Esta es la conclusión a la que llega el Real Instituto Elcano en su informe España en el mundo en 2026: perspectivas y desafíos

El Real Instituto Elcano presentó este miércoles la décima cuarta edición de su informe anual colectivo, que examina las perspectivas generales del escenario internacional y los retos específicos que afronta España pensando en el año 2026. Según Ignacio Molina, quien expuso el informe España en el mundo en 2026: perspectivas y desafíos, «la polarización interna impide aprovechar plenamente el potencial exterior de España». Esta situación genera consecuencias en la política exterior española y se suma a un problema externo: la negativa a destinar el 5% al presupuesto de Defensa ha incrementado el aislamiento internacional.
Las conclusiones del informe reflejan que 2025 estuvo marcado por un incremento de la desorientación y la confrontación geopolítica tras el retorno de Donald Trump a la Casa Blanca. El análisis señala que muchos de estos conflictos ya existían, pero se agudizaron con la nueva administración estadounidense: rivalidad abierta entre China y EEUU, barreras al libre comercio, debilitamiento del multilateralismo, prolongación del conflicto en Ucrania, crisis continuas en Oriente Medio y Venezuela, retroceso democrático y estancamiento estratégico en la Unión Europea.
En este contexto, la posición internacional de España no mejoró, aunque Elcano destaca que evitar un empeoramiento considerable puede considerarse un logro relativo en un ambiente dominado por malas noticias.
No resulta sorprendente que el Instituto observe un retroceso del multilateralismo y de la integración económica global, incluso más marcado de lo anticipado, aunque sin reducción del volumen total de intercambios. Según el análisis, la globalización «no ha desaparecido», pero ha sufrido una transformación: se ha vuelto más «dura», menos uniforme y con flujos intensos pero cada vez más fragmentados por regiones. Además, la Agenda 2030 continuó debilitándose por la carencia de recursos y liderazgo.
En materia de seguridad, Elcano describe una guerra en Ucrania estancada, con negociaciones paralizadas y un apoyo estadounidense menor, aunque sin un retiro total. Europa, ante la incertidumbre sobre la alianza transatlántica, aumentó rápidamente su gasto militar. España —que partía del nivel más bajo de la OTAN— superó el 2% del PIB, pero rechazó incrementos adicionales demandados por Trump, defendiendo su contribución en capacidades y despliegue.
En el flanco sur, el Sahel continuó deteriorándose con la expansión de grupos armados y presencia de paramilitares rusos, aunque la amenaza yihadista se mantuvo contenida en Europa. En Oriente Medio, EEUU apoyó a Israel frente a Irán, evitando una escalada regional, mientras presionaba para limitar el impacto de la ofensiva sobre Gaza, que fue especialmente criticada en España.
El eje europeo se situó entre el escenario base y el pesimista. La UE mostró falta de liderazgo político, enfrentamientos entre sus capitales y avances limitados en competitividad, gobernanza económica, ampliación o reforma institucional. En política exterior, el choque con la Administración Trump fue mayor al previsto: desde la ignorancia en Ucrania hasta ataques al proyecto europeo y aranceles del 15% que Bruselas aceptó para evitar una guerra comercial. España, en este contexto, perdió influencia en Bruselas y no logró concretar el tratado sobre Gibraltar a pesar de un acuerdo político con Londres.
En el ámbito de la influencia e imagen exterior, Elcano concluye que España no experimentó un avance cualitativo en 2025, aunque logró evitar retrocesos significativos. Perdió centralidad en Bruselas y empeoró sus relaciones con EEUU, pero incrementó su presencia en foros multilaterales y aprobó una nueva Estrategia de Acción Exterior con enfoque europeísta y voz propia en temas como rearme, Israel o China. Permanecieron, sin embargo, objetivos sin concretar, como las aduanas en Ceuta y Melilla o el uso de las lenguas cooficiales en Bruselas.
La imagen internacional de España se mantuvo elevada entre la opinión pública, aunque sufrió desgaste reputacional en algunas élites europeas debido a su resistencia a incrementar más el gasto en defensa, al tiempo que mejoró su percepción en el sur global.

