El exjugador del Real Madrid decidió retirarse en 2021 y actualmente vive alejado del bullicio mediático y del ámbito futbolístico.
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Fábio Coentrão es una persona excepcional. Hubo un tiempo en el que recorría la banda izquierda del Santiago Bernabéu, conquistó dos Champions League con el y mantenía una gran amistad con Cristiano Ronaldo dentro del vestuario.
Su fichaje supuso una inversión de 30 millones de euros, fue un deseo expreso de José Mourinho, y era indiscutible en la alineación titular durante la final de Lisboa en 2014. Sin embargo, detrás del foco mediático y la presión propia de la élite, el portugués siempre mantuvo su mente en otro lugar: el mar, su lugar de origen y al que siempre se sintió destinado a regresar.
En la actualidad, con 37 años y fuera del fútbol profesional, Coentrão experimenta un estilo de vida que muchos considerarían impensable tras haber llegado a la cima del deporte rey.
Alejado de cámaras, banquillos y la gestión de jugadores, el exmadridista se ha transformado en un verdadero lobo de mar. Es constructor de barcos pesqueros, una pasión que comenzó mientras aún jugaba en activo, adquiriendo su primera embarcación durante su etapa en el Real Madrid.
Esta nueva realidad no responde a un capricho propio de un millonario excéntrico, sino a una vocación profunda y arraigada. Coentrão nació en Caxinas, un pueblo pesquero, y su padre dedicó toda su vida laboral al mar antes de emigrar. Esta conexión ha motivado su inversión en la creación de una flota pesquera propia.
Fabio Coentrao durante un partido del Sporting de Lisboa AFP7
Actualmente dirige una compañía que está en expansión y considera con seriedad su papel como empresario en el sector primario. «En este momento trabajo con 45 personas a mi lado», declaró hace algunos años en una entrevista.
Lejos de percibir su cambio profesional como un retroceso, Coentrão defiende con convicción la dignidad de una labor que a menudo se subestima o se considera inferior para alguien de su nivel social.
«La vida en el mar no es motivo de vergüenza, como muchos suelen pensar. Es un trabajo como cualquier otro. Además, el mar es un recurso valioso y deberíamos preservarlo», manifestó.
La transición estaba perfectamente prevista desde tiempo atrás. «Sabía que el fútbol acabaría en algún momento y tuve que escoger un camino para mi vida. Mi felicidad reside en esta embarcación y en esta forma de vivir», confesó.
Esa claridad mental contrasta con la de numerosos excompañeros que, tras colgar las botas, luchan por hallar un propósito existencial. Por el contrario, Coentrão ha encontrado en la dureza y calma del océano la serenidad que en ocasiones le faltó sobre los terrenos de juego.
Su barco principal, el «Vitória Coentrão», no solo funciona como herramienta de trabajo, sino que representa un símbolo de su herencia familiar. Frecuentemente se le observa supervisando las capturas, ensuciándose las manos y laborando codo a codo con su tripulación.
La historia de Fábio Coentrão corresponde a la de un antihéroe contemporáneo. Alcanzó el máximo esplendor en el deporte más global, pero jamás permitió que el éxito diluyera su identidad. Opta por el anonimato del horizonte, demostrando que la vida continúa más allá del fútbol.

