Investigadores exploran una cueva aislada y hallan datos inéditos sobre el desierto del Sáhara

El desierto del Sáhara es el más extenso de nuestro planeta, un vasto mar de arena donde parecía improbable que cualquier forma de vida pudiera desarrollarse.

Sin embargo, un estudio geológico reciente en cuevas apartadas al sur de las montañas del Atlas, en Marruecos, ha revelado una suerte de «cápsula del tiempo» que confirma que el Sáhara, hace miles de años, fue una región fértil, cubierta de vegetación y con abundantes lluvias.

Esto se debe a que el grupo de científicos descubrió en estas cuevas estalagmitas, estructuras minerales que se forman desde el suelo debido al constante goteo de agua, las cuales mostraron evidencia de registros históricos de precipitaciones en esta área.

Tras su análisis, los investigadores determinaron que estas se formaron entre 8.700 y 4.300 años atrás, señalando que las lluvias eran mucho más comunes y regulares en esa época.

Este denominado «Sáhara verde» fue fundamental para las comunidades de entonces, que experimentaron un crecimiento considerable de asentamientos en la zona y prosperaron gracias a la ganadería y la caza, en un entorno con recursos hídricos y vegetación abundante.

No obstante, los cambios en los ciclos orbitales terrestres causaron el cese de las lluvias, lo que provocó el secado de los ríos; mientras las poblaciones se desplazaban en busca de pastos para el ganado, la arena comenzó a invadir el terreno transformándolo en el desierto árido que conocemos hoy.

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