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- Autor, Atahualpa Amerise
- Título del autor, BBC News Mundo
- 20 enero 2026
- Tiempo de lectura: 8 min
La violencia provocada por las pandillas volvió a generar caos en Guatemala.
Presos de la mara Barrio 18 se apoderaron de tres cárceles, tomando como rehenes a cerca de 50 personas, mientras sus aliados en libertad realizaron una serie de ataques el último fin de semana que causaron la muerte de diez policías y dejaron varios heridos.
Tras recuperar el control sobre los penales, el presidente de Guatemala, Bernardo Arévalo, decretó un estado de sitio por un periodo de 30 días.
Las primeras pesquisas indican que Barrio 18 ejecutó la acción bajo la dirección de su líder, Aldo Dupie Ochoa, alias El Lobo, luego de que las autoridades guatemaltecas rechazaran conceder una serie de beneficios penitenciarios y demandas políticas.
Esta ola de violencia evidenció el poder que aún mantienen las pandillas en Guatemala, especialmente Barrio 18, que disputa el dominio de las calles en Ciudad de Guatemala y otras zonas con su rival tradicional, la Mara Salvatrucha 13 (MS-13).
El sicariato, la extorsión y el narcotráfico constituyen las actividades principales de estas maras, catalogadas como grupos terroristas por los gobiernos de Guatemala y Estados Unidos.
Pero, ¿cuál es el origen de Barrio 18? ¿Cómo opera? ¿Quiénes están al frente? A continuación, se analiza.

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De Los Ángeles a Ciudad de Guatemala
La pandilla Barrio 18 tiene sus raíces a miles de kilómetros de Guatemala y Centroamérica.
Fue creada en la década de 1960 por jóvenes de ascendencia mexicana en el este de Los Ángeles, principalmente en la calle 18.
En ese lugar adoptaron el nombre 18th Street Gang, en un contexto dominado por otras pandillas estadounidenses que disputaban el control de los barrios, en un entorno marcado por la pobreza, el delito y la exclusión social.

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Con el tiempo, la llegada de migrantes centroamericanos —salvadoreños, guatemaltecos y hondureños— amplió su base social y territorial, fortaleciendo su estructura y expansión en California.
En la década de 1990, las políticas migratorias y de seguridad en Estados Unidos llevaron a deportaciones masivas hacia Guatemala, El Salvador y Honduras de jóvenes vinculados a pandillas.
«Estos jóvenes regresaron a los barrios de origen, en su mayoría en condiciones de pobreza o pobreza extrema, donde se organizaron en pequeños grupos o clicas, y se consolidaron dedicándose a actividades delictivas para sobrevivir», explica a BBC Mundo Eddy Morales, profesor de criminología de la Universidad San Carlos de Guatemala.
Es en Guatemala donde Barrio 18 logró una mayor consolidación, estableciendo presencia en zonas urbanas populares.
Entre estas áreas destaca la Zona 18, la más poblada y una de las más marginadas de Ciudad de Guatemala, que se convirtió en su principal bastión.
«La elección de la Zona 18 en la capital como centro no fue casual, sino una manera de trasladar a Centroamérica la identidad forjada en Los Ángeles», señala Morales.

Asesinatos y extorsión
Barrio 18 es, con amplia diferencia, la mara más numerosa en Guatemala, con aproximadamente 22.000 miembros, mientras que la MS-13 posee cerca de 10.000, según cifras recientes del Ministerio de Gobernación guatemalteco.
El gobierno tiene identificados a unos 12.000 pandilleros y colaboradores en todo el territorio, y otros 3.000 se encuentran en prisión, incluyendo varios líderes de ambos grupos.
La actividad de estas maras explica, en parte, el elevado número de homicidios en Guatemala: en 2025 se reportaron 3.022 casos, casi el 85% con uso de armas de fuego, según el Ministerio de Gobernación.
Esta cifra representa un aumento del 5% comparado con los 2.869 homicidios del año previo y posiciona a Guatemala como el país con más muertes violentas en Centroamérica.
Una parte considerable de estos crímenes está vinculada a la actividad de las maras, incluyendo enfrentamientos entre rivales, asesinatos por encargo y ejecuciones de comerciantes que no pueden o se niegan a pagar la «renta».
La extorsión es, de hecho, la fuente principal de ingresos de Barrio 18, que exige pagos periódicos a los pequeños y medianos empresarios de las áreas bajo su control.
Se estima que prácticamente todos los comerciantes guatemaltecos sufren algún tipo de extorsión, siendo este el delito más común en el país, con más de 1.200 denuncias mensuales, aunque los expertos coinciden en que la cifra real es mucho mayor ya que solo una minoría acude a las autoridades.

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Las clicas que estructuran la mara, tanto dentro como fuera de la prisión, cuentan con jerarquías internas muy estrictas que definen roles y responsabilidades.
«Existe el que lleva la palabra, el líder principal llamado ranflero; luego están los palabreros, después los soldados, seguidos por los banderas y, finalmente, los iniciados o aficionados. Así se organiza usualmente cada clica», detalla el criminólogo Eddy Morales.
Mientras que la Mara Salvatrucha se caracteriza por su planificación operativa, Barrio 18 actúa «de forma más errante», una estrategia que compensa con su superioridad numérica, añade el analista.
Barrio 18 desde dentro
Edwin Cordón, exmiembro del Barrio 18 que se transformó en pastor cristiano, explicó a BBC Mundo cómo funciona la pandilla desde adentro.
Criado en un entorno marginal de la Zona 18, Cordón entró a la mara durante su adolescencia, alrededor del año 2000, tras superar el tradicional ritual de iniciación.
«Tres miembros nos dieron la ‘pateada’ por 18 segundos. Esa era la regla: golpes en el cuerpo, pero no en la cara ni en los genitales. Tenías que aguantar de pie, sin caer. Ese día nos bautizamos los tres: mi hermano, un amigo y yo», recuerda.
Afirma que esta práctica ha evolucionado con el tiempo: ahora no basta con el ritual inicial, sino que «hay que pasar periodos de prueba y revisiones» que confirmen una lealtad absoluta al grupo.
«Lo primero que se inculca es la lealtad al número 18. La pandilla se convierte en una entidad. Cuando perteneces dices: ‘es que el barrio dice…'», señala.

El número 18 es un símbolo de devoción para sus integrantes, quienes habitualmente lo tatuan en diversas partes del cuerpo, ya sea con números arábigos, romanos o letras.
También emplean un lenguaje de señas propio: «el más común es el puño cerrado. El gesto más reconocido de Barrio 18 es el XB3: con los dedos se forma la X, el 3 y la B. Además, está el 18 con los dedos u otras variantes propias de cada clica».
Otra característica de Barrio 18 reside en la frágil línea que separa la vida de la muerte.
«Hoy pueden mandarte a matar por haberte quedado con dinero», asegura el expandillero, y aclara que años atrás un error de ese tipo se resolvía con un castigo menor.
Para muchos jóvenes marginados de Guatemala, pertenecer a Barrio 18 significa acceso a ciertos beneficios como dinero, poder o sentido de pertenencia.
Sin embargo, la mayoría termina enfrentando la prisión o una muerte violenta.
«Mi hermano menor fue asesinado a los 16 por un grupo rival; mi mejor amigo también fue asesinado, al igual que muchos compañeros», rememora Cordón.
El Lobo

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Lejos de disminuir el poder de estos grupos delictivos, las prisiones se han convertido en el centro de gran parte de sus operaciones.
«Desde la prisión continúan dando órdenes debido al respeto que mantienen hacia la integración grupal, sus códigos de silencio, honor y lealtad al grupo. Estos líderes encarcelados coordinan muchas operaciones», señala el criminólogo Eddy Morales.
Explica que los jefes e integrantes de las clicas mantienen comunicación constante «gracias a la corrupción dentro del sistema penitenciario, que permite la entrada de teléfonos celulares y routers».
Estos recursos les facilitan continuar con sus actividades delictivas durante su condena: la Fiscalía guatemalteca estima que entre el 80% y 90% de las llamadas extorsivas se realizan desde prisión.
Se cree que el motín ocurrido en tres penales y los ataques contra policías de los días recientes fueron ordenados desde una celda.
En particular, desde la celda de quien es considerado por muchos el líder máximo de Barrio 18 en Guatemala: Aldo Dupie Ochoa Mejía, de 41 años, alias El Lobo.
«Él fue quien dirigió la toma de esos tres centros penitenciarios», afirma Eddy Morales.

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El Lobo está detenido en el Centro de Detención de Máxima Seguridad para Hombres Renovación I, uno de los tres penales donde se produjo el motín, cumpliendo una sentencia de 1.670 años por cargos de asesinato, robo agravado y secuestro, entre otros.
Los motines respondieron a las operaciones de las autoridades para retomar el control en los centros penitenciarios.
El gobierno de Arévalo endureció las condiciones carcelarias y las penas para pandilleros en los últimos meses, pero se enfrenta a un sistema judicial ineficiente y frecuentemente contaminado por la delincuencia organizada.
Esto posibilita que los líderes continúen dirigiendo las actividades delictivas de las maras desde sus celdas, a pesar de estar supuestamente en aislamiento en prisiones de máxima seguridad.
«En Guatemala, las cárceles solo tienen el nombre de máxima seguridad; en la práctica, esa seguridad no existe», concluye el criminólogo.

