El Partido Popular ha mantenido el mando en Castilla y León desde 1987, a pesar de haber sufrido una caída del 40% en sus votos desde los años noventa.
El PP triunfa de forma constante en los municipios con menos de 1.000 habitantes, donde el respaldo electoral es sumamente estable y la participación rural supera a la urbana.
La estructura electoral, que otorga mayor influencia a las provincias con menor población, permite al PP conservar su dominio gracias a estos territorios menos poblados.
Vox ha experimentado un notable crecimiento en la región y, según las últimas encuestas y tendencias, podría igualar o superar al PSOE en cantidad de votos.
Desde 1987, el Partido Popular ha encadenado gobiernos sin perder la presidencia ni una sola vez en Castilla y León.
Durante este período, Aznar, Lucas, Herrera y Mañueco han ido asumiendo la responsabilidad al frente de la Junta, siempre bajo las mismas siglas. Cinco presidentes en cuatro décadas. Cuatro pertenecientes al mismo partido.

Esta continuidad contrasta con la debilitación de su base electoral. Desde principios de los noventa, el PP ha perdido cerca de un 40% de sus votos totales en la comunidad, aunque ha conservado el poder debido a la distribución de los escaños y la ubicación de sus apoyos actuales.
«Aunque pueda parecer que el voto se mantiene igual, el PP pierde representación. El respaldo a los grandes partidos ha disminuido en un 30%. Esa hegemonía es aparente, no real», destaca el politólogo Pedro Villanueva.

En 1991, el partido logró 602.773 votos en Castilla y León. En 2022, esta cifra bajó a 382.157. Una reducción del 36,6% en treinta años.
No se trata de un desplome aislado: ha venido perdiendo votos en casi cada cita electoral desde su pico en los noventa, cuando alcanzó el 52% y obtuvo la mayoría absoluta.
Actualmente, está en el 31%. La clave no está en el total de votos, sino en su concentración.
En los pueblos más pequeños de la región, donde el censo cabe en un bar y el colegio electoral está en el salón del ayuntamiento, el Partido Popular siempre gana, elección tras elección, y cada voto tiene casi el doble de peso que en Valladolid.
El voto por hábito en las áreas más despobladas
En relación con los municipios de menos de 1.000 habitantes (2.001 de un total de 2.248 en la comunidad), el PP ha venido ganando aproximadamente el 70% de manera continua desde 1987.
Son localidades pequeñas, con población envejecida y un voto extraordinariamente constante. «Cuando el voto se moviliza en zonas rurales, los resultados tienden a permanecer estables. En contraste, cuando la movilización ocurre en áreas urbanas, los resultados cambian», resume Villanueva.
En estos entornos, los candidatos continúan solicitando apoyo casa por casa. Muchas personas llegan al colegio electoral con el sobre cerrado desde sus casas para que nadie pueda deducir qué papeleta depositan.
«En los pueblos, el voto se gestiona directamente y es más visible. Esto explica en parte por qué suele ser más conservador y estable», señala.
El politólogo interpreta este fenómeno como un voto basado en la memoria, no en la gestión. «Se vota recordando lo anterior: el Partido Socialista me otorgó este derecho, o el Partido Popular aquel otro», explica. En las zonas rurales, pesa más la memoria que la política presente.
La fotografía política de 2022 refleja ese patrón. En los municipios con menos de 100 habitantes, el PP alcanza casi el 43% y triplica al PSOE.
A medida que el municipio crece, la ventaja se reduce: a partir de los 10.000 habitantes, los socialistas superan a los populares. Ganaron en cuatro capitales de provincia (Valladolid, Burgos, Palencia y Zamora) y en Ponferrada, la segunda ciudad de León.

Este dato lo resume todo. Sin los territorios con menos de 1.000 habitantes, los apoyos a Mañueco caen frente al PSOE por 9.848 votos. Con esos territorios, gana por 16.970 y mantiene el gobierno.
Esta brecha lleva tres décadas sin cerrarse. En cada elección, el PP obtiene proporcionalmente más votos en circunscripciones pequeñas que en las grandes, además de que en ellas participa más gente: la participación rural supera en más de seis puntos a la urbana de forma constante. Más votos y mayor asistencia: doble ventaja.
A esta distribución geográfica se suma un sistema de reparto que decide quién recibe el último escaño en cada provincia.
En 2022, el Partido Popular logró el último procurador en seis de las nueve provincias: Ávila, León, Palencia, Salamanca, Segovia y Valladolid.
El margen en ocasiones es muy estrecho. En Ávila, los socialistas requerían 6.800 votos adicionales para arrebatar ese último escaño. En Segovia, 2.400. En Soria, Vox estuvo a sólo 1.260 votos de quitarlo al partido de Mañueco.

Villanueva aclara que no existe ningún mecanismo oculto. «No es que el sistema beneficie directamente al PP en las zonas pequeñas. Los votos, como en cualquier circunscripción, se suman para cada partido. No hay nada extraño ni raro», enfatiza.
Lo que sucede es que en provincias pequeñas y sobrerrepresentadas, con pocos escaños en disputa, los últimos cocientes suelen favorecer al partido más fuerte en el ámbito rural.
Las cifras plantean una cuestión incómoda. En Soria, cada escaño representa 17.675 habitantes. En Valladolid, 34.531. Esto significa que un voto soriano tiene casi el doble de valor que uno vallisoletano.
El experto llega más lejos: «¿Es realmente prioritario repoblar Soria, o interesa conservar cinco escaños con apenas 15.000 electores por escaño? La España despoblada les interesa para mantener el poder».
Cuatro décadas de ventaja electoral que se enfrentan al avance de Vox
La ventaja que el sistema otorgaba al PP también ha ido disminuyendo. Durante años, su porcentaje de escaños superó en 8, 10 o incluso 12 puntos al porcentaje de votos. En 2015, alcanzó un récord: con el 37,8% de los votos consiguió el 50% de los escaños.
En Salamanca en 2022, con el 38,8% logró la mitad de la representación; en Zamora, con el 33,6%, el 42,9%. Han perdido un 49,2% de sus votos desde 2003. A pesar de ello, continúan gobernando.
En este contexto irrumpe Vox. Pasó de 9.294 votos en 2015 a 214.223 en 2022: multiplicó por 23 en siete años. Creció en 2.109 de los 2.248 municipios de la comunidad y ya supera el 20% en 813 de ellos.

Villanueva señala que el espacio lo dejaron los partidos emergentes. «Ciudadanos y Podemos son responsables de que Vox haya ocupado el espectro de la derecha. El lugar que debería haber ocupado otro partido quedó vacío y fue llenado por los de Abascal», afirma.
Con el 49,1% de los votos, PP y Vox sumaron 44 de los 81 escaños en las Cortes: mayoría con menos del 50% de apoyo. A mayor crecimiento, más dificultad para que el bloque conservador traduzca votos en representación.
En comunidades como Extremadura y Aragón, Vox logró duplicar sus resultados de una elección a otra. El analista opina que un fenómeno similar podría suceder aquí.
«Varios politólogos ya señalaban la posibilidad de que Vox pudiera igualar o incluso superar al PSOE, convirtiéndose en la segunda fuerza autonómica por primera vez», comenta.
Sería el mejor resultado histórico de Vox en unas elecciones autonómicas en cualquier comunidad de España. Las encuestas lo ubican entre el 19,5% y el 20,8%. En 2022 se le subestimó en 3,7 puntos. «El sistema D’Hondt, aplicado a estas cifras, puede cambiar radicalmente las predicciones», concluye Villanueva.





