Entre los rincones más silenciosos de la sierra riojana, un templo perdura frente al olvido. Representa un ejemplo notable del románico tardío, resguardando frescos del siglo XIII y detalles arquitectónicos singulares, situado en un entorno casi deshabitado
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Una de las obras más destacadas del románico tardío en La Rioja se encuentra escondida en un entorno casi despoblado, a pocos kilómetros de Ezcaray. Se trata de la Ermita de la Ascensión, reconocida como Bien de Interés Cultural y un ejemplo notable del paso hacia el estilo gótico.
Resulta difícil imaginar que en una aldea con apenas dos habitantes, el tiempo haya preservado un edificio tan cargado de historia. Ubicada en San Asensio de los Cantos—también denominada Santasensio por sus vecinos— esta modesta ermita del siglo XIII permanece alejada del turismo masivo, rodeada por bosques y silencio. Para acceder, basta con tomar un desvío desde la carretera LR-111, que conecta Haro con Ezcaray, y continuar por el camino hacia Ojacastro, al que pertenece esta localidad.
Un testimonio pétreo entre dos épocas
El mayor atractivo de Santasensio es esta ermita románica que, a pesar de la pérdida de su nave original, conserva la cabecera con un valor arquitectónico destacado. Su planta semicircular en el interior y poligonal en el exterior refleja una construcción propia de la transición entre el románico y el gótico, única en La Rioja. El inmueble mantiene el ábside, el falso crucero y varios capiteles adornados con motivos vegetales de trazos esquemáticos y elementos ornamentales en forma de perlas o bolas, manifestación del arte medieval en esta región del norte peninsular.
El templo formó parte del legado histórico del Monasterio de Santa María la Real de Nájera. Fue declarado Bien de Interés Cultural en 1983, y aunque la nave necesitó una reconstrucción total a mediados del siglo XX, la cabecera ha permanecido casi intacta. Las columnas adosadas al ábside recuerdan a las de la iglesia burgalesa de Navas de Bureba, con la que comparte ciertos rasgos estilísticos.
Adoración de los Magos, además de cuatro figuras de abades benedictinos en los derrames de las ventanas. Estos frescos, aunque fragmentados, brindan una ventana a las creencias y relatos visuales de la época.
Se distingue también una pila bautismal románica del siglo XIII, con copa gallonada, y una hornacina en el muro sur del presbiterio destinada a colocar objetos litúrgicos. Todos estos elementos refuerzan el carácter sacro y rural de este lugar, que ha logrado resistir el paso del tiempo sin perder su identidad.
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