La periodista acudió a primera hora a la Casa de Galicia de Madrid para despedir al histórico comunicador

Sonsoles Ónega atraviesa uno de los episodios más complicados de su existencia. Este martes 3 de marzo se anunció la muerte de su padre, Fernando Ónega, a los 78 años, quien dejó tras de sí una extensa carrera en el periodismo político español.
Temprano en la mañana del miércoles, poco antes de las diez, la presentadora reapareció en la Casa de Galicia de Madrid, donde se instaló la capilla ardiente del comunicador. Vestida de riguroso luto y con evidente emoción, Sonsoles expresó un breve “gracias”, con la voz entrecortada, ante el afecto mostrado por los medios reunidos a las puertas del edificio. Sin detenerse y con la mirada baja, ingresó al interior para ofrecer el último adiós a su padre.

Minutos antes, también llegaron algunos familiares cercanos. Su viuda, Ángela Rodrigo, y su hijo Fernando arribaron con semblante serio, ocultando sus rostros tras gafas oscuras. Ángela portaba una fotografía del periodista que será colocada junto al féretro durante la jornada de homenaje.

La capilla ardiente estará abierta hasta las 21:00 horas y se prevé que durante el día asistan representantes del ámbito político, cultural y comunicativo para rendir tributo a quien fue una de las voces más destacadas del análisis político en España. Autor de obras como Puedo prometer y prometo y Juan Carlos I: El hombre que pudo reinar, Fernando Ónega fue testigo directo de momentos cruciales en la historia reciente del país.
Más que padre e hija: un referente constante
Aunque en alguna ocasión Sonsoles ha definido a los Ónega como una familia “muy atlántica”, poco dada a manifestar sus sentimientos, lo cierto es que entre Fernando y Sonsoles siempre existió un vínculo especial. No había necesidad de manifestar el afecto exageradamente: se percibía en la admiración pública, en sus palabras comedidas y en los gestos de complicidad.
Para ella, su padre no era solo “papá”. También representaba un faro profesional. Creció rodeada de conversaciones sobre política, actualidad y periodismo en el hogar. Ese entorno despertó su vocación desde la infancia. Mientras otros niños hablaban de dibujos animados, en su casa se debatían titulares y discursos. Eso, sin duda, deja una marca imborrable.

Uno de los episodios que mejor refleja esa relación fue cuando Sonsoles recibió el Premio Planeta por su novela Las hijas de la criada. En su discurso, recordó un consejo de su padre sobre cómo agradecer al recibir un premio: versión corta, “gracias”; versión extendida, “muchas gracias”. Optó por la segunda opción. Fue su forma de tenerlo presente en uno de los días más significativos de su vida.
Orgullo mutuo y admiración sin reservas
La admiración existía en ambos sentidos. Sonsoles siempre ha destacado la ética laboral de su padre, su disciplina y su compromiso con la profesión. Valores que ha procurado mantener durante su carrera en televisión y en la literatura.
Fernando, por su parte, no escatimaba elogios hacia su hija. Con el paso del tiempo, incluso bromeaba diciendo que había empezado a ser conocido como “el padre de Sonsoles”. Una expresión que transmitía más de lo que aparentaba: lejos de incomodarle, le llenaba de satisfacción.

La popularidad de la presentadora hizo que la relación con él fuese especialmente visible, más que la de su hermana Cristina. Sin embargo, en la intimidad, la familia siempre ha permanecido unida. Y en una jornada como esta, esa cohesión cobra todo su significado.

