La experiencia vivida hace veinte años con Zapatero alerta a Sumar, consciente del riesgo de que la estrategia de Sánchez termine limitando su espacio político.

Impactante, claro y movilizador. La reactivación del No a la guerra de 2003 por parte de Pedro Sánchez refleja la gran fe que tiene el PSOE en este lema como instrumento para activar al votante progresista y, al mismo tiempo, provocar un desgaste en el PP al avivar algunos de sus más notorios temores. Esta táctica fue sumamente efectiva para Zapatero, quien logró unir a la izquierda en torno a su candidatura en las elecciones generales de 2004 y mantener ese apoyo hasta las de 2008. Fue una de las principales consecuencias de aquella ola de protestas. Sin embargo, hubo una víctima indirecta, a pesar de que participaba activamente en las manifestaciones: la izquierda alternativa, en aquel momento representada por IU. El PSOE capitalizó aquel movimiento pacifista en las urnas, especialmente tras los atentados del 11-M, ocurridos tres días antes, mientras que IU empezó una caída continuada en los resultados hasta alcanzar un mínimo de dos diputados.
Por ello, cuando Sánchez invoca el imaginario colectivo del No a la guerra, en realidad activa el motor movilizador de la izquierda en torno al PSOE. Y esto, tal como muestra la historia de hace veinte años y los años bajo Zapatero, pone en alerta a Sumar y a la nueva alianza de izquierdas, conscientes del riesgo de que la maniobra de Sánchez reproduzca la situación de que se les reduzca su espacio político. Todo ello, conducirá ahora a Moncloa a tratar de recuperar el objetivo de alcanzar el 35% del voto, como camino para restaurar la hegemonía previa a 2014.
Empecemos con los números. En los comicios de 2004, el PSOE aumentó 39 diputados, llegando a un total de 164. En cambio, IU, que había sido una fuerza clave en las movilizaciones del No a la guerra y un impulsor de las mismas, perdió tres escaños, quedando con cinco, a pesar de haber incorporado como aliado a los catalanes de ICV. Alcanzó prácticamente el 5% del voto.
En las elecciones de marzo de 2008, tras la primera legislatura de Zapatero, el PSOE creció en cinco diputados y alcanzó los 169, con cerca del 43,9% del respaldo electoral. Por su parte, IU entró en una crisis profunda tras quedarse con apenas dos diputados y obtener el 3,77% de los votos. Fueron elegidos su líder, Gaspar Llamazares, y Joan Herrera (ICV). Así comenzó un período complejo para la formación y para la izquierda alternativa, que años después asistió a cómo el movimiento del 15-M dio paso al surgimiento de Podemos y a la reestructuración de este espacio político.
El riesgo de que el PSOE quiera acaparar este nuevo No a la guerra en detrimento de lo que hoy representa Sumar está presente, especialmente porque las encuestas muestran que la frontera entre los votantes de ambos grupos es permeable, es decir, muy abierta en ambas direcciones. Las divisiones entre PSOE y Sumar son difusas, existe una fuerte afinidad ideológica y, en consecuencia, hay trasvase de votos.
La encuesta de Sigma Dos para EL MUNDO publicada el viernes refleja este riesgo con datos concretos. Los seguidores de Sumar muestran mayor entusiasmo que los del PSOE respecto a las posturas defendidas por Sánchez. Por ejemplo, el 94,5% de los electores de Sumar aprueba que se niegue a EEUU el uso de las bases, frente al 78,5% de los socialistas.
Este patrón se vuelve a repetir cuando se pregunta por las consecuencias. En Sumar, muchos más que en el PSOE opinan que la imagen de España «mejorará» o que no habrá efectos «negativos». Resulta claro que Sánchez recibe un mayor respaldo porcentual entre quienes optaron por la papeleta de Yolanda Díaz que entre sus propios votantes. Por lo tanto, el No a la guerra resonará sobre todo en estos electores.
IU, que vivió la experiencia de 2004 y 2008, no muestra preocupación por una reducción de su espacio. «Ese No a la guerra no pertenece a nadie más que a la amplia mayoría social del país, de la cual IU siempre ha tomado buen ejemplo y en la que tiene firmemente arraigadas sus raíces», aseguran fuentes de la formación.
Se remite a los «40 años» que están por cumplirse desde su creación como fundamento de esas «raíces». Estas fuentes recalcan que IU ha defendido esta consigna del No a la guerra «sin ambigüedades ni concesiones en cada conflicto internacional» y lo hace desde hace meses en relación con el «genocidio» de Israel. De modo que señalan que «gran parte de la sociedad lleva tiempo movilizada» en favor de la paz.
«Quienes desde la derecha política, económica o mediática insistan en buscar enfrentamientos en el No a la guerra, intereses ocultos o un falso intento de polarizar a la sociedad, saben bien en qué lado están y no han cambiado desde las masivas protestas de comienzos de este siglo, pese a la hipocresía argumental que utilicen», sostienen estas fuentes de IU.
Por su parte, la interpretación en Sumar es distinta y no muestra preocupación. «Esto no es 2004 ni 2008», concluyen. Y añaden: «No es solo la posición del PSOE; es la del Gobierno de coalición y nosotros hemos impulsado que esa sea la postura adoptada». Por tanto, recalcan que la autoría es compartida con Sánchez, que son corresponsables y, lo más importante, que los electores los reconocen en esta decisión.
Fuentes de Sumar alertan que la dimensión de la crisis en Irán supera la posición diplomática, ya que se requerirán acciones como activar «un nuevo escudo social» para afrontar la crisis energética y la escalada de precios que ya se vislumbra. Es en medidas como ERTE, la paralización de desahucios o el tope a los precios energéticos, donde Sumar está seguro de que los ciudadanos identificarán claramente su aportación.
«Nadie en este país desconoce que esas medidas llevan nuestra firma», aseguran estas fuentes, que descartan un escenario en el que el PSOE les quite espacio. Además, el panorama político de entonces y el actual son muy diferentes. Ahora existe un espacio más amplio y consolidado, casi triplicando votantes, con tres millones.
Antonio Maíllo: «La alianza solo ha servido para matar»
El coordinador federal de IU, Antonio Maíllo, reivindicó ayer en el acto central de la campaña en Castilla y León la coherencia de su formación que «hoy, como hace 40 años», continúa defendiendo el ‘OTAN no, bases fuera’ y el ‘No a la guerra’. Maíllo subrayó que sin IU y Sumar en el Gobierno, el mensaje antibelicista no habría tenido voz y pronosticó «el fin, más temprano que tarde», de la Alianza, organización que, según señaló, «solo sirve para matar».

