Khadija Amin: activista afgana aborda la complejidad del debate sobre feministas musulmanas

Figura de Radio Televisión Afganistán (RTA), huyó de su nación tras el retorno de los talibanes al poder en 2021. Desde su organización, Esperanza de Libertad, trabaja por los derechos de las mujeres afganas.

Khadija Amin, en su domicilio en Madrid.

Ha vivido varios días muy intensos. Alterna llamadas con el equipo de su asociación, Esperanza de Libertad, que apoya a las mujeres afganas, con entrevistas en medios por el lanzamiento de su libro testimonial, Sin velo (Editorial Debate). Al mismo tiempo, Khadija Amin (Kabul, 1993) encuentra momentos para respaldar la manifestación del 8-M en Madrid, ciudad donde reside como refugiada, y hablar sobre el feminismo que defiende.

¿Qué significa ser mujer hoy en Afganistán? Es como cometer un delito, un crimen. Nacer mujer en un lugar que no permite hacer nada es semejante a ser esclava.¿Piensa que hay conciencia entre las mujeres afganas de su situación? Muchas mujeres aceptan todo como normal. Mi hermana, por ejemplo, me criticó por divorciarme; me decía que las mujeres deben aguantar y no pueden expresar quejas. Existen muchas que creen que esto es lo habitual, que se debe obedecer al marido y soportar si hay violencia. Pero hace 50 años Afganistán no era así. Tengo fotografías de mi madre con minifalda y sin velo. En Afganistán hay un alto índice de analfabetismo y muchas mujeres sin educación; por eso aceptan la realidad, porque desconocen otra manera de vivir.¿Es posible practicar feminismo dentro del islam? ¿Son compatibles esas creencias con la lucha por la igualdad? Quise abordar esto en mi libro, Sin velo, aunque finalmente preferí no hacerlo. Algunas ideas del feminismo no coinciden con el islam; existe igualdad, pero no en la forma que buscan las feministas. Por ello, hablar de feministas musulmanas resulta complicado y, en ocasiones, contradictorio. Por ejemplo, en el islam se exige cubrirse, algo que el feminismo no acepta. En mi opinión, salir sin velo es algo natural, pero la religión indica que se debe tapar para no «provocar» a los hombres. Es difícil afrontar este tema siendo mujer musulmana y feminista, porque ciertas acciones implican no cumplir las normas del islam.¿Le genera conflictos internos esta situación? En ocasiones, sí. Por ejemplo, no usar el velo: suelo no llevarlo, pero durante el Ramadán me siento incómoda al hacerlo. Sin él, tampoco sé. Es un dilema: ¿usar el velo o no?¿El uso del velo es una elección libre y personal? Para mí, ahora sí. Antes no, pues temía salir en fotos sin él, sufrir rechazos o insultos. Pero dejé de usarlo incluso estando en Afganistán. Siempre enfrentaba problemas con mis compañeros y familia. Allí luchaba, pero ahora, aquí, sin presiones, es una elección personal.¿Y qué opina del burka? Es una imposición masculina. Debería estar prohibido porque no es decisión de las mujeres ni libertad religiosa genuina. Se sabe que la familia obliga a quien lo usa. Ninguna mujer quiere llevar burka o niqab. En países musulmanes se debería prohibir, pero ¿cómo es que en Europa no está prohibido?¿Cómo se siente cuando políticos españoles mencionan a las mujeres afganas en debates? Sólo hablan de nosotras cuando quieren, sin interés real por nuestra situación o derechos. ¿Dónde queda ese apoyo cuando se rechazan solicitudes de asilo en las embajadas españolas en Pakistán e Irak?

Khadija estaba realizando un reportaje sobre bancos cuando su jefe le ordenó no regresar a la redacción. Nunca volvió. «Pero yo insistía y llegué a la redacción, y no había nadie. Al tercer día, fui y me amenazaron», recuerda. Sin embargo, en lugar de callar, acudió a medios internacionales denunciando la opresión talibán sobre las mujeres. «Me llamaron múltiples veces para que guardara silencio. Hasta que un periodista de El País me propuso trasladarme a España. No me despedí de mis hijos. Sólo tomé la bandera de mi país», dice señalando un mueble junto a la ventana.

Su salón está decorado con diversas banderas afganas, colocadas con cuidado sobre la puerta y junto a los retratos de sus tres hijos. Hace dos años que no los ve. Planifica con precisión la vía legal para poder reunirse con ellos. «En Afganistán eres madre, pero no tienes derechos sobre tus hijos», lamenta.

Le otorgaron la condición de refugiada en España. ¿Cómo ha influido esto en su forma de ser? Mi situación cambió al llegar. Actualmente espero obtener la nacionalidad, pero en un comienzo hice un curso de cocina pensando que no podría ejercer el periodismo aquí. Sin embargo, me ofrecieron escribir para 20 minutos y ahora trabajo en la productora audiovisual de Telefónica. He tenido suerte, aunque sé que otras mujeres enfrentan circunstancias muy diferentes.En este contexto, ¿las mujeres inmigrantes sufren más que los hombres? ¿Por qué? Sí, pues las mujeres suelen salir menos, no aprenden el idioma como los hombres. Adaptarse es complicado para ellas porque no salen, ni socializan con otros, sienten miedo debido a su origen. Al no dominar la lengua, no encuentran empleo, lo que les causa sufrimiento. Las que usan velo viven un sufrimiento añadido. Una amiga me contó que le pedían no usarlo en el trabajo, y ella sufría por no llevarlo. Estas situaciones incrementan el sufrimiento femenino.Para ayudar a mujeres afganas creó el proyecto Esperanza de Libertad. ¿En qué consiste? A finales de 2024 establecimos una asociación destinada a ayudar a mujeres y niñas: trabajamos el empoderamiento, enviamos dinero y, en caso necesario, compramos billetes para que algunas puedan llegar a España. Hemos logrado trasladar a 34 mujeres desde Afganistán. Ahora impulsamos un proyecto para una escuela online, esperando conseguir financiamiento, pues lo esencial es que las mujeres afganas accedan a la educación, aunque sea a distancia.Han convocado una concentración frente al Parlamento Europeo en Bruselas el 26 de marzo. ¿Ha hecho suficiente la comunidad internacional por las mujeres afganas? No, nos abandonó. Por eso denunciaremos la situación ante el Parlamento Europeo. No se puede permitir que en Afganistán millones de mujeres estén enterradas en vida. Viven, pero carecen de acción.Por otro lado, Europa está restringiendo su política migratoria y algunos europeos sienten amenazada su cultura y valores ante la inmigración. ¿Qué opinión tiene al respecto? Estos países europeos se sostienen gracias a los inmigrantes. Trabajamos; no venimos a robar. Participé en un debate en la Universidad de Córdoba o Granada con un representante de Vox, que repetía que los musulmanes inmigrantes somos terroristas. No somos terroristas ni criminales; vinimos para sobrevivir. Nadie quiere abandonar su país, yo menos que nadie. Nunca quise dejar Afganistán.

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