Los sindicatos estiman que la riqueza generada por cada trabajador alcanza niveles históricos, lo que evidencia que existe un “amplio margen” para incrementar los salarios sin comprometer la viabilidad empresarial

Durante años, la baja productividad fue un desafío para la economía española; sin embargo, esta tendencia se está revirtiendo. Según los datos más recientes del Gabinete Económico de CCOO, la productividad del trabajo —definida como el valor añadido bruto generado por cada empleado— ha crecido al doble que los salarios, tanto en términos nominales como reales.
Entre 2019 y 2025, en términos reales, el valor añadido bruto (riqueza producida) por cada trabajador aumentó un 9%. No obstante, este crecimiento no se ha reflejado proporcionalmente en los salarios, ya que la remuneración media por trabajador subió solo un 2% en ese mismo lapso, mientras que el margen bruto por empleado que obtiene la empresa se incrementó en un 17%, según un informe elaborado por el sindicato.
Además, el Observatorio de la productividad y la competitividad española, realizado por la Fundación BBVA y el Ivie, señala que la productividad total de los factores (PTF) ha mejorado un 1,4% anual desde 2020, contribuyendo con un 33% al crecimiento del PIB en ese periodo.
Declaraciones de la ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz, quien ha señalado que “la productividad desde 1983 ha crecido un 53%, mientras que los salarios reales solo han aumentado un 22%”.
Los sectores más productivos
La mayoría de sectores y empresas han incrementado su productividad tras la pandemia, destacando especialmente la fabricación de material de transporte con casi un 20%; hostelería (13,3%), industrias extractivas (8,7%), fabricación de maquinaria y equipo (8,4%), transporte (7,8%) y fabricación de productos de caucho, plástico y otros minerales no metálicos (6,7%).
También se observa una “mejora significativa” en las actividades profesionales y financieras, en contraste con el comercio, el sector sanitario y de servicios sociales, la educación y la construcción, que no evidencian avances relevantes en productividad.
Respecto a las diferencias territoriales, Madrid, Cataluña y País Vasco sobresalen por sus elevados niveles de productividad, mientras que Baleares y Canarias han registrado “fuertes mejoras”, al igual que otras comunidades como Castilla La Mancha, Castilla y León, La Rioja, Navarra, Cantabria y Galicia. Extremadura, por su parte, es la única región que ha experimentado una pérdida de eficiencia en los años posteriores al Covid-19.
Los márgenes empresariales se disparan en 2025
En este contexto de aumento de la productividad, los márgenes empresariales alcanzaron nuevos récords a finales de 2025, según los datos más recientes de CCOO, que destacan que la capacidad de las empresas para generar valor por cada euro vendido llegó a un máximo histórico del 24,4%, cifra que contrasta con una recuperación salarial que aún no compensa el esfuerzo productivo de las plantillas, según los representantes sindicales.

El estudio revela que la rentabilidad empresarial ha experimentado un salto estructural. El margen bruto sobre ventas se ha estabilizado en el 13%, lo que representa un aumento de la rentabilidad del 30% respecto a los niveles anteriores a la crisis sanitaria del coronavirus, cuando este indicador rondaba el 10%.
Los autores reconocen que, aunque los costos de insumos y energía se han moderado, las compañías mantienen precios de venta elevados. Este “desacople excepcional” ha permitido que los beneficios se distribuyan ampliamente en todo el tejido empresarial, especialmente en los sectores de energía y banca.
El crecimiento de los beneficios ha tenido un impacto limitado en los salarios de los trabajadores, ya que, según el informe, “se produce de forma persistente y sistemática un reparto desigual de la tarta”. A pesar de las recientes subidas salariales, los márgenes empresariales continúan concentrando una parte desproporcionada de la riqueza generada.

Desde Comisiones Obreras enfatizan que la productividad crece a un ritmo que los salarios no igualan, consolidando un modelo donde “el capital retiene la mayor parte de las ganancias” generadas por el crecimiento económico. Subrayan que los datos de 2025 eliminan cualquier justificación para posponer la justicia salarial, ya que la productividad récord demuestra que “existe margen suficiente para incrementar salarios y reducir la jornada laboral sin poner en peligro la estabilidad de las empresas”.
Por ello, el sindicato demanda que la reducción en los costos de producción se refleje en los precios de consumo y en las nóminas de los trabajadores, evitando que el excedente empresarial se convierta en un factor de desigualdad estructural.
La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, ha firmado junto a los secretarios generales de CCOO y UGT, Unai Sordo y Pepe Álvarez, el aumento del salario mínimo interprofesional (SMI) en un 3,1%
Un reparto “justo” de la riqueza
Desde UGT también solicitan “mejoras salariales” acordes con el actual contexto económico, en el que “gran parte del tejido empresarial se ha beneficiado de forma más amplia, acumulando márgenes empresariales que alcanzan niveles récord en los últimos cinco años”. Por ello, exigen un “modelo de reparto de la riqueza más justo y equilibrado”.
El sindicato considera que el primer paso ya se ha dado con la actualización del salario mínimo interprofesional (SMI) a 1.221 euros mensuales en 14 pagas. “Con esto, se continúa avanzando en el compromiso de alcanzar el 60% del salario medio, según lo establecido en la Carta Social Europea, además de garantizar un salario mínimo digno para los trabajadores con rentas más bajas”, indican. Desde UGT sostienen que la subida del SMI debe ir acompañada de incrementos salariales en los tramos medios, con el fin de impulsar “un modelo de reparto de la riqueza más justo y equilibrado que contribuya a combatir la precariedad y desigualdad salarial”.

