Explora en Navarra una joya barroca singular: la impresionante cúpula de la ciudad de las verduras

En una de las capillas más sobresalientes de Tudela se eleva una cúpula barroca que deslumbra por su belleza oculta. Alejada de las rutas comunes, encierra un universo de formas, colores y símbolos que invitan a contemplar hacia lo alto

Foto: Vista de la cúpula de este monumento de Navarra, que destaca por la profusión de relieves barrocos y riqueza cromática. (Extraída de X)
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La cúpula barroca de la Capilla de Santa Ana, situada en la Catedral de Tudela, constituye una de las obras más impresionantes y poco conocidas del patrimonio religioso de Navarra. Su elaborado programa ornamental y la variedad de materiales usados la transforman en un tesoro artístico que permanece oculto a simple vista en el centro de la ciudad ribereña.

A primera impresión, el visitante apenas intuye lo que guarda este recinto. Sin embargo, al cruzar el umbral, se despliega ante sus ojos una explosión de yeserías policromadas, esculturas y elementos simbólicos que convierten el interior en una auténtica escena teatral llena de espiritualidad. La luz, filtrada por la linterna superior, dirige la mirada hacia una imponente bóveda que encarna el espíritu barroco autóctono con todo su dramatismo y su intención de emocionar los sentidos.

Una cúpula barroca diseñada para conmover

El espacio fue planificado como una construcción centralizada, cubierta por una gran cúpula sobre tambor y pechinas, donde se despliega un programa iconográfico centrado en la figura de Santa Ana y la Sagrada Parentela. Ángeles, santos, evangelistas y reyes de Judea ocupan cada espacio de la composición, formando un universo visual que eleva la mirada y el espíritu. La abundancia de la decoración no es casual: obedece a una estrategia estética para provocar devoción a través del asombro.

Construida entre 1712 y 1725, la capilla fue financiada mediante limosnas, donaciones y aportaciones de destacados tudelanos. Entre ellos, sobresalen Juan de Mur y la marquesa de San Adrián, cuyas contribuciones resultaron fundamentales para culminar las yeserías y los zócalos de piedra. El resultado es una obra colectiva en la que participaron artistas navarros y aragoneses, vinculados también a otras capillas emblemáticas del Barroco peninsular.

Un retablo-baldaquino sin igual en Navarra

Además de la cúpula, la capilla alberga un espectacular retablo de tipo baldaquino, con columnas de mármol negro de Calatorao y figuras alegóricas que refuerzan el mensaje devocional. Esta estructura, poco habitual en la región, añade un eje escenográfico al conjunto y enmarca la imagen titular de Santa Ana, ataviada con mantos bordados y acompañada por las figuras de la Virgen Niña y el Niño Jesús.

Durante siglos, este espacio fue objeto de admiración y también de polémicas. Con la llegada del Neoclasicismo, su estilo fue considerado excesivo por arquitectos como Ventura Rodríguez. A pesar de ello, el paso de los años no ha logrado extinguir su atractivo. Actualmente, tras su restauración y conservación, la cúpula de la Capilla de Santa Ana vuelve a brillar como uno de los grandes secretos artísticos de Navarra, un lugar donde la devoción se transforma en arte completo.

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