El tenista español, ya clasificado para octavos de final en el Open de Australia 2026, estrena en Melbourne nuevas rutinas en su rutina diaria.
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Destacando en Melbourne, tras una etapa de cambio sin precedentes en su trayectoria. Carlos Alcaraz llegó al Open de Australia 2026 con un nuevo equipo técnico y afrontando su primer Grand Slam sin Juan Carlos Ferrero en el banquillo, tras siete años de trabajo conjunto que lo llevaron a la cima del ranking mundial.
Sin embargo, lejos de una ruptura conflictiva, el murciano definió esta nueva etapa como una evolución lógica. «Era un capítulo que debía cerrar», aseguró antes del torneo, destacando que fue «una decisión tomada de mutuo acuerdo» y afirmando: «Gracias a él soy el jugador que soy ahora».
Ferrero fue por quince años la guía principal de la Academia de Villena, una institución con sólido prestigio. Su método se basaba en la competencia continua, haciendo que Alcaraz recorriera el circuito para afinar su «cuchillo» enfrentándose a rivales reales. Cumplía el rol clásico del maestro histórico —excampeón de Roland Garros— que aporta experiencia y disciplina rigurosa.
Samuel López, su sucesor, adopta una filosofía distinta. Con 55 años y experiencia previa como entrenador de Pablo Carreño, se describe como alguien que busca preservar la espontaneidad de Alcaraz. «Hace todo lo que le dices, es un chaval atento, así que es sencillo trabajar con él», declaraba hace un año en Melbourne para el diario AS.
La diferencia no radica tanto en la calidad técnica de ambos —junto ganaron el premio a Entrenadores del Año en 2025— sino en el entorno en que desarrollan su labor. Ferrero creó un sistema; López se ajusta a la estructura que prefieren Alcaraz y su familia.
El primero exigía mayor participación en torneos y coexistencia con una academia con infraestructura propia. El segundo trabaja desde Murcia, más próximo al entorno familiar, empleando entrenamientos intensos y enfocados por encima de una presencia masiva en competiciones.
López aporta continuidad: mantiene el mismo lenguaje motivacional cultivado en sus años previos. Su coaching produjo expresiones como: «ahora, tortilla» para incitar al coraje, o «non ti preoccupare», en italiano, cuando Alcaraz atraviesa situaciones difíciles.
Samuel López y Álvaro Alcaraz, al frente, en el banquillo de Carlos Alcaraz en el Open de Australia Reuters
Lo que se observó durante la primera semana en Melbourne, además de las tres victorias logradas sin perder sets, es que el cambio ha modificado el peso de las voces en el banquillo y en el entorno más cercano.
Álvaro Alcaraz, hermano mayor del tenista, ha asumido un rol ampliado que refleja con claridad la verdadera esencia de esta transformación. Hasta ahora actuaba como sparring y soporte emocional cercano.
Actualmente, según las palabras de Carlos: «Mi hermano Álvaro va a tener más protagonismo dentro del equipo». Esta incorporación no es casual. Indica que el sistema ha pasado de una jerarquía centralizada en la Academia de Villena a una estructura más horizontal, donde la familia participa activamente en decisiones técnicas y emocionales.
Kiko Navarro, primer entrenador de Alcaraz, sugirió en una entrevista en Punto de Break que Álvaro podría incluso ocupar un puesto formal como segundo entrenador junto a López, «sobre todo en la parte emocional», donde tiene «mucho que aportar en el aspecto sentimental».
Esto implica que el respaldo de Alcaraz no proviene ya de una entidad externa, sino que es una extensión del núcleo familiar. Alberto Lledó (preparador físico) y Juanjo Moreno (fisioterapeuta) permanecen sin cambios, garantizando continuidad práctica. Pero Álvaro ahora canaliza el soporte emocional de forma más directa, sin intermediarios.
En la dinámica de juego, esto ha reflejado resultados concretos. Ante Hanfmann, cuando Alcaraz mostró frustración visible tras caer 3-1 en el primer set, el cuerpo técnico le confirmó al terminar el partido que había jugado mejor de lo que sentía en ese momento.
Esa reconciliación entre el desempeño real y la percepción en cancha se favorece gracias a la presencia cercana de Álvaro, quien le transmite calma familiar durante los descansos, sin la presión jerárquica que puede conllevar un entrenador con un enfoque más magistral.
La modificación en la técnica del saque introducida por Samu López —con elevación del balón hasta el pecho, similar a Djokovic, practicada en Murcia antes de viajar a Australia— mantiene la continuidad técnica. Pero el cambio principal radica en lo emocional y estructural.
Carlos Alcaraz, en el Open de Australia 2026 EFE
Alcaraz ha migrado el centro de decisiones desde una Academia hacia su propio entorno, donde Álvaro juega un papel activo y Samu López acompaña sin imponer.
En Melbourne no se observa un cambio de director de orquesta, sino una reestructuración del conjunto. Ferrero fue el maestro que planteaba desafíos. Samu López es quien facilita y valida. Y Álvaro, actualmente, es la voz familiar que sostiene al número uno cuando la cancha se torna incierta.
Tres fórmulas diferentes, ninguna superior a la otra, pero reflejando un Alcaraz de 22 años que ha decidido que en su próximo capítulo necesita menos institución y más respaldo familiar.

