Sebastián Ramírez, abogado: el dolor de espalda como motivo para la incapacidad permanente

Las patologías de la columna vertebral se encuentran entre las causas más frecuentes de baja laboral y, cuando el dolor impide continuar con la actividad laboral, pueden dar lugar al reconocimiento de una pensión

Qué es la incapacidad permanente: cómo solicitar la pensión, qué enfermedades otorgan el beneficio y cuál es la cuantía que se recibe.

Millones de personas trabajan a diario a pesar de experimentar intensos dolores de espalda, aunque la legislación laboral proteja su derecho a priorizar la salud sobre el trabajo. Más allá de las bajas o incapacidades temporales a las que podrían acceder si las tramitaran, en situaciones graves ciertas patologías pueden conducir al reconocimiento de una incapacidad permanente. “Numerosos trabajadores acuden cada día al empleo con dolores que son verdaderamente insoportables”, señala el abogado Sebastián Ramírez en un video compartido en su cuenta de TikTok (@leyesconsebas).

Los trastornos musculoesqueléticos, entre ellos los dolores en la espalda, se ubican desde hace años entre las principales causas de baja laboral en España. De acuerdo con datos de la Seguridad Social, las enfermedades relacionadas con la columna vertebral provocan un alto número de incapacidades temporales y, en los casos más severos, pueden derivar en incapacidades permanentes cuando las limitaciones funcionales impiden desarrollar una labor de forma habitual.

La lumbalgia, ese dolor intenso en la región lumbar, es uno de los ejemplos más claros de esta problemática. Según Ramírez, el malestar puede tornarse tan fuerte que “es prácticamente imposible incluso levantarse de la cama”, dificultando las actividades más básicas.

“Si lo necesitas, solicita tu pensión”

Desde el punto de vista médico, la lumbalgia puede originarse por diversas causas: sobreesfuerzos físicos y posturas inadecuadas mantenidas durante años hasta la degeneración de los discos intervertebrales, hernias discales o lesiones derivadas de esfuerzos físicos ocupacionales. Trabajos vinculados a la construcción, el transporte, la hostelería o la atención sociosanitaria presentan tasas particularmente elevadas de este tipo de dolencias debido a la manipulación de cargas, los movimientos repetitivos o las extensas jornadas en posición de pie.

Cuando el dolor persiste y no se puede reincorporar al trabajo, la recomendación del abogado es contundente: “Si realmente lo necesitas y ves que no puedes acudir a trabajar, hay que solicitar la pensión por incapacidad permanente, siempre con honestidad y transparencia”. Este consejo se dirige a quienes enfrentan limitaciones físicas severas para motivarlos a dar el paso de pedir la pensión, un derecho legítimo si la salud así lo requiere.

Una mujer con lumbalgia en

En el sistema español, la incapacidad permanente está regulada por la Ley General de la Seguridad Social y puede reconocerse en diversos grados (parcial, total, absoluta o gran invalidez), según el nivel de restricción que padezca el trabajador. El reconocimiento corresponde al Instituto Nacional de la Seguridad Social, que evalúa cada expediente basándose en informes médicos, el historial clínico y la capacidad real para desempeñar el oficio habitual o uno diferente.

Acreditación médica de la incapacidad

En numerosos casos, el procedimiento inicia tras una baja médica prolongada por incapacidad temporal. Si los médicos consideran que las lesiones o afecciones son permanentes o probablemente definitivas, el expediente puede pasar a una evaluación para determinar si corresponde otorgar una pensión. El proceso incluye una revisión por parte del tribunal médico, que examina tanto el diagnóstico como las limitaciones funcionales del paciente.

Especialistas en derecho laboral recuerdan que el punto clave en estos trámites es la confirmación médica del daño y de las restricciones que genera sobre la actividad laboral. Informes de especialistas, pruebas diagnósticas y el historial clínico suelen ser fundamentales para que la administración o tribunales valoren la solicitud. Ramírez destaca que no todos los dolores son permanentes ni justifican pensión, pero en casos severos, la incapacidad debe ser reconocida.

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