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- 9 febrero 2026
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Yo también fui bagger.
Como puertorriqueño, cada vez que me interrogan sobre mi identificación con Bad Bunny, lo primero que me llega es que, en cierta etapa de nuestras vidas, los dos fuimos empacadores en un supermercado.
Muchas personas en mi entorno también pasaron por esa experiencia: compartimos un pasado similar con la estrella del pop latino que este domingo brilló en el show del medio tiempo del Super Bowl.
Naturalmente, me refiero a nuestro origen, no solo a la simple labor de embolsar productos o empujar carritos bajo el sol abrasador del Caribe.
Desde entonces, Benito Martínez Ocasio ha recorrido un largo camino.
En la cúspide de su trayectoria, tras más de diez años de hitos y récords, se presentó casi completamente en español en el Levi’s Stadium de California frente a 125 millones de espectadores.
Durante su interpretación de temas como «Tití me preguntó» y «Baile inolvidable», recorrió un escenario que recreaba los cañaverales que alguna vez fueron el eje económico del territorio, además de una vivienda rural y El Morro, el emblemático fuerte colonial de Viejo San Juan.
Salsa, reguetón, bomba y plena resonaron en el evento deportivo más relevante de EE.UU.

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Aunque transmitió un mensaje de unidad en el que mencionó a los latinos en general, el artista cantó una vez más desde y para Puerto Rico.
Como subrayan las académicas Vanessa Díaz y Petra R. Rivera Rideau en el libro P FKN R: How Bad Bunny Became the global voice of Puerto Rican resistance, su éxito surge de la «conexión íntima que mantiene con la isla».
Naturalmente, su figura genera controversia y no representa a todos los puertorriqueños por igual.
Sin embargo, numerosos seguidores encuentran en sus letras y ritmos, así como en su imagen, un reflejo de la realidad y de las tensiones propias de crecer en un lugar con identidad propia que, a la vez, existe legalmente dentro del país más poderoso del mundo.

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Lo que me une al "Conejo Malo"
Como Benito, la crianza se dio en pueblos pequeños. Él en Vega Baja, al norte, y yo en San Lorenzo, al sureste.
Su madre trabajaba como profesora y su padre conducía camiones, sin conexionzos en la industria musical. Mi madre, alejada de los medios, era operaria en una fábrica.
Nuestra infancia, tal como describió el cantante en una entrevista con Carina del Valle Schorske, le parecía “lejano” al bullicio de San Juan, aunque la capital estuviera a solo 45 minutos en auto.
Cada viaje hacia la llamada “zona metropolitana”, según el texto de The New York Times, representaba para él un “evento”.
En mi familia ocurría similar: madrugar, vestir ropa elegante, pensar en qué comeríamos.
Casi siempre, la razón de esos recorridos a la capital era visitar Plaza Las Américas, un gran centro comercial en cuyo interior, cito a Benito, “uno no sabía ni dónde estaba parado”.

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Yo también aprendí inglés en la adultez y lo hablo con acento no nativo, a pesar de ser ciudadano estadounidense, como todos los nacidos en Puerto Rico.
Para nosotros, a veces, el dominio de otro idioma depende de la capacidad económica para pagar clases particulares.
No es un dato menor que, según las cifras más recientes del Censo de EE.UU., solo el 22% de la población de la isla dice hablar inglés “muy bien”.
Desconectados por un sistema de transporte público ineficiente, carentes de turistas o grandes eventos, la rutina diaria en nuestros pueblos era lenta, pero marcada por una crisis de deuda pública y una quiebra que causó graves daños políticos, sociales y económicos.
En las últimas tres décadas, las dificultades fiscales dejaron una infraestructura eléctrica vulnerable a huracanes y apagones repetidos, una migración masiva, aumento de violencia, cierre de escuelas y un sistema universitario público debilitado.
Desde 2018, en “Ser Bichote”, canción de su disco debut, el cantante decía: “Se cierran escuelas mientras se abren puntos. Entonces, ¿qué hago? Dime, te pregunto, eh”.
El “punto” es como llamamos a los sitios de venta ilegal de drogas, de los que nuestros padres siempre nos advertían.
Probablemente solo nosotros entendimos esa referencia; el resto se conformó con bailar la canción.

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Una puerta al mundo
Otros puertorriqueños, aunque no hayan experimentado vivencias similares a las del cantante, se sienten orgullosos precisamente por cómo su música denuncia nuestros problemas y representa la cultura e idiosincrasia propia.
Este domingo lo vimos en California, frente a decenas de millones, recreando (y denunciando) nuestro frágil sistema eléctrico para entonar “El Apagón”.
También utilizó imágenes como la pava, sombrero típico de los antiguos campesinos de la isla, y el sapo concho, una especie endémica amenazada.
En sus canciones, combina romanticismo con referencias al mal estado de las carreteras puertorriqueñas, como en “BOKeTE”, y aborda la persecución sufrida por el movimiento independentista en “LA MuDANZA”.
En esta última dice: “Aquí mataron gente por sacar la bandera / Por eso es que ahora yo la llevo donde quiera”, incluso en el Super Bowl.
Puerto Rico tiene escasas oportunidades de incidir en soluciones dentro de la política estadounidense.
Los residentes de la isla no pueden votar en las elecciones presidenciales y el representante que tienen en el Congreso carece de derecho a voto.
Sin soberanía, relaciones bilaterales o participación en organismos internacionales, sabemos que la cultura es nuestra única ventana al mundo, y Bad Bunny ha logrado abrirla como nunca antes.

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Un artista para más de una generación
Con Bad Bunny, el reguetón alcanzó lugares inesperados. Hace solo una semana hizo historia en los Grammy al obtener el Mejor Álbum del Año con un disco completamente en español, «Debí tirar más fotos».
Originado en Panamá y Nueva York, pero globalizado en gran medida gracias a los artistas de Puerto Rico, el reguetón fue durante años un género marginado en la isla.
Predominantemente jóvenes de comunidades pobres y de ascendencia afrocaribeña lo interpretaban y escuchaban en clubes “clandestinos” que sufrían constantes redadas policiales.
Con el tiempo y el esfuerzo de artistas como Daddy Yankee, Tego Calderón y Don Omar, a quienes Benito rindió homenaje en el Super Bowl, se transformó en un género popular que muchos crecimos escuchando en estaciones radiales y dispositivos personales.
Sin embargo, como afirmó el profesor Albert Laguna en una entrevista para BBC Mundo el año pasado, también evolucionó hacia un artista valorado por un público más amplio.
Las mezclas inesperadas de reguetón y trap con salsa, merengue, géneros tradicionales como bomba y plena, así como con otros ritmos de América Latina, «brindan la oportunidad de un diálogo entre diferentes generaciones», explicó el especialista.

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Una faceta que también impulsa el cantante, y que representa un logro para el reguetón, es la valorización del español puertorriqueño.
Mientras en el pasado muchos artistas latinos cantaban en inglés para ingresar al mercado anglosajón, Bad Bunny lo hace usando nuestro idioma y forma de expresarnos.
Es ese mismo español que por décadas hemos defendido, incluso frente a los intentos de EE.UU. por imponer el inglés como primera lengua.
“Durante mucho tiempo, las lenguas caribeñas se han despreciado como derivadas, adulteradas e incluso analfabetas”, escribe Carina del Valle Schorske en su perfil del artista para The New York Times.
Como señala en su texto, yo también he escuchado en más de una ocasión que mi español es incomprensible. Lo escucho incluso en algunos comentarios sobre las canciones de Bad Bunny.
Además, el propio expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, escribió en la red social Truth Social el domingo: “Nadie entiende ni una palabra de lo que dice este tipo”.
Sin embargo, otros, gracias a la calidad de la música, intentan acercarse a nuestro español para comprender mejor cuando su boricua favorito usa términos como “pichear” (ignorar) o “janguear” (salir a divertirse). Quizás el ejemplo más claro en el Super Bowl fue la Lady Gaga salsera.
MAG, productor y colaborador habitual de Bad Bunny, afirmó en el libro P FKN R que lo que está sucediendo con el álbum “Debí tirar más fotos” es “un movimiento cultural”.
Añadió además: “Se siente como si el mundo nos estuviera abrazando a nosotros y a Puerto Rico de una manera hermosa”.
Este domingo pudimos verlo en vivo.

