El exportero de Osasuna, Atlético de Madrid y Manchester United también exploró el mundo de las criptomonedas: adquirió bitcoin y experimentó con algo de trading en la bolsa estadounidense, hasta que empezó a recibir llamadas sospechosas que le incitaban a invertir más dinero.
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Ricardo López se ganó reconocimiento en clubes como Atlético de Madrid, Valladolid, Manchester United y, principalmente, Osasuna, aunque con los años descubrió el lado menos favorable del éxito.
En medio de anécdotas del vestuario y emprendimientos, el madrileño ofreció en el podcast Los Fulanos una visión clara de un sector vulnerable a engaños: «el futbolista tiende a confiar, deposita mucha fe en los representantes, en los amigos… y al final, muchas veces, resulta estafado», reconoció.
Alejado de la portería, el exguardameta se reinventó en un ámbito poco común para exfutbolistas: el sector de la estética y la cosmética. Durante la entrevista, recordó cómo inauguró en Pamplona un centro de belleza, Pamplona CL, que operaba con éxito y que incluso le llevó a desarrollar su propia línea de productos dermocosméticos junto a su entonces esposa, Marta.
«Observaba que mi mujer utilizaba muchos productos: cremas corporales, serum de vitamina C, serum de ácido hialurónico, hidratantes, contorno de ojos… una lista extensa», relató, antes de explicar que, trabajando con un proveedor en Madrid, el margen de beneficio era demasiado reducido.
De ahí surgió la iniciativa de acudir directamente a un laboratorio. López comenzó a llamar, solicitar muestras y convertir su casa en un laboratorio doméstico: «ellos me enviaban pruebas y yo se las entregaba a Marta para que las probara, quien tenía 20 años en el sector y era una experta en pedicura y manicura», relató.
Ricardo López, durante un partido con el Osasuna.
Finalmente, encontraron un laboratorio que acertaba plenamente: ofrecía cosméticos de calidad y la opción de crear marca, diseño de envases y frascos propios. «Fue entonces cuando comencé a diseñarlo con el diseñador local: el nombre, las cajas, todo el paquete», comentó, orgulloso de un proyecto que su exesposa continuó tras su separación.
El paso hacia una marca propia transformó las finanzas del centro. López cuantificó esa evolución: «quizás pasas de un margen del 15-20% a alcanzar un 60. Negocio sólido y rentable», aseguraba, convencido de que el éxito residía en controlar todo el proceso y contar con una clientela estable en Pamplona.
El siguiente movimiento lógico sería vender en línea, un proyecto que él ya no manejaría tras alejarse de las operaciones diarias, pero que dejaba abierto para posibles inversores: «El próximo paso es comercializarlo en internet, pero yo ya me he desvinculado; ese ámbito queda para Marta», indicó.
La inversión inmobiliaria
Más allá del sector estético, el exarquero optó por un clásico refugio económico: el sector inmobiliario. Mencionó poseer una vivienda en Madrid, en la zona de Pirámides, un inmueble en Las Rozas que recientemente quedó desocupado y un apartamento en el centro de Manchester, adquirido durante su etapa en la Premier League.
«Tengo el apartamento en Manchester alquilado, la casa en Las Rozas también estuvo arrendada hasta hace poco… y como hemos disuelto el matrimonio, ahora toca repartir bienes», resumía, con un toque de humor y sinceridad acerca de la división patrimonial.
No todas las decisiones financieras resultaron igual de afortunadas. López recordó su ingreso en la bolsa, asesorado por Jesús Mariñas, en plena etapa de cambios tecnológicos.
«Invertí en Nokia y ahí perdí un poco», confesó. Al notar el cambio de tendencia, insistió: «le dije: ‘Mariñas, saca todo’. Menos mal que me hizo caso, porque justo fue cuando Apple creció y Nokia cayó… perdí algo, pero no demasiado», explicó, consciente de haber evitado un daño mayor.
En cuanto a criptomonedas, el portero también experimentó, aunque con precaución. Abrió cuenta en Coinbase, compró bitcoin y exploró algo de trading en la bolsa estadounidense, hasta que comenzaron a llegarle llamadas dudosas sugiriendo aumentar sus inversiones.
«Retiré todo rápidamente, porque luego me contactaron personas que parecían muy sospechosas… hay que tener mucha cautela, no se puede confiar en cualquiera», insistió, relacionando su experiencia con el caso de un joven pamplonés del proyecto GQ, arrestado por supuestas estafas con inversiones en criptoactivos.
Su primer salario
Entre tantos números, López no olvidaba la carga sentimental del dinero. Su primer salario considerable, aproximadamente 50.000 pesetas en el Atlético juvenil, lo celebró con mariscos junto a su amigo Javier Gómez Matallanas, actual portavoz de la Federación Española.
Tras aquel festín, el recuerdo más significativo fue otro gesto: «volver a casa y decirle a mi madre: ‘mamá, toma’, porque pasamos momentos duros viviendo de alquiler; y cuando pude comprarle el piso de Pirámides, imagina la alegría que tuvo ella», narraba.
Ricardo López, en un entrenamiento con el CA Osasuna.
Reconocía haber tenido pocos caprichos de lujo: algún reloj y, principalmente, un autogiro. «Puedo afirmar que soy piloto de autogiro, comandante», bromeaba. Invirtió unos 80.000 euros en un ultraligero y cerca de 300 euros mensuales en hangar y cuota del aeródromo de Lumbier, para poder sobrevolar la sierra, la Foz de Lumbier e incluso alcanzar Francia.
«Me divertí mucho con el autogiro, pero acabé vendiéndolo porque volaba demasiado; cuando vas solo, terminas haciendo maniobras arriesgadas y un día puedo tener un accidente», admitía, consciente del peligro de tentar la suerte.
Ya asentado en un estilo de vida más calmado, entre banquillos y pizarras, a Ricardo se le ocurrió un invento doméstico con potencial comercial: unas pequeñas piezas de resina epoxy con foto del jugador y un imán, diseñadas para pizarras magnéticas. «Cualquier entrenador pensará: ‘qué buen invento’. En lugar de escribir diariamente los 24 nombres, los tienes con su foto pegados en la pizarra», explicaba.
Esto le permitía organizar lesionados, ausentes y disponibles sin complicaciones: «así no fallas, sabes quién ha venido a entrenar; a menudo tienes 25 jugadores y siempre falta alguno en la lista», añadía, divertido.
El proceso, comentó, surgió casi por casualidad en casa, combinando dos botes de resina que se calentaban y solidificaban rápidamente. «Al principio me asusté, pensé que quemaría la casa», reconocía, antes de describir cómo vertía la mezcla en moldes, colocaba la foto y dejaba que se endureciera formando una pieza transparente y rígida, «similar al metacrilato».
«Es algo muy práctico y en lo que sí invertiría; no para hacerte millonario, pero puede ser interesante», expresaba, mientras consideraba patentar el invento y lanzaba una especie de convocatoria informal de financiación ante los micrófonos.

