Vox critica en Europa el «nacionalismo contradictorio» en los nombres de lugares: «No usamos ‘Brussels’, pero sí ‘Girona'»

De izq. a dcha.: Manuel Acosta, diputado en el Parlament de Cataluña; Juan Carlos Girauta, eurodiputado de Vox; Joaquín Robles, portavoz nacional de Educación de Vox; y Jorge Campos, diputado de Vox por Baleares en el Congreso.

Vox expuso en el Parlamento Europeo cómo el nacionalismo y la izquierda manipulan políticamente las lenguas para fracturar la sociedad.

El diputado Jorge Campos denunció el «nacionalismo esquizofrénico» presente en Baleares y criticó el uso de la toponimia en lenguas cooficiales como un método de división social.

En el evento se resaltó la disminución del uso del español en el sistema educativo catalán, calificándola como una «segregación» y mostrando evidencias de discriminación lingüística según informes de la Unión Europea.

Vox advirtió que este fenómeno lingüístico se está extendiendo a otras regiones, donde se impulsan variantes como el castúo o la lengua aragonesa para reclamar mayores recursos económicos.

Vox manifestó este miércoles en el Parlamento Europeo que el nacionalismo junto con la izquierda emplean «de forma política» las lenguas con el fin de «dividir».

Según la opinión del partido liderado por Santiago Abascal, esta táctica alcanza su punto álgido en Baleares, donde se «padece un nacionalismo esquizofrénico» que, textualmente, es un nacionalismo catalán traído de fuera«curioso», como se señala.

Así lo explicó el diputado mallorquín en el Congreso, Jorge Campos, durante un acto en la Eurocámara titulado La lengua que une a Europa con el mundo. El español, patrimonio de Europa y del mundo, organizado por Vox.

Además de Campos, participaron el eurodiputado Juan Carlos Girauta, el diputado del Parlament de Cataluña Manuel Acosta y el portavoz nacional de Educación de Vox, Joaquín Robles.

Para Campos, la verdadera problemática no residen en las lenguas mismas sino en los derechos ciudadanos, que están siendo «amenazados» por esa «utilización política».

El diputado aseguró que el ejemplo más claro del uso de la lengua como «arma» de división se observa en la toponimia, que se emplea para imponer nombres en las lenguas cooficiales bajo el «falso pretexto» de que la toponimia en español está «impuesta».

«En español no decimos que vamos de viaje a New York ni que estamos en Brussels, pero sí decimos Girona o A Coruña. Hasta este extremo hemos llegado».

Esta lucha, además de en la sede europea, la está librando principalmente Campos en el Congreso.

El motivo es que en la próxima reforma constitucional para que Formentera pueda elegir a un senador propio, se contempla la inclusión del topónimo catalán de Ibiza, Eivissa.

Según Campos, esto supone «un golpe más a la unidad nacional» para favorecer la creación de «nacioncillas«.

Español en Cataluña

Durante el foro, el eurodiputado Juan Carlos Girauta recordó que el español es hablado por más de 500 millones de personas y es oficial en 20 países.

Resulta «absurdo», apuntó, que en España, lugar de origen de esta lengua, haya niños a quienes se les impida aprenderla.

En esta línea, el diputado catalán Manuel Acosta denunció que en Cataluña existe un sistema educativo donde el español queda prácticamente confinado a la asignatura de Lengua y Literatura.

En educación infantil no se imparten clases en español y, en secundaria y bachillerato, el idioma tiene una presencia reducida a dos o tres horas semanales. Esto refleja una clara «segregación» del español en las escuelas catalanas.

El propio Parlamento Europeo también calificó esta situación como «discriminación».

En el informe de 2024, tras la visita de varios eurodiputados a las aulas catalanas, se constató que este sistema deja al español reducido de facto a una presencia mínima.

Además, se señaló que la Generalitat ha rechazado implementar las sentencias que establecen un mínimo del 25% de clases en español.

El portavoz nacional de Educación de Vox, Joaquín Robles, advirtió que esta problemática se está extendiendo a otras comunidades autónomas.

En varios territorios se están promoviendo iniciativas que reivindican variantes lingüísticas como el castúo o la lengua aragonesa, lo que calificó de un virus pegadizo.

La motivación detrás de estas acciones es que, al reclamar un idioma propio, se obtiene una financiación adicional.

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