La residencia de Julián Álvarez en Madrid que dejó por la presión de los paparazzis: posee casi 500 m² distribuidos en 3 plantas

Julián Álvarez junto a su pareja Emilia Ferrara El atacante escogió una residencia en Boadilla del Monte que anteriormente perteneció a Bárbara Rey y fue escenario de las conocidas fotografías junto a Juan Carlos I.

Más información: Giuliano, hijo de Simeone: «Desde los 18 años no puedo vivir con mi padre. Me dijo que me hiciera un hombre»

El primer contacto inmobiliario de Julián Álvarez en Madrid terminó convirtiéndose en un problema debido a la atención mediática.

El delantero argentino, instalado en la capital tras su llegada al Atlético de Madrid, tuvo que abandonar la lujosa mansión que había seleccionado en Boadilla del Monte a causa del constante acoso de paparazzis y periodistas del corazón, quienes mostraban más interés en la historia del inmueble que en su actual residente.

Álvarez, que se encuentra en un momento crucial de su carrera entre la exigencia del Atlético y su título de campeón del mundo con Argentina, buscó inicialmente un espacio tranquilo y cómodo para vivir con su pareja, Emilia Ferrero.

La elección fue un chalé de alta gama en una de las urbanizaciones más exclusivas de Boadilla, zona frecuentada por futbolistas y empresarios debido a su tranquilidad y su buena conexión con la ciudad deportiva rojiblanca.

Pero la propiedad cargaba con un pasado incómodo. En años anteriores, la casa perteneció a Bárbara Rey y fue testigo de las icónicas imágenes junto al rey emérito Juan Carlos I, un episodio que nunca dejó de alimentar los titulares de la prensa rosa.

Julián Álvarez celebra su gol ante el Barça

Julián Álvarez celebra su gol ante el Barça EFE

Cuando esa historia reapareció en los medios, el domicilio dejó de ser un simple chalé para transformarse en un foco mediático, exponiendo por completo la privacidad de Álvarez.

Desde entonces, la residencia estuvo rodeada casi a diario por fotógrafos, reporteros y curiosos. Vehículos estacionados en las entradas, cámaras pendientes de cada entrada y salida, y seguimientos constantes a los movimientos de la pareja convirtieron la vida cotidiana del futbolista en una prolongación de un plató televisivo.

El propio jugador reconoció que «era imposible permanecer en ese lugar» y que, en España, cuando la prensa se vuelve insistente, «son peores que en Argentina».

Todo sucedía mientras Álvarez luchaba por consolidarse en el Atlético, ajustarse a un nuevo sistema de juego y justificar la inversión económica del club para ficharlo. En ese escenario, la casa debía funcionar como un refugio, pero terminó siendo una fuente de distracción.

La mansión tenía un valor cercano a los 700.000 euros y contaba prácticamente con todo lo necesario para un futbolista profesional: casi 500 metros cuadrados construidos, distribuidos en tres niveles, erigidos sobre una parcela de alrededor de 700 metros, con un jardín ya consolidado.

Dentro, la vivienda disponía de seis dormitorios y seis baños, espacios amplios y luminosos, gimnasio privado, cocina de diseño, varias terrazas con vistas despejadas y un gran salón ideado para encuentros familiares y con amigos.

En el exterior, piscina, área de solárium y un espacio amplio para garaje y aparcamiento completaban una configuración pensada para el confort y la privacidad de un deportista profesional.

No obstante, la presión de los medios terminó siendo más fuerte que cualquier lujo. Al faltar la tranquilidad, Álvarez y Ferrero decidieron romper el vínculo con esa vivienda y buscar un nuevo hogar en la misma área, con respaldo del club y de asesores inmobiliarios, para recuperar algo de normalidad.

Este episodio recordó que, en la nueva etapa madrileña del delantero, no todo gira en torno al campo: también debe aprender a manejar una exposición pública que, en ocasiones, se desarrolla lejos del área y muy cerca de su puerta.

Scroll al inicio