Euro Digital: ¿La clave de la UE para la soberanía en los pagos?

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Seis de cada diez transacciones europeas pasan por infraestructuras estadounidenses, como Visa, Mastercard y PayPal. Bruselas busca modificar esta situación con el euro digital, su proyecto más destacado.

La dependencia de la UE en sistemas de pago extranjeros se ha vuelto insostenible ante un contexto de guerras comerciales, sanciones y fragmentación geopolítica.

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Europa avanza con un enfoque doble: una iniciativa pública, el euro digital, una moneda digital del banco central emitida por el Banco Central Europeo (BCE), y una iniciativa privada, redes de pagos de cuenta a cuenta como Wero, apoyada por bancos europeos importantes.

El BCE se dispone a lanzar dinero digital que constituirá un reclamo directo frente al banco central, en lugar de un banco comercial. No tendrá la volatilidad de Bitcoin, no será procesado vía EE. UU. como una tarjeta de débito, y tendrá carácter de curso legal, a diferencia de las stablecoins.

El Eurosistema invitará a proveedores de servicios de pago europeos a manifestar interés en 2026 para formar parte de una prueba piloto del euro digital programada para la segunda mitad de 2027. Esta iniciativa sigue a la decisión del Consejo de Gobierno del BCE de avanzar con el proyecto, pendiente la aprobación de la legislación pertinente de la UE. La prueba de 12 meses evaluará la preparación técnica y operativa mediante transacciones controladas que replicarán el diseño, aunque sin estatus de curso legal.

El bloqueo legislativo

La Comisión Europea presentó la regulación del euro digital en junio de 2023. Casi tres años después, el Parlamento Europeo no ha adoptado una posición negociadora. El Comité de Asuntos Económicos y Monetarios (ECON) ha bloqueado repetidamente enmiendas clave, entre ellas las que exigen funcionalidad total en línea junto con un modo sin conexión.

El PPE, grupo político del ponente Fernando Navarrete Rojas, ha promovido un diseño más limitado centrado en el «offline-first», bajo presión de lobbies bancarios preocupados por la desintermediación.

Se está considerando un sobrepaso en el pleno para mayo de 2026. Si el comité ECON permanece estancado, los diputados podrían votar directamente sobre un mandato, omitiendo el proceso del comité.

La importancia es considerable. Sin un mandato del Parlamento, no se pueden iniciar las negociaciones a tres bandas. Sin estas conversaciones, no habrá ley y el Consejo de Gobierno del BCE no podrá emitir euros digitales.

Un diagnóstico erróneo genera soluciones ineficaces

Judith Arnal, investigadora principal en CEPS y el Real Instituto Elcano, expresa su preocupación respecto a cómo Bruselas aborda el problema.

“Me inquieta un poco la narrativa actual en el Parlamento Europeo,” comenta. “Están confundiendo aspectos, básicamente poniendo en la misma categoría a Visa, Mastercard, Apple Pay y Google Pay.”

Explica que el ecosistema de pagos minoristas tiene diferentes niveles. Visa y Mastercard dominan la capa de esquemas, es decir, las reglas y redes. Pero en procesamiento y adquisición, “dependemos exclusivamente de empresas europeas. Por lo tanto, no hay dependencia allí.” Apple Pay y Google Pay son contenedores digitales: útiles, sí, pero no representan una amenaza a la soberanía. “Lo que genera Apple Pay puede traer problemas de competencia, que son de naturaleza diferente, y no debemos confundirlos porque un mal diagnóstico conduce a un mal remedio.”

Su inquietud más amplia es “convertirse en una retórica antiamericana, mezclando la administración Trump con empresas privadas.” Una cosa es la disputa geopolítica; otra muy diferente es “simplemente cortar a 27 estados miembros de los esquemas de Visa y Mastercard,” afirma.

El sector privado ya se moviliza

Wero, la billetera paneuropea respaldada por la European Payments Initiative (EPI), está activa en Francia, Alemania y Bélgica, con acuerdos de interoperabilidad en expansión por Europa. Ludovic Francesconi, director de Estrategia de EPI, ha detallado tanto la ambición como los límites del proyecto.

“Europa es una economía abierta, y hoy los esquemas internacionales representan seis de cada diez transacciones, especialmente en pagos internacionales,” comenta. “El objetivo es equilibrar y ofrecer una alternativa. Una solución europea fuerte aumenta la competencia, fortalece la resistencia y brinda a bancos y comercios más opciones.”

Sobre el euro digital en particular, Francesconi adopta una postura cautelosamente optimista: “Creemos que la cooperación es clave, aunque el objetivo final del euro digital, más allá de su función monetaria, aún está por definirse. Podremos debatir la mejor manera de incorporar el euro digital en nuestra billetera.”

Su visión apunta a una colaboración público-privada: “Europa será más fuerte si las iniciativas públicas y privadas se diseñan para complementarse en lugar de funcionar de forma paralela o solapada.”

Los requisitos para el éxito son exigentes

Arnal identifica cuatro retos para cualquier alternativa europea de pago: los comerciantes deben encontrarla más rentable que las tarjetas; los consumidores, una experiencia fluida similar a un pago con un clic; el fraude — que aumenta con pagos instantáneos porque “una vez instantáneo, está hecho, punto final” — debe controlarse eficazmente; y deben establecerse mecanismos sólidos para la resolución de conflictos.

“Estas iniciativas pueden avanzar mucho,” señala. “Pero todavía deben cumplir ciertas condiciones adicionales, y no es barato satisfacer estos requisitos.”

No obstante, existe un beneficio colateral. El impulso político detrás del euro digital ha acelerado las iniciativas privadas. “No estoy tan segura de que, si el euro digital no estuviera sobre la mesa, el sector bancario se estaría moviendo tan rápido en estos acuerdos de interoperabilidad,” comenta Arnal. “El empuje político para el euro digital también ha hecho que el sector bancario avance más estrictamente en aspectos que antes eran técnicamente más complejos.”

La búsqueda de soberanía en pagos de Europa es real, necesaria y tardía. Pero el euro digital no es una solución mágica. No funcionará a nivel internacional, podría afectar la estabilidad de los depósitos bancarios si se diseña mal, y sigue enfrentando desafíos legislativos.

Podría estar emergiendo un enfoque más eficaz: un ecosistema estratificado donde Wero gestione transacciones nacionales y europeas, Visa y Mastercard cubran pagos internacionales, y el euro digital sirva como respaldo público avalado por el balance del BCE.

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