Doris, madre de Fede Valverde (27), comenta que su hijo es muy exigente consigo mismo, pero cuando tiene un día libre le pide milanesas.

Fede Valverde, junto a su madre Doris El futbolista uruguayo, una de las figuras destacadas del Real Madrid, mantiene una disciplina estricta en su vida fuera del campo.

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Tras el centrocampista más incisivo del Real Madrid está su madre, quien lo conoce profundamente y, durante una entrevista en Radio Carve Deportiva de Uruguay, ofreció una imagen tierna y sincera de Fede Valverde.

Doris Dipetta habló poco después de que su hijo anotara un hat-trick frente al Manchester City en la Champions League, expresando orgullo, emoción y conteniendo algunas lágrimas mientras describía a Fede más allá de sus logros deportivos.

El momento fue muy especial: Doris presenció el encuentro desde el palco del Santiago Bernabéu, junto a Mina Bonino, pareja de su hijo, sus nietos, los suegros y varios amigos. Sólo faltó el padre, quien se quedó en casa enfermo.

Ella, atenta a cada instante, le escribió a Fede justo después del silbato final: «Le dije que, a mis casi 70 años, me había regalado una noche mágica».

Este es un ritual habitual tras cada encuentro, sin importar el marcador: «Le escribo gane o pierda, esté bien o mal. Siempre me responde. Incluso cuando pierde y está molesto, me dice ‘vamos, mamá'».

Sin embargo, lo que más destacó de su relato fue la descripción de la rutina disciplinada de Fede, un aspecto que los seguidores perciben en el campo pero que pocas veces se manifiestan en palabras cercanas. Doris lo retrató con la naturalidad de quien ha presenciado ese compromiso desde la infancia:

«Fede sigue al pie de la letra las indicaciones de su nutricionista y es extremadamente profesional. Se exige mucho a sí mismo. Pero si le dan un día libre, puede que me pida una milanesa».

Valverde celebrando su gol contra el Atlético de Madrid

Valverde celebrando su gol contra el Atlético de Madrid EFE

Esta confesión representa claramente la dualidad de un deportista profesional: un atleta que cuida cada detalle de su alimentación y, al mismo tiempo, un joven uruguayo que, cuando se relaja, sigue buscando el sabor de la cocina materna.

No es casual que esta disciplina tenga fundamentos sólidos. Doris recuerda que cuando Fede era niño, si tenía un cumpleaños al que asistir y al día siguiente entrenaba, simplemente no iba.

El entorno económico tampoco era abundante: su padre trabajaba como guardia de seguridad en un casino, y su madre vendía ropa y juguetes en mercados callejeros de Montevideo. Creciendo en el barrio de La Unión, aprendió pronto que el talento sin esfuerzo no alcanza mucho.

Además, Doris tiene su propio método para evaluar el rendimiento de su hijo: «Observo sus manos y sé cómo le está yendo», confesó.

Y añadió algo que quizás sea el mayor elogio para alguien con décadas en el foco mediático: «Nunca se agrandó. Es el mismo». El mismo niño que pedía milanesas en su infancia, y el mismo que aún las solicita cuando tiene un día libre en el Real Madrid.

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