Una fortaleza que actualmente brinda una experiencia de hospedaje poco común. Un espacio donde el lujo contemporáneo convive con una historia llena de pasión, silencio y el paso del tiempo
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En medio de las extensas llanuras de la provincia de Salamanca se encuentra un alojamiento singular que fusiona patrimonio histórico, romanticismo y exclusividad. Rodeado por dehesas y viñedos, este lugar destaca por su perfil renacentista, su imponente foso defensivo y una historia marcada por un amor imposible que ha sobrevivido a través de los siglos. Actualmente, convertido en un hotel de lujo reconocido con llave Michelin, ofrece a los visitantes la oportunidad de alojarse entre muros que presenciaron intrigas políticas, amores prohibidos y siglos de cambios.
Este enclave es el Castillo del Buen Amor, ubicado en la localidad salmantina de Topas. A diferencia de otras fortalezas medievales, no se sitúa sobre una colina, sino que aparece en la llanura misma, circunstancia que justificó la construcción de su profundo foso. Su origen data del siglo XI como fortaleza militar, aunque su aspecto actual corresponde a la extensa transformación realizada en el siglo XV, cuando pasó a manos de la Casa de Alba y, después, de los Reyes Católicos, que lo usaron como punto estratégico durante la guerra de sucesión en Castilla.
La etapa más destacada de su historia ocurrió en 1478, cuando Alonso de Fonseca y Quijada, obispo de Ávila, adquirió la propiedad y la transformó en una casa palacio. Su intención era mantener en discreción su relación con Teresa de las Cuevas, un amor prohibido que dio nombre al castillo. La pareja tuvo cuatro hijos, legitimados por los Reyes Católicos, y su historia quedó inseparablemente ligada a estas paredes. Tras su muerte, el castillo fue abandonado y empleado durante siglos como almacén agrícola, experimentando un deterioro paulatino.
De fortaleza abandonada a hotel con llave Michelin
La recuperación del Castillo del Buen Amor comenzó a mediados del siglo XX, cuando la familia Fernández de Trocóniz inició una ambiciosa restauración para devolverle el esplendor perdido. Finalmente, en 2003 reabrió sus puertas como posada, conservando al máximo la autenticidad del edificio. Actualmente cuenta con cuarenta habitaciones y suites ubicadas en la estructura original, además de una seleccionada propuesta gastronómica basada en productos locales, experiencias como catas de vino y escapadas gourmet o de relajación. Todo ello convierte a este rincón de Castilla y León en una opción perfecta para una escapada romántica con historia, donde el pasado y el confort actual se combinan en armonía.
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