Un rincón de Castilla y León conserva intacta su esencia medieval entre piedra, madera y leyenda. Un destino que combina historia, arquitectura y naturaleza en un entorno que parece detenido en el tiempo
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Existen lugares en España donde el tiempo parece haberse detenido y la historia sigue presente en cada rincón. Entre calles adoquinadas, leyendas medievales y arquitectura tradicional, se halla una villa soriana que sobresale por su autenticidad y por un relato histórico que sigue despertando el interés de viajeros y amantes del patrimonio.
Se trata de Calatañazor, en Soria, un pueblo medieval declarado Conjunto Histórico-Artístico que mantiene intacta su esencia. Ubicado sobre una peña que domina el valle del río Milanos, este enclave es conocido por la famosa expresión “Calatañazor, donde Almanzor perdió el tambor”, una leyenda que remite a la supuesta derrota del caudillo musulmán en el año 1002. Su diseño urbano, con calles adoquinadas y viviendas construidas en adobe, madera de sabina y chimeneas cónicas, transporta al visitante a la Edad Media sin añadidos modernos.
Un conjunto histórico que mantiene viva la Edad Media
El paseo por Calatañazor inicia en la ermita románica de la Soledad, uno de los primeros vestigios arquitectónicos del lugar, situado a la entrada del pueblo. Desde ahí, la calle Real estructura el corazón de la villa, conduciendo hasta la iglesia de Santa María del Castillo, una edificación de origen románico que fue modificada con elementos góticos posteriormente. En su interior se conservan piezas históricas como una pila bautismal de piedra y diversas tallas religiosas que aumentan el valor patrimonial del conjunto. La Plaza Mayor, dominada por el rollo bajomedieval del siglo XV, refleja la importancia administrativa que la villa tuvo en tiempos pasados, junto a elementos singulares como la conocida ‘Piedra del Abanico’.
Muy cerca están los restos del castillo, desde donde se aprecian las vistas del llamado ‘Valle de la Sangre’, un espacio cargado de simbolismo histórico. Además, gran parte de la muralla todavía se conserva, con torres cilíndricas que evidencian su función defensiva en la época medieval. Fuera del núcleo urbano, el entorno natural de Calatañazor suma un atractivo complementario con el Sabinar de Calatañazor, uno de los bosques mejor preservados, y rutas cercanas como la de la Fuentona. A todo ello se añade la gastronomía tradicional castellana, con platos como las migas pastoriles, las carnes a la brasa y los torreznos, que completan la experiencia en este destino singular.
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