La comunidad iraní en España reacciona a la noticia del fallecimiento de Jamenei: «Soy una persona de paz, pero la caída del ayatolá me brinda alivio»

Aplauden la caída de la cúpula del régimen, aunque no coinciden del todo en lo que desean para el futuro de su país

Iraníes manifestándose el sábado pasado en la Puerta del Sol de Madrid y portando una fotografía del hijo del sha.

Durante el ataque de Israel a Irán en junio de 2025 —la llamada Guerra de los Doce Días— uno de los bombardeos en Teherán impactó un edificio contiguo a la vivienda de Ameneh Barahminava, ocasionando la llegada de restos humanos a su patio. Ameneh fue la primera persona contactada para conocer la opinión de los iraníes residentes en España sobre lo que ocurre en su país, aunque no respondió al teléfono. Hace veinte años, tras rechazar a un compañero universitario, ella fue víctima de un ataque con ácido que le afectó la vista, por lo que se mudó a Barcelona en busca de un tratamiento médico que mejorara su visión. En 2008 se llevó a cabo el juicio contra su agresor, donde solicitó que se aplicara la ley del ojo por ojo. Es decir, la justicia iraní le concedió el derecho a vendar los ojos del hombre que la agredió con ácido. Este fallo fue difundido mundialmente como ejemplo de la dureza de la República Islámica, a la cual Estados Unidos e Israel tratan de derrocar hoy en día, y Ameneh alcanzó reconocimiento internacional. El 11 de julio de 2011, cuando el acusado esperaba en la sala médica para ser sometido al castigo, ella decidió perdonarlo a cambio de una indemnización de 150.000 euros.

Ameneh no contesta porque actualmente se encuentra en Teherán, insistiendo en recibir esa compensación económica que nunca le ha sido entregada pese a que el agresor ya está en libertad.

«Está en casa con mi madre. Les he dicho: ‘No tengan miedo, esta guerra será breve, quédense, coman lo que tengan’». Así habla desde Barcelona la hermana de Ameneh, Shirin, quien emigró a España hace 22 años para servir de apoyo a su hermana. «Estoy muy nerviosa. Por un lado, me afecta que estén atacando a mi país y a su gente; por otro, recuerdo que el mes pasado murieron 43.000 personas», comenta Shirin, refiriéndose al número de víctimas durante la represión de las protestas antigubernamentales en Irán entre 2025 y 2026. «Siento alivio por la muerte de Jamenei, sus hijos y los mandos iraníes, pero es un sentimiento extraño para mí porque quienes me conocen saben que soy una persona pacífica y nunca deseo la muerte a nadie… Tengo un conflicto interior», añade Shirin, licenciada en Lengua y Literatura española, que se dedica a asesorar a iraníes en trámites para abrir negocios o solicitar residencia.

Divorciada en Irán —«pude hacerlo porque él lo pidió, ya que el derecho al divorcio lo tiene el hombre»—, Shirin experimentó de primera mano la opresión del régimen teocrático: «La policía moral me ha detenido mil veces solo porque vestía colores claros a pesar de ir bien cubierta». Sin embargo, lo que más critica del régimen es la pobreza que, asegura, afecta a la población. «Tenemos minas de oro, petróleo, el mejor azafrán del mundo, perlas… pero la gente mendiga, vende órganos, las mujeres se prostituyen para alimentar a sus hijos. Todo está nacionalizado y bajo control estatal; ellos y sus hijos se apropian del dinero y viven en el extranjero como ricos», señala Shirin, que no considera en Reza Pahlavi, el hijo del sha exiliado en Estados Unidos, la solución. «Primero, no reside en Irán; segundo, sus seguidores son otros dogmáticos. Queremos un Irán liberal, no personas que pretenden replicar lo que hacen los ayatolás pero con otro método».

La iraní Shirin Barahminava, en Barcelona, donde reside.

Parsa Jafari tiene 29 años, es DJ, productor y promotor musical, y arribó a Madrid con sus padres hace veinte años, cuando contaba con 9 años. Al cumplir la mayoría de edad, todos regresaron a Irán porque él debía cumplir el servicio militar obligatorio. Solo él volvió a España. «Allí la música electrónica está prohibida y se castiga con pena de muerte. Durante los tres años que permanecí, organicé con otros artistas fiestas ilegales, arriesgando la vida, pero gracias a nosotros la música electrónica comenzó a entrar al país», relata.

«Mi madre y mi hermana, que viven la situación en primera persona, me dicen que la gente está contenta con esta guerra, la necesitaban. La gente tiene misiles encima y baila en la calle porque saben que esta guerra no es contra ellos sino contra la República Islámica», señala Parsa, defensor de que Reza Pahlavi asuma el liderazgo en Irán. «Que regrese nuestro rey, que vuelva nuestro sha».

Fariba Ehsan preside la Asociación Iraní Pro Derechos Humanos (AIPDHE). Tiene 60 años y emigró a España hace tres décadas tras divorciarse en Irán. «Desde 2009 hemos pedido un cambio de Gobierno, pero un cambio democrático, que surja desde dentro de Irán y en manos de los iraníes», comenta Fariba, opuesta a que el cambio de régimen se logre mediante la violencia. «Las guerras no generan democracia ni libertad, solo dejan devastado el país».

La activista Mediss Tavakkoli, de 38 años, reside en España desde hace cuatro. Forma parte de las numerosas mujeres iraníes que han protestado en Madrid contra la represión del régimen iraní. «Los verdaderos terroristas son la República Islámica; si existe alguna amenaza para Irán, proviene del régimen, no de Estados Unidos ni Israel», afirma. «Me alegra que el presidente Trump y el presidente Netanyahu cumplan nuestro deseo».

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