El piloto finlandés, que estará compitiendo con la escudería Cadillac en 2026, ha desarrollado un pequeño ecosistema empresarial fuera de los circuitos.
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A Valtteri Bottas aún se le ve en la parrilla de Fórmula 1, pero su mente y capital ya no se limitan solo al paddock. El finlandés ha construido un pequeño entramado empresarial alrededor de tres pasiones personales: café, vino y ginebra.
Dentro de ese triángulo, su iniciativa más destacada es Oath Gin, una marca que fundó junto a su pareja, la ciclista australiana Tiffany Cromwell. Oath nació como algo más que un simple contrato comercial. Bottas y Cromwell se involucraron desde la concepción de la receta hasta el desarrollo del plan de negocio.
Esta ginebra combina avena proveniente de la granja de un tío del piloto en Finlandia con cáscaras de manzana de Adelaide Hills, en Australia, lugar donde ella creció, y se elabora en pequeños lotes, evitando la producción masiva.
Esa historia de orígenes compartidos convive con una realidad concreta: se ha invertido capital propio. «Hay un desembolso al iniciar una empresa y cuando comienzas a fabricar productos. Pero, con suerte, a finales de este año deberíamos alcanzar la rentabilidad; ese es el plan», explicó en Autosport poco después de lanzar la marca.
Bottas recalca repetidamente que Oath no es un capricho costoso sin respaldo financiero. La empresa debe sostenerse por sí misma, aunque su peso dentro de su patrimonio sea pequeño comparado con sus contratos en la F1.
Valtteri Bottas, durante una rueda de prensa
«Claro que, a largo plazo, no planeamos perder dinero. Pero no creo que sea lo que me haga rico respecto a la F1», reconoció en la misma entrevista. El mensaje es evidente: pasión, sí, pero con un límite claro para las pérdidas.
Los primeros resultados ofrecen una perspectiva de la dimensión. Durante su primer año completo en el mercado, Oath vendió cerca de 33.000 botellas en Europa, un volumen modesto frente a los líderes del sector, pero importante para una marca artesanal que se posiciona en la gama media-alta.
Bottas no aspira a competir en volumen, sino en autenticidad. «No queremos ser un productor masivo. Eso no está dentro de los planes, porque es un proyecto impulsado por pura pasión», resume.
Esa pasión se vincula a una visión a largo plazo. «Tenemos un plan a largo término para esta empresa… sin duda es algo para el futuro», insiste el finlandés, consciente de que construir una marca en el mundo de las espirituosas requiere paciencia, distribución y constancia.
Mientras tanto, su nombre e imagen —el mullet, el bigote, el ciclista amateur— funcionan como reclamo en mercados donde la F1 tiene fuerza, pero la ginebra finlandesa sigue siendo una novedad.
Actualmente, Oath Gin forma parte de una estrategia de diversificación más amplia. Bottas posee aproximadamente un 20% de la tostadora Kahiwa Coffee Roastery, ha lanzado su propio vino Ihana y ha invertido también en bienes raíces y en el club de hockey de su ciudad, los Lahti Pelicans.
Él mismo explica que es una forma de prepararse para el futuro después de la F1: «Desde hace varios años he comenzado a invertir en muchas áreas diferentes, pues es importante contar con otros intereses y actividades a las que dedicarte al finalizar tu carrera», afirmó en una entrevista reciente.
Esto no implica que permita descuidos en las finanzas. «Por supuesto, también me cuido de no desperdiciar dinero en estas iniciativas. Quiero que me vaya bien en ese ámbito, por lo que planifico con antelación», añade.
Dentro de ese proyecto, Oath Gin tiene un lugar especial: representa su historia embotellada entre Finlandia y Australia, pero también demuestra que incluso un «proyecto de pasión» debe cuadrar sus cuentas.

