FIFA impulsa la influencia de Marruecos incrementando su desafío a España en la carrera por el Mundial 2030

Patrice Motsepe, presidente de la CAF, y Gianni Infantino, presidente de FIFA, vestidos con la camiseta de Marruecos La resolución de asignar el título de la Copa África a Marruecos desde las oficinas consolida la influencia internacional de este país vecino.

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Pasados dos meses desde que Pape Gueye anotó el tanto que proclamó campeón a Senegal en Rabat, el fútbol africano atraviesa una crisis institucional sin precedentes en décadas.

El fallo del Jurado de Apelación de la CAF, que revocó ese título para concederlo por 3-0 administrativo a Marruecos, ha profundizado un conflicto que comenzó el 18 de enero y que ahora mezcla aspectos reglamentarios, geopolítica, la proximidad de un Mundial y acusaciones mutuas de corrupción.

La final en Rabat fue una herida abierta incluso antes del silbato final. La delegación senegalesa llegó denunciando problemas de seguridad en el trayecto en tren desde Tánger, quejas sobre su alojamiento inicial y que solo obtuvieron 2.850 entradas para sus seguidores.

En el terreno de juego, el duelo fue parejo hasta que en el tiempo añadido el árbitro anuló un gol de Senegal y señaló penalti a favor del equipo local tras revisar la jugada con el VAR.

Los jugadores de Senegal, encabezados por el cuerpo técnico, abandonaron el campo durante aproximadamente quince minutos, mientras Mané intentaba persuadir a sus compañeros para que regresaran. Brahim erró la pena máxima con un lanzamiento estilo panenka y Pape Gueye marcó el gol que entregó el trofeo a Dakar en la prórroga.

También se registraron durante el partido otras irregularidades que Senegal destaca en su defensa: los recogepelotas marroquíes intentaron arrebatarle la toalla al portero Édouard Mendy para distraerlo, se produjo un incidente con un láser dirigido a los jugadores senegaleses y hubo enfrentamientos en la zona mixta entre periodistas de ambos países.

En la primera instancia disciplinaria, la CAF confirmó el resultado deportivo, aplicando multas superiores a un millón de dólares al equipo, sancionó con cinco partidos al técnico Pape Thiaw y con dos a los jugadores Illiman Ndiaye e Ismaïla Sarr.

Sadio Mané, levantando el trofeo de la Copa África conquistada por Senegal

Sadio Mané, levantando el trofeo de la Copa África conquistada por Senegal Reuters

No obstante, el organismo aceptó la apelación de la Federación Real Marroquí de Fútbol (FRMF), y su Jurado de Apelación dictaminó este martes una resolución que ha provocado conmoción en el mundo futbolístico: basándose en los artículos 82 y 84 del reglamento —que sancionan con derrota por incomparecencia y expulsión definitiva a cualquier equipo que abandone el campo sin permiso arbitral— anuló el resultado deportivo, declaró a Senegal perdedor por 3-0 y asignó el título a Marruecos.

Además, incrementó las multas económicas contra Senegal hasta 615.000 dólares y señaló como fallo en la primera instancia no haber escuchado correctamente a la federación marroquí, parte apelante.

La reacción en Senegal ha alcanzado los niveles más altos del Estado. En enero, el primer ministro Ousmane Sonko calificó los eventos de la final como «totalmente condenables» y exigió a la CAF una investigación completa, advirtiendo que la seguridad de los jugadores estuvo comprometida durante el encuentro.

Poco tiempo después, el Ejecutivo solicitó explicaciones diplomáticas a Marruecos tras la detención y condena con penas entre tres meses y un año de prisión para 18 aficionados senegaleses que intentaron ingresar al campo durante la polémica del penalti.

Sonko reclamó en el Parlamento senegalés que «para dos países que se llaman amigos, no debería haberse llegado a esta situación» y anunció que gestionaría un indulto por parte del rey Mohamed VI.

Finalmente, tras la última resolución de la CAF, el Gobierno ha dado un paso más y ha pedido una investigación por presunta corrupción interna en el organismo continental, elevando el conflicto a un nivel judicial e institucional.

Jugadores de Marruecos abatidos tras perder la final de la Copa África

Jugadores de Marruecos abatidos tras perder la final de la Copa África Reuters

La Federación Senegalesa de Fútbol (FSF), por su parte, ha anunciado que presentará recurso ante el Tribunal de Arbitraje Deportivo de Lausana, la última instancia disponible para revertir esta decisión, y condena la resolución como «sin precedentes e inaceptable» que «mancha la imagen del fútbol africano».

Las declaraciones más polémicas, sin embargo, provienen de fuentes internas que dialogaron en off con L’Équipe, advirtiendo que la reunión del Comité Ejecutivo de la CAF del 29 de marzo «va a ser una auténtica Tercera Guerra Mundial«, y también de figuras históricas del continente como el técnico Claude Le Roy, quien acusó directamente al presidente de la FIFA de intervencionismo:

«Infantino se comporta como el Trump del fútbol africano, consciente de que tiene todos los poderes y decide las fases finales. ¿Podemos imaginarlo arbitrando una final de la Eurocopa? No, pero en África impone su criterio. Creo que hay muchos negocios turbios y acuerdos ocultos detrás de todo esto».

Conexión entre FIFA y Marruecos

Estas acusaciones no surgen de la nada. La relación entre la FIFA, Gianni Infantino y la estructura del fútbol marroquí se ha estrechado notablemente en los últimos años. De hecho, el verano pasado la organización inauguró una nueva sede en Rabat.

Durante la Copa África, Infantino se reunió con el presidente de la CAF, Patrice Motsepe, y con el de la Federación Marroquí, Fouzi Lekjaa, elogió la organización del torneo como «excelente» y calificó a Marruecos como un «anfitrión ejemplar», lo que contrasta con su fuerte rechazo al abandono de Senegal calificándolo de «inaceptable».

Para sus críticos, el doble estándar de Infantino refleja una conexión que va mucho más allá del ámbito deportivo.

Que Marruecos haya sido declarado campeón mediante una resolución reglamentaria que nunca se aplicaría en la final de otra confederación es, para muchos, el indicador de un fútbol africano en el que el poder geopolítico pesa tanto como lo que sucede en el campo.

Una amenaza para el Mundial

Y ese peso, en el caso de Marruecos, continúa en auge. El país es coorganizador junto con España y Portugal del Mundial de 2030, el primer torneo de la historia que se disputará en dos continentes simultáneamente. España aportará once sedes, Marruecos seis y Portugal tres, aunque la verdadera disputa es por el estadio en que se celebrará la final del centenario.

Tres recintos compiten: el Santiago Bernabéu, el Camp Nou y el Gran Estadio Hassan II de Casablanca, cuya construcción avanza rápidamente con una capacidad estimada en 115.000 espectadores, lo que lo convertiría en el estadio de fútbol más grande del mundo.

El propio presidente de la FRMF, Fouzi Lekjaa, fue tajante al respecto: «La FIFA decide dónde se juega la final del Mundial de 2030, no las declaraciones públicas», respondiendo así a las afirmaciones de la RFEF que aseguraban que la final se disputaría en España.

Gianni Infantino, presidente de la FIFA, reunido con Fouzi Lekjaa, presidente de la Federación de Marruecos

Gianni Infantino, presidente de la FIFA, reunido con Fouzi Lekjaa, presidente de la Federación de Marruecos

Mientras tanto, Marruecos ejecuta una estrategia integral de imagen que combina grandes infraestructuras, presión internacional y una creciente capacidad de influir en los organismos rectorales del fútbol mundial.

El escándalo de la Copa África es, en este contexto, mucho más que un conflicto deportivo entre dos selecciones africanas.

Representa la manifestación más directa de cómo Marruecos ha consolidado sistemáticamente una posición de poder en África y en los pasillos de la FIFA, y cómo este ascenso comienza a impactar los intereses de España de cara al mayor torneo del mundo dentro de cuatro años.

La disputa por el título en los despachos de Lausana será la primera prueba para medir los límites de ese poder. Por el momento, en Dakar solo prevalece la indignación y la sensación de que ganar un partido de fútbol ya no garantiza nada.

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