María Guardiola ofrece un discurso moderado destacando la importancia de una inmigración constructiva en Extremadura, con múltiples referencias a Vox

La aspirante a la presidencia de la Junta busca que el partido de Abascal se abstenga en la sesión de investidura para evitar que se repitan las elecciones

María Guardiola, en la sesión de investidura.

Un discurso conciso de 50 minutos con un solo propósito claro: alcanzar un acuerdo con Vox. Desde el principio, la candidata del Partido Popular a la presidencia de la Junta de Extremadura, María Guardiola, realizó constantes señales a Vox, especialmente en temas de inmigración y agricultura, intentando en todo momento sanar las profundas diferencias entre ambas formaciones («me voy a centrar en lo que nos une y no en lo que nos separa»).

Aunque reconoció con claridad que todavía no cuenta con el respaldo de Vox, Guardiola dirigió mensajes directos al partido para buscar su abstención el viernes (se descarta que apoyen explícitamente en la votación del miércoles): «Sin rencores, sin traiciones y sin temor».

Su crítica afilada se centró únicamente en un adversario: el PSOE de Extremadura y sus «luchas internas» tras el «revés electoral» y las políticas de Pedro Sánchez. Así configuró un discurso sólido, orientado hacia el futuro y no al pasado, en el complejo camino que le espera para evitar repetir elecciones.

Santiago Abascal había anunciado que seguiría atentamente el discurso de Guardiola para mantener abiertas las negociaciones y explorar una posible solución que desbloquee la situación en Extremadura. En los primeros cinco minutos, Guardiola se dirigió primero al PSOE (antes que a Vox), solicitándoles «respeto» a los resultados electorales, a pesar de no necesitar su abstención, tras el histórico desplome socialista y el triunfo del PP con un 43% de los votos.

Además, criticó que los socialistas se hayan dedicado más a las disputas internas por el liderazgo en el partido que a trabajar por Extremadura, según su evaluación.

Luego, Guardiola orientó su discurso hacia mensajes directos a Vox, potencial socio de gobierno, asegurando que no existen incompatibilidades ni «muros» entre ellos, y destacando que las iniciativas conjuntas impulsadas por PP y Vox durante su gobierno conjunto «han dado resultados».

En esta línea, manifestó su cansancio ante los «obstáculos», las «excusas» y el tiempo perdido, afirmando que se presenta a la investidura con la intención de garantizar estabilidad y pactos «frente a la desesperanza, el revanchismo y las soluciones pasajeras».

No obstante, quedó desconocida la reacción del partido de Abascal a las referencias de Guardiola, ya que Vox rechazó —como es habitual— ofrecer una valoración oficial en rueda de prensa al término del discurso, algo que sí hicieron el PSOE y Unidas Por Extremadura, quienes coincidieron en criticar el acercamiento de Guardiola a Vox con el argumento de que «son lo mismo».

En un ambiente general de incertidumbre y desconcierto en los pasillos —donde nadie tiene claro qué ocurrirá el viernes—, durante la primera sesión del pleno de investidura (este miércoles es el turno de la oposición y la primera votación en la que Guardiola necesita mayoría absoluta), el primer acercamiento destacado hacia Vox se produjo en materia migratoria.

Para Guardiola, esta representa una «oportunidad» para enfrentar el desafío migratorio y reclamó al Gobierno que «cumpla con sus responsabilidades» sin trasladarlas a las comunidades autónomas. En este sentido, aseguró que «Extremadura necesita una inmigración que aporte, que trabaje, que sea parte de un proyecto común», y para ello exige que el Gobierno central «ejecute las competencias que le corresponde con un modelo que combine firmeza y oportunidad, sin delegar en las autonomías las consecuencias de su modelo fallido».

CUPOS SEPARATISTAS

Paralelamente, Guardiola sostuvo que «la inmigración es una oportunidad cuando se gestiona con seriedad, pero un grave problema sin liderazgo ni un modelo adecuado». Por ello, señaló al Gobierno con contundencia: «no puede imponer cupos separatistas en materia migratoria», agregando que «no puede asignar por decreto sin consultar a las comunidades, sin recursos ni planificación».

Añadió que «Extremadura está dispuesta a acoger a más familias, más trabajadores y más proyectos de vida», pero si prevalecen «los privilegios de los separatistas o la descarga de las responsabilidades estatales sobre las regiones, se generará un caos migratorio de gran magnitud».

Explicó también que «las personas que buscan una vida mejor o huyen de la barbarie y la pobreza no deben ser tratadas como mercancía política» y que «no hay nada más inhumano que la irregularidad perpetua, el desorden que favorece a las mafias, y un sistema saturado donde nadie recibe la atención que merece».

No obstante, según su opinión, el Gobierno de Pedro Sánchez ha «convertido la irregularidad en el camino más fácil, ha ignorado la seguridad en las fronteras» y ha «debilitado la cohesión social», de forma que ahora intenta que las autonomías asuman «el coste de su irresponsabilidad».

«Eso no es solidaridad», añadió, para luego señalar que es «una improvisación» que está pagando «todo el mundo», incluyendo «a muchos menores» que dependen de las comunidades autónomas, pero a quienes no pueden brindar «condiciones dignas si se saturan los recursos».

Sin embargo, María Guardiola rechazó enfocar la responsabilidad en las personas que llegan al país: «El inmigrante no es ni una víctima pasiva ni un culpable por defecto: es una persona con derechos y deberes, capaz de prosperar y contribuir al bien común respetando los principios que sostienen nuestra convivencia. Eso es humanidad. Eso es responsabilidad».

PACTO VERDE

Otro eje central de su intervención fue el campo, particularmente las críticas al Pacto Verde y al acuerdo de la UE con Mercosur. Guardiola señaló que existen «numerosos» problemas relacionados con estas cuestiones e hizo referencia a la «obligación» impuesta a agricultores y ganaderos extremeños de producir bajo «exigencias derivadas del Pacto Verde, que imposibilitan la rentabilidad de sus explotaciones». Como ejemplos, mencionó la prohibición del gobierno central de ciertos productos fitosanitarios «que sí están autorizados en Italia, Francia o Portugal», criticando que, mientras tanto, se permite la entrada en la Unión Europea de productos como los de Mercosur o el arroz de Camboya y Myanmar, que no cumplen con esas mismas exigencias que imponen a los productores locales.

«Sin reciprocidad, competir será imposible», aseveró. Por ello, reclamó «competir en igualdad de condiciones gracias a una reciprocidad que alivie las demandas del Pacto Verde» para los agricultores y ganaderos extremeños, además de una PAC con un presupuesto propio y suficiente para garantizar la rentabilidad de las explotaciones agrarias.

El resto de su discurso tuvo tintes de debate sobre el Estado de la Región, realizando un balance de los logros alcanzados desde que asumió el poder en 2023 —en ese entonces con el apoyo de Vox— y esbozando las bases de un posible programa de gobierno para los próximos cuatro años, incluyendo proyectos como la construcción de carreteras, nuevas bajadas de impuestos, la creación de una Ley de Apoyo a las Familias para fomentar la natalidad que reconozca su «valor social», y el respaldo a las pymes, entre otras medidas.

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