Anne Marquet, nutricionista, explica la dieta de ciclistas que consumen papilla de avena para mantener un gasto energético de 8.000 calorías diarias.

El equipo Cofidis, durante la presentación de la Vuelta a España. La nutricionista francesa que integra el staff del equipo Cofidis controla con precisión lo que deben consumir en alimento e hidratación los ciclistas de alto nivel.

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En años anteriores, el rendimiento deportivo en élite se evaluaba principalmente según vatios, kilómetros y horas dedicadas al entrenamiento. Actualmente, cada vez más, se incluyen medidas como gramos de arroz, mililitros de bebida isotónica y proporciones exactas de macronutrientes.

Dentro del ciclismo profesional, la nutrición ha dejado de ser un simple complemento para convertirse en un componente estratégico fundamental del rendimiento. Pocas expertas lo explican con tanta precisión como Laurie-Anne Marquet, nutricionista del equipo Cofidis.

En una entrevista para RMC Sport, Marquet señala que «durante las etapas más duras, los ciclistas pueden quemar hasta 8.000 calorías en un solo día«, una cantidad que cuadruplica el gasto calórico diario de una persona sedentaria.

Para mantener ese nivel de desgaste, no es suficiente con ‘comer bien’ de forma general: se requiere un plan detallado para antes, durante y después de cada etapa. De lo contrario, el organismo entra en déficit energético, se agotan las reservas de glucógeno y el rendimiento cae sin remedio.

La labor del nutricionista se ha profesionalizado conforme ha avanzado el ciclismo. Hace veinte años, muchas escuadras se limitaban a preparar abundantes platos de pasta y algo de carne la noche previa a la competición.

Sergio Samitier, durante la Vuelta a España.

Sergio Samitier, durante la Vuelta a España. Instagram

Actualmente, en equipos como Cofidis, el diseño de los menús recibe tanta atención como la elección del equipamiento o la planificación táctica.

«La ingesta de carbohidratos en carrera resulta crucial. Se debe garantizar que los corredores consuman suficiente alimento y bebida para evitar cualquier dificultad. Es esencial aportar energía continua al músculo», enfatiza Marquet.

La importancia del desayuno

Este control empieza desde el desayuno, concebido para recargar las reservas energéticas sin sobrecargar el estómago. «A menudo iniciamos con una base de papilla, con avena y una bebida vegetal. Se pueden añadir frutos rojos, miel y puré de almendras», explica.

«Sin olvidar la hidratación (té, agua o café), jamón blanco, tortillas elaboradas por nuestro chef y la grasa saludable que aporta el aguacate. El arroz blanco y el pan también son elementos clave para un aporte sólido de carbohidratos», detalla la nutricionista.

Durante la competición, la alimentación se convierte en una verdadera coreografía. Cada bidón y cada barrita están planificados para que el ciclista mantenga un suministro continuo de energía, evitando la temida ‘pájara’ que podría arruinar la clasificación general.

Marquet describe un protocolo que la mayoría de equipos ha adoptado como estándar: «Se recomienda comenzar con alimentos sólidos como tortas de arroz, para después, en la parte final de la etapa, consumir productos semisólidos o semilíquidos como geles, frutas o jaleas».

La razón es sencilla: en la primera mitad del esfuerzo, el cuerpo tolera mejor los sólidos; mientras que en momentos de máxima intensidad y cansancio, se opta por opciones más fáciles de digerir y absorber.

La hidratación

De manera simultánea, la hidratación se configura como una variable fundamental. No basta con solo agua, sino que se requiere un equilibrio cuidadoso de minerales y carbohidratos disueltos, adaptado a la temperatura, duración de la etapa y tasa de sudoración individual.

La excesiva pérdida de líquidos no solo reduce el rendimiento, sino que también incrementa el riesgo de calambres y complicaciones médicas. Por ello, los nutricionistas pesan a los ciclistas antes y después de las etapas, calculan las pérdidas y ajustan las cantidades de bebida para la jornada siguiente.

El trabajo continúa tras cruzar la línea de meta. En la fase de recuperación, que abarca la primera hora post-esfuerzo, el cuerpo se encuentra especialmente receptivo para restaurar las reservas. Los batidos ricos en carbohidratos y proteínas, snacks salados para reponer el sodio y cenas con porciones generosas de arroz, pasta o patata forman parte esencial del protocolo.

La meta es que el ciclista pueda despertarse al día siguiente con niveles energéticos óptimos para afrontar otra jornada exigente.

Perfiles profesionales como el de Laurie-Anne Marquet ya no son un lujo, sino un requisito en el ciclismo actual. La nutricionista no solo calcula cantidades y calorías: educa, persuade y traduce la teoría científica en hábitos que los corredores aplican cotidianamente.

En una disciplina donde la diferencia entre ganar y perder se mide en segundos, el factor decisivo puede estar en algo tan sencillo como el momento adecuado para consumir una torta de arroz o un gel. La conclusión es evidente: en el ciclismo contemporáneo, el rendimiento también se forja en la mesa.

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