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Información del artículo
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- Autor, Sean Coughlan
- Título del autor, Corresponsal de la Casa Real, BBC News
- 21 febrero 2026
- Tiempo de lectura: 6 min
Si Andrés Mountbatten-Windsor, el expríncipe, hubiera sido un político implicado en un escándalo, un entrenador de fútbol en declive o un ejecutivo con problemas, habría sido relevado y olvidado hace tiempo.
Sin embargo, el desafío con un escándalo dentro de la realeza es que carece de un cierre natural. Y esto se debe a que realmente no se puede expulsar a alguien de una familia. Sus miembros seguirán presentes en eventos como nacimientos, defunciones y enlaces matrimoniales.
Detrás del destacable episodio del arresto de Andrés, subyace además una historia personal, la de dos hermanos con temperamentos dispares y funciones diversas en la familia, que hoy se encuentran en lados opuestos de una investigación policial.
«Cuentan con nuestro total apoyo y colaboración», declaró el rey Carlos III respecto a la pesquisa policial tras la detención de su hermano.
«Permítanme ser claro: la ley debe seguir su rumbo», afirmó el monarca en su comunicado.
Este argumento defiende que la justicia no distinga rangos ni prerrogativas reales, y que nadie se sitúe por encima de ella. Andrés ha negado en todo momento cualquier conducta indebida en su relación con Jeffrey Epstein.
Pero seguramente fue un instante personal complicado para el rey marcar una distancia tan pública con su hermano menor, a quien se refiere con cierta formalidad como Andrés Mountbatten-Windsor.

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Un acto de equilibrio
De acuerdo con fuentes oficiales, el rey no planea «hacer la vista gorda» y seguirá presente en actos públicos, no evitará al público ni dejará de cumplir con sus actividades habituales.
En los meses recientes, Carlos III ha tratado de conservar la calma en su vínculo con su hermano problemático, combinando estímulos y reprimendas, actuando también con cierta severidad paternal.
Por ejemplo, hace más de año y medio, el monarca intentó de manera activa desalojar a Andrés de la Royal Lodge, la residencia que él ocupaba en Windsor.
Fue una medida tan evidente que se llegó a denominar el «asedio de Royal Lodge», donde el rey cortó el financiamiento a su hermano para forzar su salida. Entre miembros de la realeza, Andrés llegó a ser apodado el duque de Hazzard (en referencia a la serie TV The Dukes of Hazzard).
Andrés terminó siendo desalojado tras la tormenta surgida por la publicación de los documentos de Epstein. Sin embargo, Carlos III intervino para concederle una vivienda privada pagada por el rey mismo y no con fondos públicos.
Esto refleja un asunto delicado para el Palacio de Buckingham: el monarca aún tiene la obligación de velar por su hermano. Actualmente, le asegura ingresos y un lugar donde residir.
Además, preocupa el bienestar de Andrés, un hombre que apareció visiblemente afectado y atribulado en las imágenes posteriores a su liberación.
La complejidad radica en que cuidar de Andrés podría interpretarse como una forma de protegerlo de la exposición pública.
La declaración real busca marcar la línea entre los «miembros activos de la realeza», que siguen cumpliendo con su «deber y servicio», mientras Andrés enfrenta el proceso legal correspondiente.

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Su vínculo desde la infancia
Si esto fuera una novela sobre rivalidad fraternal, todo podría remontarse a su niñez.
Andrés se destacaba como un niño estridente, alegre y extrovertido, considerado el favorito de su madre, la reina Isabel II; mientras que Carlos era el mayor, serio, reflexivo, cargando con la responsabilidad de ser heredero.
En los documentos de Epstein, hay una mención de una charla en la residencia de Epstein en Nueva York donde Andrés se autodenomina «el suplente».
Finalmente, después de décadas de competencia, esa historia favorece mucho más al heredero que al sustituido. El hijo callado, anteriormente víctima de acoso escolar, ahora ocupa el trono.
Hoy, el tiempo que Andrés ejerció como enviado comercial es sometido a un riguroso examen, incluso por parte de la Policía de Thames Valley.
Sin embargo, cuando se le propuso inicialmente para ese cargo en 2001, fuentes de confianza indican que fue Carlos quien alertó de su poca idoneidad.
En ese entonces, el entonces príncipe de Gales solo pudo emitir recomendaciones, y el hijo menor, quien gozaba de favoritismo, obtuvo el puesto de enviado, nombrado por la difunta reina tras consultar con el Gobierno.
Ese rol como enviado comercial terminó abruptamente en 2011 debido a las conexiones de Andrés con Jeffrey Epstein. Pero para entonces, los diplomáticos británicos, poco impresionados con sus habilidades interpersonales, lo apodaban «Su Alteza, el Bufón».
De nuevo, si hubiese sido un político fracasado, habría desaparecido del foco público; en una telenovela, lo habrían expulsado del escenario y eliminado del guion.

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No obstante, Andrés continuó formando parte de la familia real, participando en actos oficiales, en contraste con los esfuerzos considerados más serios de su hermano mayor.
Mientras Carlos se había acercado durante años a la naturaleza y había sido objeto de bromas por ello, Andrés se vinculaba cada vez más con Epstein y su círculo.
Lo que sorprendió a muchos fue la inesperada dureza con la que Carlos, ya como rey, abordó otro escándalo de Andrés en el otoño boreal de 2025, cuando correos electrónicos mostraron que Andrés mantuvo contacto con Epstein mucho tiempo después de asegurar que había cortado todo vínculo con él.
La retirada de su título de príncipe y duque, la expulsión de su residencia, la eliminación de cualquier vínculo con la vida real y su aislamiento público fueron medidas más estrictas de lo esperado.
Se rumoró que el príncipe Guillermo fue quien impulsó estas acciones, pero desde la Casa Real se dejó claro que fue el propio rey quien decidió imponer estas sanciones a su hermano.
No se debe subestimar el grado de frustración dentro de la institución por cómo Andrés ha minado sus planes. Se sienten casi aliviados antes de comentarlo.
Recientemente, mientras el rey presentaba un proyecto cinematográfico ambiental inspirado en la armonía, los titulares fueron monopolizados por las noticias sobre Andrés y los documentos de Epstein.
Esta semana, el príncipe Guillermo destacó la relevancia de modelos masculinos a seguir y, naturalmente, muchos pensaron: «¿Pero tu tío?».
La realeza es un asunto familiar. Y esta semana han tenido que priorizar los intereses institucionales sobre los personales.

