El piloto madrileño, próximo a comenzar su segundo curso con Williams, reveló hace pocos meses algunos detalles sobre la gestión de sus finanzas.
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Jorge Pacheco I.C.G Publicada 15 febrero 2026 11:48h
Hace tres meses, cuando Carlos Sainz Jr. habló sobre la forma en que administra parte de sus ingresos en la Fórmula 1, no citó fondos indexados, propiedades inmobiliarias ni start-ups tecnológicas. Su respuesta estuvo alineada con el emblema que portó durante años en su mono: Ferrari.
El piloto madrileño detalló en una entrevista con El Partidazo de COPE que una parte de su patrimonio no se queda «dormida» en el banco, sino que la transforma en superdeportivos de edición limitada, un tipo de activo que considera tanto un hobby personal como una forma de protegerse contra la depreciación con el tiempo.
Sainz Jr. aclaró que no son simples caprichos, sino una táctica cuidadosamente elaborada después de consultar con expertos de confianza.
«Me indicaron que es un buen negocio, una inversión rentable, especialmente con las ediciones limitadas de Ferrari, que incrementan significativamente su valor. Por eso, prefiero no dejar el dinero en el banco y guardarlo en coches de colección que espero que, a largo plazo, me den beneficios», explicó.
En la actualidad, esa estrategia se concreta en un pequeño «garaje-cartera»: Sainz admite poseer cuatro Ferraris de serie limitada y que tiene un quinto en camino. «Tengo cuatro Ferraris de edición limitada y he encargado otro», resumió.
Carlos Sainz Jr. en el paddock de la Fórmula 1 Europa Press
Así, su colección está compuesta por vehículos con producción limitada y una demanda considerable a nivel internacional, justo el tipo de activos que suelen atraer a coleccionistas dispuestos a pagar un sobreprecio por exclusividad.
La lógica financiera detrás de esta elección la explicó él mismo de manera sencilla. «El dinero en una cuenta bancaria pierde valor con el paso del tiempo, mientras que ciertos coches mantienen o incluso aumentan su precio», argumentó.
Se trata de aplicar, al mundo del automóvil, un principio básico que repiten analistas y asesores: la inflación erosiona el efectivo si no se pone a generar rendimiento. En su caso, este «rendimiento» lo aportan los chasis numerados, tiradas limitadas y listas de espera globales.
Este aspecto de «activo financiero» implica también gestionar el uso del coche casi como si fuera una hoja de cálculo más que un simple juguete. Sainz reconoce que solo uno de sus Ferrari tiene un uso cotidiano; los demás son piezas que se desplazan muy poco.
«Los otros Ferraris prácticamente no los uso», admitió, consciente de que los kilómetros acumulados son, en la práctica, un factor negativo en la posible reventa futura. La idea es clara: cuanto más se asemejen a una obra de arte sobre ruedas, mejor para los números.
El contexto permite entender esta estrategia. El patrimonio de Sainz, según fuentes internacionales, se sitúa en el orden de decenas de millones de dólares, impulsado por sus contratos en Fórmula 1 y un creciente portafolio de patrocinios globales.
Para un deportista con ese nivel de ingresos, destinar una parte a activos ilíquidos pero muy tangibles encaja con una tendencia que se observa también en otros pilotos y futbolistas de élite: diversificar fuera de los mercados financieros tradicionales hacia objetos de colección con mercados secundarios consolidados.
Con solo 31 años y comenzando su segunda temporada en Williams, Sainz proyecta así una imagen dual: sigue siendo el piloto que compite con velocidad los domingos, pero también el inversor que reserva valor en un garaje muy selecto.

