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- Autor, Will Grant
- Título del autor, BBC News
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- Tiempo de lectura: 6 min
Desde que el gobierno estadounidense bajo Donald Trump aplicó un bloqueo casi absoluto a Cuba hace tres meses, Mauren Echevarría permanece en un pabellón especializado en maternidad en La Habana.
Con 26 años, Mauren espera su primer hijo y ha atravesado un embarazo complicado.
“Me diagnosticaron diabetes gestacional e hipertensión crónica”, comenta a BBC Mundo, sentada en una cama del hospital Ramón González Coro, dedicado a la atención materna.
Con el parto programado para esta semana, Mauren experimenta nerviosismo.
No solo ha debido mantenerse en reposo bajo supervisión constante, sino que además enfrenta una nación que atraviesa cortes eléctricos generales prolongados que pueden extenderse durante todo el día.
Durante el fin de semana, el sistema eléctrico nacional sufrió otro colapso.
A pesar de esta situación, Mauren valora la asistencia que ha recibido de parte del personal sanitario, que ha trabajado contrarreloj dadas las difíciles circunstancias.
La BBC obtuvo acceso a las instalaciones públicas cuando una coalición internacional de movimientos solidarios llegó a La Habana con cajas de donaciones destinadas a este hospital maternal.
“Ellos han hecho todo lo posible por mí en el hospital”, asegura Mauren mientras los médicos están en la habitación.
“Me proporcionaron los medicamentos y la insulina que necesito para cuidar la salud de mi bebé y de la placenta”, agrega.

Mauren tiene la confianza de que el país siempre hallará una manera de “salir adelante” ante las crisis, aunque no oculta el temor de tener que dar a luz durante un apagón general.
Una crisis extendida
Según datos gubernamentales, actualmente hay alrededor de 32,800 mujeres embarazadas en Cuba.
Muchas de ellas no cuentan con el nivel de apoyo que ha recibido Mauren del Estado.
En su hogar en La Habana, Indira Martínez, con siete meses de gestación, lleva días sin poder preparar ni siquiera un desayuno o un café con leche.
Su vivienda está sin electricidad desde la tarde anterior. La nevera está vacía, el horno eléctrico está fuera de servicio y la única opción para cocinar es un pequeño horno improvisado de leña que su esposo construyó.
“Hay que aprovechar las pocas horas en que la luz regresa para cocinar lo que haya a mano, y muchas veces eso carece de las vitaminas y proteínas que necesito, además de no satisfacer las ganas de comer propias del embarazo”, explica Indira.
Aunque mantiene una actitud positiva y sonríe, es evidente que las dificultades que enfrenta durante el embarazo afectan su fortaleza.
Tiene empleo como peluquera, pero no ha podido ejercer para no poner en riesgo al bebé con los químicos del salón. Por ello, la familia subsiste con el salario de su esposo, dedicado a la herrería.

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La madre de Indira, enfermera jubilada, muestra preocupación por la carencia de alimentos y el estrés que su hija enfrenta en las últimas etapas del embarazo.
Durante el primer trimestre, Indira contrajo chikungunya, una enfermedad viral transmitida por mosquitos, en medio de una epidemia en Cuba.
A pesar de encontrarse tan débil que apenas puede caminar hasta el baño, los médicos aseguran que su bebé, una niña, se encuentra en buen estado de salud.
Un futuro poco alentador
El 3 de enero pasado, fuerzas estadounidenses derrocaron del poder a un antiguo aliado de Cuba, el expresidente venezolano Nicolás Maduro.
Desde ese momento, el gobierno de EE.UU. ha detenido prácticamente todos los envíos de petróleo hacia Cuba.
Washington ha avisado a sus principales socios energéticos, especialmente México, que aplicaría sanciones si continuaban enviando combustibles a la isla.
No obstante, México ha entregado cientos de toneladas de ayuda humanitaria, incluyendo leche en polvo destinada a mujeres embarazadas.
Indira señala que no ha recibido ningún beneficio de esa ayuda ni apoyo por parte del Estado.
“No he visto nada de la ayuda humanitaria que enviaron a Cuba”, afirma.
“Mi esposo y yo sabíamos muy bien a lo que nos exponíamos al decidir tener un bebé en medio de esta situación. No confiamos en la ayuda del gobierno. Estamos solos en esta pelea”.
Solo les queda rezar para que todo termine bien, añade.
Al igual que Mauren, quien ya está hospitalizada a pocos días de natalicio, Indira siente creciente temor y se imagina dando a luz en una habitación oscura, alumbrada solo con la linterna de un teléfono móvil.
Los hospitales disponen de generadores, pero enfrentan dificultades para acceder al combustible necesario.
Además, sus inquietudes van más allá del parto y alcanzan el porvenir que le espera a su hija — que nombrarán Ainoa — dentro del contexto cubano.
“¿Cómo le explico que no tiene futuro? Porque simplemente no lo tendrá…”, expresa Indira con resignación.

La educación siempre ha sido un pilar fundamental de la Revolución cubana, pero como ocurre con otros aspectos en la isla, Indira comenta que se ha deteriorado debido a la falta de inversión y escasez de docentes capacitados.
Además, la grave situación económica obliga a los jóvenes a buscar trabajos que les permitan ingresos superiores a los salarios estatales, que son bajos: Indira fue técnica en sistemas informáticos antes de dedicarse a la peluquería, y su esposo trabajaba como contador antes de convertirse en herrero.
“Como madre, mi deseo es ofrecerle a mi hija una vida plena, pero no tengo razones para asegurarle que tendrá un futuro con oportunidades ni que podrá desarrollar su potencial intelectual al máximo”, dice.
“Si dijera eso, estaría mintiendo. Aquí no tendrá ninguna posibilidad de crecer, ninguna”, agrega la futura madre.
Es un pronóstico sombrío y desalentador para lo que generalmente se concibe como un momento de expectativas, entusiasmo y esperanza.
Cuba enfrenta un envejecimiento poblacional, una tasa de natalidad muy baja y niveles elevados de emigración. A pesar de la crisis actual, el país necesita que más jóvenes tengan hijos.
Pero incluso antes del estricto bloqueo de combustibles, muchos jóvenes cubanos dudaban antes de decidir formar una familia en la isla.
No resulta sorprendente, ya que el hijo de Mauren — y probablemente la niña de Indira, que nacerá en dos meses — llegará en medio de uno de los períodos más difíciles de la historia moderna cubana.

