Ambos han declarado ante el magistrado de Violencia sobre la Mujer, quien no considera necesaria la orden de protección solicitada por ella, dado que José Ángel González no ha mantenido contacto y ya no ocupa su posición superior.

El ex Director Adjunto Operativo (DAO) José Ángel González compareció esta mañana ante el juez a cargo de la investigación de la querella por violación que una subordinada presentó en enero pasado. Lo hizo tras la declaración de la inspectora implicada, con quien mantuvo una relación previa.
Ambos fueron convocados en el Juzgado de Violencia sobre la Mujer número 8 de Madrid desde las 10:30 horas. Ella testificó durante dos horas y, a continuación, lo hizo el ex DAO, con una declaración más breve de menos de una hora.
Al concluir ambas declaraciones, el abogado de la denunciante solicitó la imposición de una orden de protección que prohibiera toda comunicación entre las partes. La fiscal del caso no lo consideró procedente, argumentando la ausencia de contacto y la inexistencia de la relación de subordinación profesional.
El juez David Maman respaldó la postura del Ministerio Público y rechazó la prohibición: «El investigado no se ha acercado ni comunicado con ella desde julio y no parece existir riesgo de presión durante esta fase de instrucción, sobre todo considerando que ya no desempeña el cargo de máxima autoridad policial».
Confirmación de la denuncia
La inspectora de la Policía Nacional que llevó ante el juez al ex líder del Cuerpo por una presunta violación confirmó, punto por punto, la querella que provocó la destitución de José Ángel González. Ante el juez, la víctima pronunció una frase que refleja los meses durante los cuales, supuestamente, fue acosada: «Yo era su presa», según informa EL MUNDO.
En su relato, recordó la agresión sexual que dice haber sufrido, así como los comportamientos de González tanto antes de la presunta violación, ocurrida en abril del año anterior, como después, hasta que se ausentó laboralmente en julio.
Por su parte, el ex DAO de la Policía Nacional se negó a responder al abogado de la víctima, Jorge Piedrafita. Tras declarar brevemente, declaró: «Hoy finalmente he podido ofrecer mi versión ante el juez y defender mi inocencia. Como pueden imaginar, me han destruido la vida personal, familiar y profesional por algo que no hice».
«Esperamos que, gracias a Dios, el audio aporte claridad y que la verdad prevalezca. Solo veo en todo esto malicia, envidia y odio, derivados del fracaso de las pretensiones personales y profesionales que ella tenía», añadió.
El audio mencionado es una grabación aportada al juzgado, que recoge el encuentro efectuado el 23 de abril de 2025 en la vivienda oficial del DAO en Madrid. Fragmentos de esta grabación se reprodujeron durante la comparecencia del ex DAO, según explicó el abogado de la denunciante, Jorge Piedrafita.
El letrado indicó que el juez mostró desacuerdo con el imputado: «Escucho el sonido de una cremallera», comentó después de que González asegurara no oírlo. «¿Y esos ruidos que se perciben?», preguntó el juez —según la misma fuente— cuando el interrogado negó haberla tocado.
La diligencia se centró en los hechos ocurridos en el domicilio del ex DAO, aunque la querella también incluye supuestas maniobras posteriores destinadas a silenciarla, lo que configuraría un delito de coacciones. Además, se le atribuyen malversación y daños psíquicos.
La denunciante afirma que González la obligó a dejar su puesto —tras la presunta violación y su ascenso a inspectora, la Policía le había asignado una plaza en el mismo edificio donde está el despacho del DAO— y que en el piso de Madrid le exigió masturbarle e introdujo los dedos en su vagina.
La agresión se habría producido mientras la mujer cumplía «servicio activo ordinario en la comisaría de Coslada». Se encontraba en período de prácticas tras superar con altas calificaciones los exámenes que la acreditaron como inspectora. En el día señalado, desde el mediodía, habría recibido «múltiples llamadas telefónicas» de González, «exigiendo su presencia inmediata y urgente».
«Fue rechazada»
«Ante la negativa inicial y repetida de la víctima, que alegó motivos laborales evidentes, el querellado, haciendo uso evidente de su autoridad institucional, ordenó que abandonara su puesto usando un vehículo policial camuflado de la comisaría de Coslada, con el fin de reunirse urgentemente con él», señala la querella.
La víctima se trasladó a un restaurante donde el DAO almorzaba con su número dos, el comisario Óscar San Juan. Tras compartir un rato con ambos, González y la mujer fueron a un piso. Él le propuso subir a la vivienda, pero ella expresó «su incomodidad y deseo de marcharse».
Dentro de la casa, González sirvió dos cervezas e inició «de inmediato un acercamiento físico de carácter sexual hacia la víctima». La denunciante asegura que este acercamiento fue «rechazado verbal, expresa, rotunda y reiteradamente». Después de la agresión, la llamó 17 veces ese mismo día y, ante la falta de respuesta, presuntamente le envió «mensajes intimidatorios» con contenido manipulador, minimizador de los hechos y culpabilizador. Además, según el escrito respaldado por el juez, hubo acercamientos «de naturaleza sexual», llamadas telefónicas intimidatorias tipo blitzkrieg y mensajes de WhatsApp, entre ellos insultos como «Borrica» y «estás gilipollas».
Representada por Jorge Piedrafita, la víctima optó por no denunciar ante la policía y acudió directamente al juzgado. Dos días después de que la querella contra José Ángel González se hiciera pública, el Ministerio del Interior contactó con ella para ofrecer protección policial.
Por su parte, el ex DAO, defendido por los abogados Juan Ignacio Fuster-Fabra y José Carlos Velasco, niega haber cometido la agresión. Señala que el audio aportado muestra también «cómo en dos ocasiones ofreció que ella abandonara el domicilio, lo cual ella ignoró». Según el ex mando policial, se le oye decirle: «Puedes irte. Nunca te he utilizado, vete cuando quieras».
Asimismo, sostiene que su cliente y la denunciante se conocen desde hace más de 20 años, y que en esa conversación grabada se observa un intercambio verbal en un ambiente de confianza, incompatible con el relato de la víctima. El abogado destaca que la grabación muestra que la inspectora adopta «una posición claramente dominante y de mando» en la conversación.

