Una iglesia del siglo XIII en Galicia fue desmontada piedra a piedra para protegerla del agua; sus sillares mantienen la numeración original

Hay lugares en España donde la historia no solo se observa, sino que se percibe en cada piedra y en cada detalle. En una villa lucense, un templo medieval revela una señal evidente de su supervivencia

Foto: La iglesia del siglo XIII que fue desmontada piedra a piedra para salvarse del agua en Galicia. (Turismo de la Ribiera Sacra)
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En Galicia, a poca distancia del Camino de Santiago, se eleva una construcción capaz de asombrar al viajero más perspicaz. Es un templo medieval con tintes defensivos que, además de su valor artístico, presenta una singularidad poco habitual: fue desmantelado piedra a piedra para evitar su inundación. Hoy en día, sus sillares conservan las señales de ese traslado, una marca visible que transforma la visita en una experiencia única ligada a la memoria del antiguo lugar.

La protagonista de esta historia es la iglesia de San Juan o San Nicolás de Portomarín, situada en Lugo, un destacado ejemplo del románico gallego. Construida entre los siglos XII y XIII por la Orden de San Juan de Jerusalén, se encontraba originalmente en la orilla del Miño, en un punto estratégico del Camino Francés. Sin embargo, en la década de 1950, la construcción del embalse de Belesar requirió su traslado a la ubicación actual. Este desmontaje minucioso explica la presencia de números grabados en muchos de los bloques, una evidencia directa del proceso que permitió conservar este monumento.

Una iglesia-fortaleza con rasgos singulares en Portomarín

Más allá de su historia, la iglesia de Portomarín destaca por su imponente perfil de fortaleza. Cuenta con una sola nave, notable altura interior y una cabecera semicircular precedida por un tramo recto. La fachada principal, rematada con almenas, saeteras y torres en los extremos, refuerza su carácter defensivo poco común en un edificio religioso. Además, presenta un gran arco de descarga y un enorme rosetón finamente trabajado, considerado uno de los mayores en Galicia. En el interior, el espacio es sobrio y elegante, cubierto por una bóveda de cañón apuntada, mientras la luz penetra también por un rosetón ubicado sobre el arco triunfal.

El valor artístico del templo se complementa con sus portadas, que muestran claras influencias del taller del Maestro Mateo. En la portada occidental sobresalen tres arquivoltas decoradas junto a los veinticuatro Ancianos del Apocalipsis que tocan instrumentos en la arquivolta interior, además del Pantocrátor ubicado en el tímpano. La puerta norte exhibe la Anunciación, y la sur presenta una figura con casulla y mitra flanqueada por dos personajes. También llaman la atención las escaleras de caracol junto a la entrada principal, que conducen a un corredor bajo el gran rosetón y desde allí al paseo almenado y las cuatro torres. Declarada Monumento Histórico-Artístico en 1931, esta iglesia sintetiza en un solo edificio arte, función defensiva y una historia de resistencia frente al agua.

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