Varios miembros del Gobierno han expresado críticas hacia Felipe González luego de que este comunicara que votaría en blanco si Pedro Sánchez vuelve a ser candidato del PSOE.
Ángel Víctor Torres, Isabel Rodríguez y Ana Redondo han sugerido que González abandone el partido, profundizando la división interna dentro del PSOE.
Óscar López atribuyó a Javier Lambán la derrota del PSOE en Aragón, provocando una oleada de indignación y una fuerte reacción por parte de Emiliano García-Page y otros dirigentes.
Estas diferencias y críticas reflejan las profundas fracturas en el PSOE entre los partidarios de Sánchez y las figuras históricas del partido.
El Ejecutivo tardó tres días en responder al expresidente Felipe González, quien el martes comunicó que votaría en blanco si Pedro Sánchez se presentaba nuevamente como cabeza de lista.
Durante la jornada del viernes, varios ministros encabezaron una reacción que habían evitado durante toda la semana.
El primero en pronunciarse fue el ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, Ángel Víctor Torres, que sugirió al líder de su partido entre 1974 y 1997 que dejara la militancia.
«Si ves a tu líder enfrentarse a un oponente y deseas que pierda el líder de tu propio partido, entonces piensa qué papel juegas en esa formación», declaró en una entrevista concedida a Canarias Radio.
Resulta llamativo que Torres utilizara una frase del fallecido Alfredo Pérez Rubalcaba, quien también fue crítico con los acuerdos de Sánchez y acuñó el término «Gobierno Frankenstein«.
González ha reconocido en reiteradas ocasiones no haber borrado aún el número de Rubalcaba de su móvil y que relee algunas de sus conversaciones por WhatsApp.
El ataque de Torres no fue un caso aislado. Le siguió la ministra de Vivienda, Isabel Rodríguez, quien en una entrevista para TVE instó a González a contemplar su continuidad en el partido pues «no conoce bien la España actual, ni la sociedad ni la política contemporánea».
La ministra de Igualdad, Ana Redondo, fue la encargada de cerrar esta ofensiva, recordando una frase de González en la que comparaba los jarrones asiáticos, valorándolos como bellos pero difíciles de ubicar.
Al terminar un evento en Valladolid, Redondo comentó que «ahora existen jarrones chinos que, desafortunadamente, ya no encajan bien en las estanterías».
Aunque Isabel Rodríguez es secretaria de la Ejecutiva del PSOE y Ángel Víctor Torres secretario general del PSOE en Canarias, desde Ferraz calificaban las críticas a González y su invitación a que se marche como «opiniones personales«, rehusando evaluarlas.
Hasta ese momento, los ministros habían evitado pronunciarse sobre González. El martes, en el Consejo de Ministros, la portavoz del Ejecutivo, Elma Saiz, restó trascendencia al tema, señalando que la opinión del expresidente es «una más».
Las declaraciones de González no deberían haber sorprendido, dado que él mismo había anticipado que no dejaría el partido que ayudó a reconstruir desde Suresnes.
«Que se marche quien esté destruyéndolo», expresó en un acto reciente en el Ateneo de Madrid.
Salvar al soldado López
Este silencio se rompió ahora, cuando los exministros intentan contener la ola de indignación causada por las declaraciones del ministro de Transformación Digital, Óscar López, contra el expresidente aragonés Javier Lambán, fallecido en agosto de 2025.
En declaraciones a RNE, López responsabilizó a Lambán del desastre electoral del PSOE el pasado domingo, argumentando que «en lugar de hacer oposición a Azcón, se dedicó a otros menesteres, a menudo con argumentos provenientes de la derecha».
López no es un dirigente cualquiera; formó parte del equipo de campaña de Pilar Alegría con el objetivo, según comentaban en el entorno de la exministra, de «transmitir su experiencia y conocimientos».
Sus declaraciones provocaron malestar en el PSOE y revivieron al sector afín a Lambán. El presidente de la Diputación de Zaragoza, Juan Antonio Sánchez Quero, calificó sus palabras de «injustas, desafortunadas e inapropiadas». Coincidieron con él el vicesecretario general del partido, Darío Villagrasa, la secretaria provincial Teresa Ladrero y la senadora Mayte Pérez.
Tras varias horas sin pronunciarse, Pilar Alegría respondió en X: «Culpabilizar a unos u otros de los resultados no solo es erróneo, sino que tampoco nos conduce hacia un buen camino».
La controversia escaló de ámbito regional a nacional cuando el viernes el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, respondió con dureza a López: «No se puede ser mejor político a costa de ser peor persona».
El único líder con mayoría absoluta, conocido por su cercana amistad con Lambán, pidió luego que se respetara a los fallecidos y que las críticas se dirigieran «a quienes sí podemos defendernos».
Estas palabras parecieron no afectar a López, quien replicó: «Nadie me dará lecciones sobre respeto».
Los reproches cruzados evidencian dos maneras diferentes de entender el partido.
Solo hace tres meses, González participó en un acto en el Senado en memoria de Javier Lambán. Allí confesó que, además del teléfono de Rubalcaba, otro número que no había borrado era el del expresidente aragonés.
A ese homenaje no asistieron Pilar Alegría ni ningún ministro del Gobierno.
En cambio, sí estuvieron presentes Emiliano García-Page y el exvicepresidente de González, Alfonso Guerra.
También acudió Javier Fernández, expresidente de Asturias y quien lideró la gestora que sustituyó a Sánchez en la dirección del PSOE en 2017.
Esta guerra interna, que lleva años incubándose, comienza ahora a manifestarse públicamente dentro del PSOE.

