Nuevas investigaciones indican que el Clean Industrial Deal de la UE se ha convertido en una política dominada por las grandes industrias, desviándose de la verdadera descarbonización hacia la desregulación y reglas climáticas menos estrictas.
El proyecto emblemático de la Unión Europea para reducir la contaminación en la industria pesada ha cumplido su primer año, pero un estudio reciente de una organización vigilante sostiene que las mayores emisiones han condicionado la ambición del bloque, con más de 750 encuentros registrados entre lobistas y funcionarios de la UE en sólo 12 meses.
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La pesquisa realizada por Corporate Europe Observatory (CEO), abarcando el período desde el 26 de febrero de 2025 hasta el 3 de febrero de 2026, demuestra que el Clean Industrial Deal de la UE ha estado controlado por el cabildeo de la industria pesada, transformándose en una máquina de subsidios para los mayores emisores del continente.
La investigación no podría llegar en mejor momento, pues la intervención corporativa en la política de la UE ya ha obtenido resultados concretos. Los requisitos de emisiones de CO2 para automóviles y furgonetas se han relajado y la prohibición de motores de combustión fue postergada.
Las obligaciones ambientales se han suavizado, y el impuesto fronterizo al carbono de la UE se ha simplificado y debilitado, con posibles modificaciones a futuro. Lo mismo aplica al principal instrumento climática del bloque, el mercado europeo de carbono, que será revisado en verano y se encuentra bajo presión industrial.
“Un año después, queda más claro que nunca que, en esencia, es más bien un Dirty Industrial Deal,” señala el informe de CEO. “Este promueve el debilitamiento de regulaciones (o ‘simplificaciones’) que protegen a la ciudadanía y al medio ambiente, mientras crea una variedad de mecanismos complejos para canalizar dinero a las empresas más contaminantes de la UE.”
Séjourné y Hoekstra lideran en cantidad de reuniones
El estudio revela que hubo más de tres reuniones de cabildeo diarias en 16 departamentos de la Comisión Europea, donde el 90% correspondió a intereses corporativos y sólo el 8% a la sociedad civil.
La oficina del Comisario de Mercado Industrial, Stéphane Séjourné, fue la más frecuentada, acumulando 131 encuentros en un año, seguida por la del Comisario de Acción Climática, Wopke Hoekstra, con 60 reuniones.
En contraste, la Comisaria para la Transición Limpia y Competitiva, Teresa Ribera, tuvo apenas 20 encuentros, una notable diferencia con Séjourné, quienes junto con ella deben liderar el esfuerzo del bloque para posicionar la industria europea a la vanguardia global frente a la competencia de China y Estados Unidos.
Aunque la investigación de CEO se basa en registros públicos, el organismo con sede en Bruselas advierte que estos números son solo “la punta del iceberg”, ya que el personal de menor rango, frecuente objetivo del cabildeo, no está obligado a informar sus reuniones.
“Esto resulta especialmente preocupante, dado el intenso lobby empresarial para flexibilizar protecciones laborales y ambientales, marginando a quienes deben defender esos intereses,” apunta CEO, subrayando que los hallazgos reflejan un sesgo general a favor de los negocios “integrado” en esta Comisión.
Las asociaciones comerciales radicadas en Bruselas que representan a los sectores metalúrgico, minero, siderúrgico, nuclear y automotriz dominan las consultas con los funcionarios de la UE, según CEO.
Encabezando la lista se encuentra el lobby siderúrgico, en representación de gigantes industriales europeos como ThyssenKrupp y ArcelorMittal, con la asociación EUROFER liderando con 39 reuniones. Le sigue la multinacional francesa de energía eléctrica y nuclear Électricité de France (EDF).
A pesar de quedar en tercer lugar, las organizaciones del sector automotriz contaron con mayor capacidad de cabildeo, empleando 190 lobistas y declarando un presupuesto anual cercano a los 15 millones de euros.
La política nacional influye en las políticas de la UE
Los resultados indican que la influencia corporativa en Bruselas supera una mera captura empresarial, desgajándose en una estrategia de poder industrial nacional, con Francia destacándose como principal protagonista.
“El Clean Industrial Deal, y particularmente su pieza central, la Industrial Accelerator Act, refleja de manera clara la doctrina económica francesa,” comentó a Euronews el investigador y activista de CEO, Pascoe Sabido: “industria pesada apoyada por el Estado, desregulación en nombre de la ‘competitividad’ y uso de la financiación pública como arma industrial. Séjourné, con amplio respaldo sectorial, ha logrado escalar esto a nivel europeo.”
EDF, el gigante nuclear francés, ha sido uno de los actores más activos moldeando el acuerdo industrial del bloque, con 12 encuentros registrados.
Marcin Korolec, director del Green Economy Institute y exministro polaco de clima, afirmó que la política industrial ocupa un lugar “claramente prioritario” en la UE.
“Los líderes buscan activamente al sector privado, posicionándose como parte de la solución. Hay un fuerte énfasis en instrumentos de ultra corto plazo para acelerar el ritmo,” señaló Korolec, remarcando las “diferencias claras” a nivel nacional.
“Francia promueve la deuda europea como impulsor de inversión, mientras Alemania se centra en la reducción de la burocracia y el Sistema de Comercio de Emisiones (el mercado de carbono de la UE). La ausencia notable de Polonia y de toda la región de Europa Central y del Este puede ser determinante o aportar nuevas perspectivas,” concluyó Korolec.
“Esto es crucial para la narrativa previa al presupuesto plurianual de la UE 2028–2034 y la revisión del marco de contratación pública,” añadió el dirigente polaco.

