Con el precio de la electricidad marcando nuevos récords en España, elegir mal tu placa de cocina puede ser un error de cientos de euros al año. Mientras una cocina de inducción utiliza campos electromagnéticos para calentar solo el recipiente, la cocina de infrarrojos apuesta por el calor radiante a través de resistencias halógenas. Si estás pensando en renovar tu cocina para adaptarte al nuevo escenario energético, hay detalles técnicos que tu vendedor habitual probablemente no te ha contado.
La batalla por la eficiencia: ¿Cuál castiga menos tu bolsillo?
En mi experiencia analizando electrodomésticos, he notado que muchos consumidores confunden ambas tecnologías porque, visualmente, ambas utilizan un elegante cristal de vidrio cerámico. Sin embargo, bajo el capó, la diferencia es abismal. Según datos actualizados a marzo de 2026, la inducción sigue siendo la reina indiscutible cuando hablamos de eficiencia energética A+++.
- Inducción: Aprovecha el 85-90% de la energía. Al generar calor directamente en la base del metal, casi no hay pérdida térmica hacia el aire de tu cocina.
- Infrarrojos: Su eficiencia ronda el 65-70%. Al basarse en calor radiante, la placa debe calentarse primero a sí misma para luego transmitir el calor al recipiente por contacto.
Para quienes han dado el paso al autoconsumo fotovoltaico en sus hogares, esta diferencia es crítica. Una placa de infrarrojos puede consumir hasta un 25% más de energía, lo que podría obligarte a ampliar tu número de paneles solares solo para cocinar un guiso tradicional.
Dime qué ollas tienes y te diré qué cocina necesitas
Muchos de mis lectores en España se resisten a la inducción por un motivo emocional: sus ollas de barro de Pereruela o las paelleras de acero tradicionales. Aquí es donde la cocina de infrarrojos gana terreno, ya que es compatible con prácticamente cualquier material: vidrio, cerámica, cobre o aluminio.

Pero hay un matiz importante. Si quieres pasarte a la eficiencia de la inducción sin tirar tu menaje, te sugiero el test del imán:
- Coge un imán de tu nevera.
- Acércalo a la base de tu olla o sartén favorita.
- Si se pega con fuerza, ¡felicidades! Es apta para inducción. Si no, necesitarás un adaptador de acero ferromagnético o, directamente, una placa de infrarrojos.
Seguridad y salud: Mitos sobre la radiación
A menudo me preguntan si la radiación de una placa de infrarrojos es peligrosa. La respuesta corta es no: es similar al calor de una brasa. Sin embargo, en términos de seguridad doméstica, hay una diferencia vital. Las placas de infrarrojos mantienen el vidrio cerámico extremadamente caliente durante mucho tiempo después de apagarlas, aumentando el riesgo de quemaduras accidentales.
Por otro lado, expertos en salud advierten que, aunque la inducción es segura para el 99% de la población, las personas con marcapasos deben consultar con su médico, ya que los campos electromagnéticos potentes podrían interferir con dispositivos cardíacos muy antiguos o mal calibrados.
Consejo profesional para el ahorro máximo
Si optas por infrarrojos, aprovecha el calor residual. Apaga la placa 5 minutos antes de terminar la cocción; el cristal mantendrá la temperatura suficiente para rematar el plato sin gastar un solo vatio extra. En cambio, con la inducción, el corte de energía es instantáneo, lo que te da un control de precisión profesional, similar al del gas.
Y tú, ¿estás dispuesto a renovar todas tus ollas por la eficiencia de la inducción, o prefieres la versatilidad «todoterreno» de los infrarrojos a cambio de una factura de luz un poco más alta?

