Trabajar mientras se estudia no es habitual para la mayoría de empleados en la UE. Sin embargo, la necesidad económica y las ambiciones profesionales pueden impulsar a algunos a hacerlo.
Según los datos más recientes de Eurostat, en 2024 más de uno de cada cuatro jóvenes europeos de entre 15 y 29 años combinaban el trabajo con los estudios.
Esta situación fue especialmente prevalente en Países Bajos (74,3 %), Dinamarca (56,4 %) y Alemania (45,8 %).
En contraste, Rumania (2,4 %), Grecia (6 %) y Croacia (6,4 %) registraron las proporciones más bajas entre los países de la UE.
La principal motivación para compaginar trabajo y estudios radica en la necesidad financiera, aunque los expertos señalan que las razones de los estudiantes varían según su lugar de procedencia y sector.
«Algunos estudiantes se enfocan principalmente en motivos económicos, mientras que otros aprovechan empleos o prácticas no remuneradas para obtener experiencia laboral y mejorar su empleabilidad,» explicó Madeline Nightingale, directora de investigación en la organización sin fines de lucro RAND Europe, para Europe in Motion.
Según Nightingale, aunque la necesidad económica suele cambiar según los sistemas de financiación estudiantil en cada país, ganar experiencia es más frecuente en sectores como derecho, finanzas e industrias creativas.
«Esto también depende del origen socioeconómico, dado que para ciertos estudiantes el trabajo remunerado es indispensable por razones económicas,» agregó.
Además, la participación de estudiantes en trabajos remunerados responde también a las tendencias generales del mercado laboral. Por ejemplo, un estudio en Países Bajos vinculó el aumento del empleo para estudiantes con la expansión de modalidades laborales flexibles.
No obstante, la mayoría de los jóvenes europeos no trabajan mientras estudian, ya que más de siete de cada diez permanecen fuera del mercado laboral durante su educación superior, según Eurostat.
Por otro lado, un 3,2 % estaban desempleados pero activamente buscando empleo.
Las tasas más elevadas de jóvenes desempleados en educación formal se observaron en Suecia (14,1 %), Finlandia (10 %) y Dinamarca (9,6 %).
En contraste, en Rumania (0,6 %), Croacia, República Checa y Hungría (cada uno con 0,8 %) menos del 1 % buscaba empleo.
¿Por qué existen diferencias entre hombres y mujeres?
Entre las mujeres de 15 a 19 años, el 74,4 % estaba fuera del mercado laboral, frente al 70,4 % de los hombres en ese rango de edad.
Al alcanzar la franja de 20 a 24 años, esta proporción se reduce al 30,9 % en mujeres y al 24,8 % en hombres.
Esto refleja una mayor integración laboral mientras persiguen actividades educativas, según Eurostat.
En esta agrupación, el porcentaje de jóvenes que trabajaban mientras estudiaban era del 19,6 % en mujeres y 17 % en hombres.
Asimismo, en el grupo de 25 a 29 años, el empleo alcanzó el 62 % en mujeres y el 71,9 % en hombres. En este segmento, la proporción de mujeres fuera del mercado laboral y sin educación formal (16,2 %) fue superior a la de hombres (6,9 %).
Esto podría indicar una mayor dedicación prioritaria a la educación durante sus años más jóvenes.
Los datos también muestran que las mujeres tienden a matricularse en educación formal más que los hombres.
No obstante, cuando no están en educación, presentan menores tasas de empleo o búsqueda activa de trabajo, evidenciado por mayores índices de inactividad y menores niveles de empleo en comparación con los hombres.

