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- Autor, Sarah Rainsford
- Título del autor, BBC News
- 46 minutos
- Tiempo de lectura: 8 min
A Maxim no le incomoda hablar sobre su esperma. De hecho, desearía que más militares ucranianos abordaran el tema de la fertilidad o al menos lo consideraran.
"Nuestros hombres están perdiendo la vida. El patrimonio genético ucraniano se extingue. Esto es una cuestión de supervivencia nacional", comenta el soldado a la BBC por teléfono desde el frente oriental.
Este hombre, de 35 años, es parte de la Guardia Nacional de Ucrania y cuando regresó de permiso para visitar a su esposa, ella lo persuadió para que fuera a una clínica en Kyiv y dejara una muestra de esperma.
La muestra sería congelada sin coste alguno, como parte de la asistencia brindada a los soldados activos.
En caso de que Maxim fallezca en combate, su esposa podrá utilizarla para tener al hijo que siempre desearon.
Además, él recalca que este esperma congelado resulta vital para formar una familia en cualquier circunstancia.
"Ya sea en la línea ‘cero’ del frente o a 30 u 80 kilómetros, no hay garantía de seguridad", explica el soldado, añadiendo que los drones rusos representan una amenaza permanente.
"Esto genera estrés, lo que afecta: baja el deseo sexual. Por eso debemos pensar en nuestro porvenir y en el futuro de Ucrania", concluye.
Criopreservación
Desde el inicio de la invasión rusa en 2022, clínicas privadas de fertilidad comenzaron a ofrecer criopreservación a los soldados.
Así, los miembros de las fuerzas armadas pueden congelar sin coste tanto su esperma como sus óvulos, anticipando posibles lesiones en combate o impactos en su fertilidad debido al servicio.
Al año siguiente, esta iniciativa pasó a ser pública y recibió financiación estatal.
"Nuestros soldados defienden nuestro futuro, pero podrían perder el suyo, por lo que queremos brindarles esa opción", explica la parlamentaria Oksana Dmitrieva, quien participó en la redacción de la ley.
"Es una forma de apoyarlos para que puedan usar su esperma en caso de que sea necesario", indica.

En sus primeros días, la iniciativa tuvo inconvenientes cuando se estableció que todas las muestras serían destruidas si el donante fallecía. Esta medida se conoció después de que la viuda de un soldado intentara concebir usando el esperma congelado de su esposo y no se lo permitieran.
La legislación se revisó para garantizar que las muestras de los soldados se conserven gratuitamente hasta tres años tras su muerte y estén disponibles para ser utilizadas por sus parejas, siempre que exista consentimiento escrito.
El programa también busca enfrentar la crisis demográfica que existía antes de la guerra, la cual se agravó debido a la gran cantidad de hombres jóvenes y fértiles que han muerto durante el conflicto.
Asimismo, millones de personas, especialmente mujeres, han abandonado el país en busca de refugio. Cuatro años después, un gran número aún permanece fuera debido a la falta de mejoras en la calidad de vida local.
Esta realidad fue evidente durante un encuentro con la parlamentaria en el vestíbulo de un hotel, donde hablamos sin quitar los abrigos debido al frío: los constantes ataques rusos contra la red eléctrica han dejado miles de edificios en Kyiv sin calefacción este invierno.
"También pensamos en el porvenir y en todos los jóvenes que hemos perdido. Es necesario reemplazarlos. Esto es un pequeño avance para mejorar la situación demográfica", señala Dmitrieva.
Durante su visita al frente, ella alentó a los soldados a hablar con franqueza sobre su vida sexual y problemas relacionados con la fertilidad, así como a considerar congelar su esperma.
"Al principio sienten vergüenza, pero después de conversar con ellos mismos y entre compañeros, vienen y lo hacen", explica.
"Si tienen la posibilidad, ¿por qué no hacerlo? Además, no duele…", añade.

El programa de esperma congelado
El Centro de Medicina Reproductiva de Ucrania inició la incorporación de soldados al programa de "esperma congelado" en enero.
Hasta ahora, sólo una docena se ha sumado, pero la clínica confía en que aumentará la participación cuando se difunda más la información.
"Esperamos una demanda considerable. Tenemos altas expectativas", afirma la directora Oksana Holikova en el laboratorio donde se recogen y almacenan las muestras.
Los grandes tanques se abren liberando una nube similar al hielo seco, revelando tubos delgados y largos suspendidos que contienen esperma congelado.
Los silenciosos corredores muestran las huellas invisibles de esta guerra: solamente hay un recién nacido llorando en una cuna y una mujer en trabajo de parto. Desde el comienzo del conflicto, el número de embarazos atendidos por la clínica se ha reducido a la mitad.
"Si las mujeres están bajo estrés, pueden presentar irregularidades en sus periodos. Todo está interrelacionado", explica Holikova.
"Alrededor del 60% de mis pacientes toman antidepresivos, incluyendo personas que sufren ataques de pánico debido a los ataques con misiles y drones", añade.
Algunos presentan lo que Holikova denomina como "síndrome de la vida pausada": las decisiones importantes, como tener un hijo, están en suspenso.
"Las mujeres temen quedarse embarazadas si luego deben correr a refugios antibombas", comenta.

Fuente de la imagen, Getty Images
Nuevas leyes
Especialistas señalan que Ucrania necesita todos los bebés posibles.
Sin embargo, la legislación destinada a ayudar a las familias de militares no siempre se implementa eficazmente.
Katerina Malyshko y su esposo Vitaly llevaban tiempo intentando concebir. Ella atribuye sus dificultades para lograr un embarazo natural a la guerra o al menos a que esta las agravó.
"Todo el estrés y las noches sin descanso. Cada noche es como una ruleta: no sabes si despertarás", relata Malyshko.
La pareja celebraría su cuarto aniversario este año, probablemente con un bebé. El invierno pasado tenían tres embriones viables en una clínica de fertilidad y Malyshko debía implantarlos en su útero.
Entonces, Vitaly murió.
"Fue un impacto directo de una bomba guiada; no tuvo posibilidad alguna de sobrevivir", cuenta.
Malyshko habla con sinceridad sobre la difícil situación tras la pérdida de su esposo. Su dolor se intensificó al ser informada en la clínica de que no podía continuar con el tratamiento usando los embriones congelados ni con el esperma de Vitaly.
"Lo almacenarán, pero no podré usarlo", expresó.
La diputada Oksana Dmitrieva intervino directamente con algunas clínicas para asegurar que las familias de soldados reciban tratamiento, aunque reconoce que la ley todavía debe ser refinada.
Se espera votar varias enmiendas en abril.
Malyshko, desesperada y afligida, recurrió a los tribunales y solo después de seis meses un juez le dio la razón.
"Leí el fallo y me senté a llorar. Porque era nuestra familia. Habíamos esperado mucho y soportado demasiado", recuerda.
"Sentí felicidad y tristeza a la vez porque tuve que luchar por mis derechos. Pero lo hice para honrar a mi esposo".

Fuente de la imagen, Instagram/Katerina Malyshko
Katerina todavía no está preparada para intentar tener un hijo: se siente demasiado vulnerable.
Tampoco alberga esperanzas de que la guerra termine pronto, lo que le permitiría dar a luz en un país en paz.
"Si aceptamos un acuerdo ahora, la pregunta es para qué murieron tantas personas", cuestiona.
Esta es su reacción ante la posibilidad de que Ucrania ceda territorios defendidos por su esposo para que Rusia detenga la invasión.
Sin embargo, Katerina quiere conservar la opción de concebir el bebé de su esposo cuando se sienta lista.
"Pienso que los hijos de los soldados caídos deberían tener oportunidad de vivir. Merecen habitar el país por el que sus padres murieron", afirma.
En el frente, permanentemente expuesto a peligros, Maxim comparte esta perspectiva.
"Por eso tomé la decisión, y es algo muy positivo. Puede que mañana no esté, pero mi esposa tendrá mi esperma para usarlo. Es un peso menos en la mente", detalla desde el campo de batalla.
Actualmente, su mayor reto es convencer a otros hombres para que se inscriban en el programa.
La directora de la clínica en Kyiv, Oksana Horlikova, recuerda que en conversaciones con un veterano este le comentó que soldados se acercaban a él llorando por dificultades en las relaciones sexuales o para concebir con sus parejas.
"Los hombres suelen ser reservados, pero enfrentan muchos trastornos psicológicos", reconoce Maxim.
Por ello, propone que a los soldados se les pida congelar su esperma al momento de su reclutamiento, similar a cómo entregan una muestra de ADN para su identificación en caso de fallecer.
"Lo único que impide a la gente hacerlo es la falta de conversación sobre el tema y la necesidad de explicar su importancia", concluye Maxim.
"Porque los hombres no tomarán acción a menos que se les insista y presione", añade.

