Análisis de la influencia china en Perú y las medidas del gobierno Trump para contrarrestarla

Una curandera vestida con ropas folklóricas sujeta un retrato del presidente de China, Xi Jinping, durante un ritual tradicional en Chorrillos, Lima.

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    • Título del autor, BBC News Mundo
  • 27 febrero 2026
  • Tiempo de lectura: 8 min

Perú ha sido uno de los principales escenarios para el avance chino en América Latina durante las últimas décadas.

En medio de continuas crisis políticas y la sucesión de ocho presidentes en apenas diez años, la inversión y la presencia china han crecido de manera constante sin mostrar signos de detención.

La reciente destitución del presidente José Jerí, quien gobernó poco más de cuatro meses y fue cesado tras descubrirse sus reuniones secretas con empresarios chinos en el llamado «Chifagate», evidenció nuevamente la influencia china en Perú.

La apertura en 2024 del megapuerto de Chancay, una infraestructura masiva financiada por capital chino ubicada a unos 80 kilómetros al norte de Lima, con capacidad para convertirse en un centro clave para el comercio entre Asia y Sudamérica, reforzó esta alianza estratégica y encendió las alarmas en la Casa Blanca durante la presidencia de Donald Trump.

Actualmente, el gobierno estadounidense está empeñado en revertir esta tendencia.

Grúas transportan un contenedor en el gran puerto de Chancay. Debajo, en el suelo, un grupo de personas con cascos y chalecos reflectantes.

Fuente de la imagen, Pablo Aguilar / EPA

Cuál es el alcance de la presencia china en Perú

Ningún otro país en América Latina ha reflejado con tanta claridad el crecimiento de la influencia de China como Perú en los últimos años.

Las relaciones entre ambas naciones datan del siglo XIX, cuando Perú recibió a cientos de miles de inmigrantes chinos que llegaron para suplir la falta de mano de obra agrícola tras la abolición de la esclavitud. Muchos se asentaron permanentemente, lo que ha convertido a Perú en uno de los países con mayor comunidad china en el mundo.

La presencia de peruanos de ascendencia china es común, y la gastronomía fusionada conocida como chifa, que combina sabores chinos y peruanos, es una de las más consumidas en el país.

Aunque para muchos peruanos China siempre fue parte de su realidad, la transformación del país asiático en una potencia mundial ha impulsado un crecimiento exponencial de su influencia en territorio peruano.

Desde 2010, China superó a Estados Unidos como el principal socio comercial de Perú y la diferencia no ha dejado de ampliarse. A inicios del siglo XXI, Estados Unidos representaba el 24% del comercio con Perú, mientras que China apenas alcanzaba un 5%, pero para 2023, China aglutinó el 31% del intercambio comercial, frente al 17% estadounidense.

Según cifras oficiales del gobierno peruano, China actualmente absorbe el 36% de las exportaciones del país, principalmente minerales como el cobre y el litio, que son fundamentales para la fabricación de vehículos eléctricos y otros dispositivos tecnológicos avanzados. Estos minerales, que Perú exporta en gran volumen a China, son recursos estratégicos que estaban en la mira de Trump.

Carlos Aquino, del Centro de Estudios Asiáticos de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, declaró a BBC Mundo que China se ha convertido en el principal inversionista en Perú, con cerca del 25% de la inversión extranjera total acumulada.

Un grupo de personas come bajo una TV en un restaurante de Lima.

Fuente de la imagen, Héctor Vinces / AFP

Después de años de expansión, el capital chino domina activos esenciales como el puerto de Chancay y Las Bambas, una de las minas más grandes del país y uno de los principales productores mundiales de cobre, en manos de la multinacional china MMG.

Desde hace tres años, las compañías chinas controlan el suministro eléctrico del área metropolitana de Lima.

En 2019, China Yangtze Power International adquirió Luz del Sur, la eléctrica peruana que abastece a millones en Lima, a la empresa californiana Sempra.

En 2023, la italiana Enel vendió su filial en Perú a State Grid Corporation of China, la mayor compañía eléctrica global, perteneciente al Estado chino.

No obstante, la apertura del megapuerto de Chancay parece ser el revés estratégico más destacado para la administración de Donald Trump en los últimos años.

Bajo control de la estatal china Cosco Shipping Ports, Chancay se está consolidando como uno de los nodos logísticos más relevantes para la redistribución de mercancías hacia China en la región. En 2025, movió más de 126.000 TEU en operaciones de trasbordo, principalmente provenientes de China con destino a Chile y Colombia.

Este proyecto es una de las iniciativas más destacadas en América Latina del plan multimillonario chino conocido como Iniciativa de la Franja y de la Seda, que agrupa a numerosos países de la región.

Aquino señala que «el puerto no solo es trascendental para Perú, sino para toda Sudamérica, ya que está diseñado para canalizar mercancías provenientes de Brasil, Argentina, Paraguay, Uruguay y Bolivia hacia Asia».

Un gran vehículo con el remolque cargado rueda por la mina Las Bambas.

Fuente de la imagen, Dado Galdieri / Getty

Qué busca Estados Unidos

Tras intentar limitar la influencia china en el Canal de Panamá, piedra angular de su segundo mandato, el Departamento de Estado estadounidense ha puesto recientemente su atención en Chancay.

El 11 de febrero, luego de que el Primer Juzgado Constitucional de Lima fallara a favor de Cosco Shipping Ports, limitando la supervisión que Ositran —el ente peruano encargado de controlar inversiones en transporte— podía ejercer sobre el puerto, la Oficina para Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado emitió un inusual comunicado en X.

Washington expresó su «preocupación» ante la posibilidad de que «Perú no pueda supervisar Chancay, uno de sus puertos clave, bajo el control de propietarios chinos depredadores».

Además, el mensaje advertía: «Esto debe servir como una alerta para la región y el mundo: el dinero barato chino pone en riesgo la soberanía», una declaración que el vocero del Ministerio de Exteriores chino rechazó «firmemente», calificándola como «una difamación evidente».

Marco Rubio (i) y Donald Trump.

Fuente de la imagen, Aaron Schwartz / Getty

A esta crítica al modelo de Chancay se sumó Bernie Navarro, el nuevo embajador de Estados Unidos en Perú, quien asumió su cargo semanas antes y se ha mostrado activo señalando lo que considera una influencia excesiva de China en el país.

Viejo colaborador de Trump y de su secretario de Estado, Marco Rubio —a quien ayudó a financiar sus campañas senatoriales en Florida—, Navarro calificó como «vergonzoso» el fallo judicial sobre el control de Chancay y advirtió al gobierno peruano sobre la entrega a China de infraestructuras estratégicas.

Incluso publicó una imagen junto con el entonces presidente Jerí en una mesa, compartiendo una hamburguesa, en alusión a las polémicas negociaciones del mandatario con China y el escándalo «Chifagate».

Además de las quejas, Washington ha reforzado su alianza con Perú en temas de seguridad y defensa, áreas en las que mantiene ventaja.

«China es el principal socio comercial de Perú, pero Estados Unidos continúa siendo su aliado militar más importante, y numerosos oficiales peruanos se han formado en Estados Unidos durante años», recordó Aquino.

En enero pasado, Trump otorgó a Perú la condición de Aliado Principal No Miembro de la OTAN, el nivel máximo de colaboración en defensa que Estados Unidos concede fuera de la Alianza Atlántica.

También aprobó la venta de equipo militar por un valor de US$1.500 millones y empresas estadounidenses participarán en la modernización de la base naval de El Callao, una de las principales instalaciones militares de la Marina peruana.

En círculos militares y diplomáticos de Perú se comenta que Estados Unidos espera que la Fuerza Aérea peruana elija el F-16, fabricado por Lockheed-Martin, en la renovación de su obsoleta flota de aviones de combate frente a sus competidores suecos (Gripen) y franceses (Rafale) por un contrato de US$3.500 millones.

Un caza F-16, en vuelo.

Fuente de la imagen, An Rong Xu / Getty

Una sustitución lógica

Perú ha optado por fortalecer la cooperación en materia de seguridad con Estados Unidos, en línea con una política exterior que ha mantenido coherencia pese a los frecuentes cambios gubernamentales.

«Por suerte, en la Cancillería la meritocracia ha prevalecido y la política exterior se ha sostenido con coherencia», señala Aquino.

No obstante, el especialista opina que «la política actual de Trump resulta contradictoria e insostenible a largo plazo, porque solo se basa en la presión diplomática y no en incentivo de inversiones».

Recuerda que las ventas de activos peruanos en manos estadounidenses a capital chino fueron decisiones voluntarias entre las partes. «Cuando Sempra vendió Luz del Sur, justificó que lo hacía para focalizar sus inversiones en Estados Unidos. Y cuando se buscó inversionistas estadounidenses para desarrollar Chancay, no hubo interesados», explica, sugiriendo que el avance chino ha sido más bien una sustitución natural que una expulsión agresiva.

«Estados Unidos comprende que es inviable desplazar a China como socio comercial de Perú, dado que se trata de materias primas, cuyo mercado natural es una China que se ha convertido en la fábrica global. Estados Unidos no puede comprarlas porque desde hace décadas dejó de producirlas», afirma.

Los datos parecen confirmarlo: los empleos en el sector industrial de EE.UU. son 200.000 menos que en 2023, el mínimo desde la pandemia, y la actividad fabril ha caído por 26 meses consecutivos, según el Institute for Supply Management, organización profesional estadounidense.

Por lo tanto, queda claro que Estados Unidos busca retomar un papel relevante, aunque no hay indicios de que China esté dispuesta a renunciar al suyo.

Como concluye Aquino: «Habrá que seguir comiendo hamburguesas, pero también continuar disfrutando del chifa».

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