La exduquesa de York permanece desaparecida tras la publicación de nuevos documentos vinculados al caso del pederasta estadounidense

La detención del expríncipe Andrés ha vuelto a impactar en la monarquía británica, situando en el centro de la atención mediática a su círculo más próximo. El arresto tuvo lugar el jueves 19 de febrero, coincidiendo con la celebración de su 66 aniversario. El exduque de York permaneció 11 horas en una comisaría de Norfolk tras ser imputado por “mala conducta en un cargo público”, bajo la sospecha de haber compartido información financiera confidencial del Gobierno británico con Jeffrey Epstein.
Esta es la primera ocasión en la que Andrés Mountbatten-Windsor, octavo en la línea sucesoria al trono, es formalmente arrestado en relación con el caso del pederasta estadounidense. La policía registró dos de sus propiedades, presumiblemente Royal Lodge y Wood Farm, esta última siendo su residencia actual. Esta operación marca un nuevo capítulo en una causa que ha generado controversia durante años y ha dañado significativamente la imagen pública del hijo menor de Isabel II.
El exduque de York, el príncipe Andrés, enfrenta cargos judiciales tras su arresto. La acción se produce luego de que se difundieran documentos que lo relacionan con la red de Jeffrey Epstein y sugieren que podría haber compartido información sensible del gobierno británico.
Tras la detención, la atención se ha desplazado hacia su exesposa, Sarah Ferguson, y sus hijas, las princesas Beatriz y Eugenia. Las dos se han mantenido alejadas del ojo público desde que se revelaron los últimos archivos vinculados al pederasta estadounidense. Su ausencia ha alimentado especulaciones sobre las posibles consecuencias que estos eventos recientes tendrán en su trayectoria institucional y personal.
¿Dónde se encuentra Sarah Ferguson y qué perspectivas tiene?
En cuanto a Ferguson, las dudas aumentan. Aunque no ha sido arrestada ni enfrenta cargos, su situación es considerada delicada. Desde el estallido del escándalo, ha optado por mantenerse en un perfil bajo y, según Daily Mail, habría pasado un periodo con amigos en los Alpes franceses antes de trasladarse a los Emiratos Árabes Unidos. Durante ese tiempo, también estuvo junto a su hija menor, la princesa Eugenia, quien estaba en Catar acompañando una feria de arte en Doha en su calidad de directora de la galería suiza Hauser and Wirth.

No obstante, la exduquesa de York ha mantenido un silencio casi absoluto en lo público. Desde el 25 de septiembre de 2025 no se la ha visto en eventos oficiales, lo que evidencia su retirada de la vida social y benéfica que formaba parte de su rutina durante años. Aunque están divorciados desde hace tres décadas, Ferguson y el royal británico seguían viviendo juntos en Royal Lodge, residencia de la que serán desalojados en breve tras los recientes sucesos.
El nombre de Sarah Ferguson aparece en numerosos correos electrónicos de Epstein, donde se refleja la estrecha relación entre ambos. En esos mensajes, el financiero la describía como su “amigo constante, generoso y supremo”. Según la información difundida, ella le solicitó en varias ocasiones apoyo económico para cubrir deudas personales, manteniendo contacto frecuente incluso después de que Epstein cumpliera condena por delitos sexuales contra menores. También se reveló que llevó a sus dos hijas a almorzar con él cinco días posteriores a la liberación de prisión del financiero.

Además, se ha informado que Ferguson pidió disculpas a Epstein por haberlo denunciado públicamente, alegando que su denuncia estaba destinada a proteger su carrera como escritora de libros infantiles. Estos hechos han incrementado la atención y la crítica respecto a su papel dentro del entramado de relaciones del financiero, así como las consecuencias reputacionales que esto pudiera acarrear.
El especialista en realeza Richard Fitzwilliams valoró la situación en declaraciones al Daily Mail: “Sarah Ferguson no tiene futuro alguno. Está avergonzada, sus negocios han cerrado y ninguna organización benéfica la aceptará. Seguramente surgirán más revelaciones. No hemos visto todavía el final”. Estas palabras evidencian la percepción de que la crisis podría intensificarse conforme avancen las investigaciones y se revelen más documentos.
Mientras tanto, la familia real británica enfrenta uno de los momentos más críticos de los últimos años. La detención del duque de York y las consecuencias del Caso Epstein no solo reabren viejas heridas, sino que generan incertidumbres sobre el impacto institucional a medio y largo plazo. El desarrollo judicial y la posible aparición de nuevas pruebas definirán la magnitud final de esta crisis que, por ahora, sigue en curso.

