
De los numerosos usos de la Inteligencia Artificial, en los últimos años se ha notado que el principal propósito para los usuarios es obtener información. Lo que antes se buscaba mediante Google y revisando artículos en periódicos, blogs u otras fuentes sobre un tema específico, ahora se logra con una pregunta directa a la IA, que conduce inmediatamente a la respuesta.
Al igual que ocurría con internet, cuando la mayoría recurría a Google, hoy en día la mayoría emplea ChatGPT para acceder a esta tecnología. Sin embargo, las personas depositan una confianza absoluta en la IA y creen que toda la información que brinda es correcta, pero esto no siempre se cumple.
En realidad, una investigación reciente de The Guardian revela un lado peligroso y problemático en el uso de ChatGPT. Se comprobó que en temas populares y ampliamente conocidos, la IA presenta buena fiabilidad, pero cuando se trata de asuntos con menor conocimiento por parte de los usuarios y donde verificar datos es más complejo, ChatGPT no alcanzó el nivel esperado.
Esto sucede porque en 9 de las 12 consultas hechas a la IA, ésta proporcionó datos obtenidos de Grokipedia, una versión de Wikipedia creada por la IA Grok de Elon Musk, que carece de rigor y no cuenta con supervisión humana. Se trata de una enciclopedia generada por IA, para IA, con notoriedad por difundir narrativas de extrema derecha repletas de afirmaciones cuestionables o ya refutadas.
Este hallazgo coloca a OpenAI en una posición comprometida, ya que pone en evidencia que su IA no es confiable al ofrecer respuestas incorrectas o con sesgos, y además revela que los sistemas de protección y filtros de la empresa son claramente insuficientes.
Esta falla por parte de la compañía favorece la propagación de desinformación y bulos que alimentan la difusión de teorías conspirativas o inexactitudes sobre temas sensibles.

