios y al nivel de vida

El mercado laboral español atraviesa uno de sus momentos más favorables en cuanto a empleo se refiere. En un lapso de apenas diez años, la tasa de paro ha descendido del 21% al 9,9%, marcando un récord histórico. Sin embargo, detrás de estos indicadores positivos se detectan signos de una fragilidad estructural que condiciona el futuro económico del país. Durante este mismo período, la productividad, medida como PIB por trabajador, apenas ha registrado avances. Se genera mucho empleo, pero cada empleado produce prácticamente el mismo valor que hace diez años. Así lo destaca el último estudio de InfoJobs y Esade sobre el Estado del mercado laboral en España 2025, que señala que la economía española ha crecido más por el aumento en la cantidad de trabajadores que por mejoras en su productividad.
El desarrollo del mercado laboral desde 2015 muestra un progreso cuantitativo notable. España ha logrado reducir el desempleo a niveles no observados desde la crisis financiera de 2008, contando con más de 22 millones de personas empleadas. Sin embargo, a pesar de un crecimiento económico real del 22% en la última década, la productividad no ha experimentado un avance proporcional. En términos concretos, el valor generado por cada trabajador solo ha crecido un 0,5% en diez años.
Esta situación, según los especialistas de Esade, influye directamente en los salarios y en la calidad de vida de los ciudadanos. Sin un incremento sostenido en la productividad, es complicado que los sueldos aumenten de forma generalizada. Como consecuencia, la percepción social difiere de la realidad económica, ya que aunque la economía crece, los empleados no perciben mejoras en sus ingresos.
Una de las razones que explican esta disparidad radica en la estructura productiva. Gran parte del empleo generado se concentra en sectores como el turismo, la hostelería y los servicios, que demandan una alta cantidad de mano de obra pero tienen limitaciones para incrementar la producción por trabajador.
Quienes nacieron en las décadas de los 80 y 90 enfrentan salarios más bajos, menor capacidad de ahorro y dificultades para acceder a la vivienda. A los 42 años, poseen hasta un tercio de la riqueza que acumularon generaciones anteriores a esa edad.
A esto se suma la prevalencia de pequeñas y medianas empresas, que enfrentan mayores obstáculos para invertir en tecnología, innovación o capacitación. Estos elementos, considerados cruciales para elevar la productividad, se desarrollan con mayor facilidad en empresas de mayor tamaño. Por ello, el modelo actual resulta efectivo para la creación de empleo, pero menos eficiente para incrementar el valor añadido del trabajo.
Papel clave de la inmigración: cuatro de cada diez ocupados es extranjero
Otra de las variables que explica la vitalidad actual del empleo es la contribución de la población extranjera. En los últimos cinco años, el 40% de los nuevos puestos de trabajo han sido ocupados por trabajadores extranjeros, lo que representa un aumento de 1,2 millones de personas desde 2020.
Hoy en día, los trabajadores extranjeros constituyen el 15,9% del total de ocupados en España. Este fenómeno ha sido fundamental para sostener el crecimiento del mercado laboral y para compensar en parte los efectos del envejecimiento demográfico. Gracias al incremento de ocupados por medio de la inmigración, se evitan tensiones más agudas en el mercado laboral.
Además, dentro del perfil de estos trabajadores predominan niveles educativos medios, aunque también está creciendo la proporción de ocupados con formación superior, lo que abre posibilidades para una mejora futura de la productividad si se gestiona correctamente este capital humano. Sin embargo, una parte de la población extranjera todavía desempeña empleo por debajo de su cualificación.

Paro juvenil, el gran problema pendiente
Pese a la mejora general del empleo, el informe señala un problema persistente: el elevado desempleo juvenil. La tasa de paro en menores de 25 años ronda el 23%, situándose entre las más altas de la Unión Europea. Pero la dificultad no se limita a ese grupo de edad, ya que cuatro de cada diez personas desempleadas tienen menos de 34 años. A esto se añade la irrupción de la inteligencia artificial generativa en las empresas.
Según el informe, la introducción de estas tecnologías está disminuyendo las oportunidades de ingreso para perfiles junior, sobre todo en sectores tecnológicos. Las empresas demandan cada vez más experiencia y perfiles sénior, lo que incrementa las barreras para el acceso laboral de los jóvenes. En ese sector, las ofertas de trabajo que no requieren experiencia previa han caído un 41%, dificultando cada vez más obtener un primer empleo para adquirir experiencia.

