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Información del artículo
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- Autor, Hugh Pym*
- Título del autor, BBC News, Editor de Salud
- 58 minutos
- Tiempo de lectura: 10 min
El intestino ha pasado a ser un objeto de gran interés. Influencers en redes sociales promocionan suplementos sin respaldo científico que presuntamente mejoran la salud intestinal, mientras que empresas de leche y kombucha aseguran nutrirlo con "bacterias beneficiosas".
Algunos lo han calificado como una moda pasajera; no obstante, numerosos médicos consideran que nuestro microbioma intestinal podría influir en diversos aspectos, desde la salud mental hasta el riesgo de ciertos tipos de cáncer.
Existe otra perspectiva médica que me llama particularmente la atención: la influencia del intestino en el proceso de envejecimiento.
Por ello, hace unos meses, me encontraba en el hospital St Mary’s de Londres, conocido por el hallazgo de la penicilina, esperando una noticia complicada sobre mi propio estado intestinal.
Allí me reuní con el doctor James Kinross, profesor de cirugía en el Imperial College de Londres y cirujano colorrectal en actividad, cuya parte más destacada de su trabajo consiste en analizar muestras fecales de pacientes.

Semanas atrás, envié una muestra de mis heces a un laboratorio, donde este tipo de análisis brinda datos sobre nuestro microbioma intestinal: los miles de millones de microorganismos que habitan en nuestro aparato digestivo (básicamente bacterias, pero también virus y hongos).
"Soy un firme creyente en el microbioma", afirma. "Está implicado en todos los aspectos fundamentales de nuestra salud".
Kinross sugiere que el intestino podría jugar un papel clave en el envejecimiento, impactando nuestra longevidad y fortaleza física en edades avanzadas.
Por otro lado, algunos expertos opinan que la relevancia del microbioma intestinal en el envejecimiento está exagerada.
Todos los consultados coinciden en que se requiere más investigación al respecto.
Con más de 60 años y recientemente abuelo, me parece un momento oportuno para conocer qué revela mi intestino sobre mi futuro en las próximas décadas.
Y algo aún más relevante: si la salud intestinal condiciona el envejecimiento, ¿qué acciones pueden tomarse, si es que existen, para mejorarla?
La mujer de 117 años y su yogur diario
María Branyas Morera fue la persona de mayor edad del mundo. Tras su fallecimiento en 2024, en el norte de España a los 117 años, científicos recogieron muestras de sus heces, sangre, saliva y orina para compararlas con las de 75 mujeres de la península Ibérica.
Según el informe, mantenía un estilo de vida saludable: habitaba en el campo, caminaba una hora diaria y seguía una dieta mediterránea con alto contenido en aceite.
La característica distintiva era que ingería tres porciones diarias de yogur.
El doctor Manel Esteller, genetista de la Universidad de Barcelona y coautor del estudio, considera que el consumo habitual de yogur pudo haberle aportado una alta carga de bacterias beneficiosas que disminuyen la inflamación.
"Sus células parecían tener menor edad que la cronológica", asegura Esteller.

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Diferentes estudios sobre centenarios, considerados héroes de la longevidad, han analizado sistemáticamente el microbioma de estas personas mayores de 100 años, hallando una notable variedad bacteriana.
En una investigación publicada en 2022 en Nature, científicos del condado de Jiaoling, sureste de China, recolectaron heces de 18 centenarios, detectando una mayor diversidad bacteriana respecto a adultos jóvenes.
El microbioma intestinal debe ser "diverso como un jardín"
Esta comparación resulta lógica para la doctora Mary Ni Lochlainn, profesora clínica de geriatría en King’s College de Londres, quien recomienda imaginar el microbioma intestinal como un jardín que debe ser lo más diverso posible.
"Un jardín sin plantas, estéril, es un jardín con escasa diversidad", explica. "Lo que se quiere ver son múltiples flores, colores y semillas".
No obstante, con el avance de la edad, la diversidad bacteriana intestinal disminuye considerablemente; algunas bacterias saludables desaparecen.
Sin embargo, se ha comprobado que ancianos que mantienen estas bacterias beneficiosas hasta los 80 y 90 años suelen vivir más y con mejor salud.
Para Ni Lochlainn, estos datos evidencian la conexión entre el intestino y el envejecimiento. "Sabemos que los centenarios tienen un microbioma más diverso".

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"Existe algo en esas personas que, de algún modo, las convierte en seres excepcionales. Han mantenido su diversidad".
Y no solo importa cuánto tiempo vive alguien, sino la calidad de vida en la vejez.
Kinross indica que hay una conexión entre la flora intestinal y la fragilidad, es decir, la capacidad de una persona mayor para recuperarse tras una enfermedad o lesión.
Mi edad real frente a la edad de mi intestino
De regreso en el laboratorio del hospital St. Mary’s, Kinross entrega su evaluación: poseo una buena "diversidad intestinal en el microbioma".
Está "en general saludable", lo que representa una buena noticia, aunque su tono denota advertencias.
Primero menciona un par de elementos intestinales que podrían incrementar el riesgo de enfermedad cardiovascular.
De forma preocupante, señala la presencia de algunas bacterias adversas. E. coli y C-difficile están presentes, algo común que podría deberse a tratamientos antibióticos o a episodios previos de gastroenteritis.
Después, se trata el aspecto de la edad.
Kinross comenta que mi microbioma intestinal corresponde aproximadamente al de un hombre italiano cinco años mayor que yo, basándose en la comparación con un estudio de 62 personas del norte de Italia.
Esa investigación —la única de este tipo— analizó muestras fecales desde personas de 22 hasta 109 años, lo que permitió delinear el perfil del intestino según las etapas de la vida.

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Su diagnóstico me lleva a reflexionar, con cierto remordimiento, sobre esos años de comidas listas del supermercado y muchas meriendas.
Mi intensa vida laboral, abarcando desde la crisis financiera de 2008 hasta la pandemia de covid-19, me condujo a consumir demasiados pasteles y dulces sin demasiada atención.
Vivir en Londres intermitentemente desde mis veintitantos implicó soportar el humo vehicular, en lugar del aire puro del norte de Italia. No sorprende que mi intestino se considere cinco años mayor que yo.
Kinross debió notar mi expresión de alarma, ya que enseguida aclaró que los italianos probablemente siguieron dietas mediterráneas y habitaron áreas rurales con menos contaminación urbana.
Además, la muestra era reducida.
Me tranquilizó señalando que "el mecanismo para un envejecimiento saludable" está presente en mi organismo, solo precisa ser optimizado.
En suma, si cuido mi nutrición, aún dispongo de tiempo para mejorar.
¿Se puede mejorar la salud intestinal?
Respecto a si la dieta puede realmente influir en el envejecimiento, Esteller muestra optimismo.
Aunque reconoce incertidumbre sobre la conexión entre salud intestinal y envejecimiento, asegura que la evidencia actual señala claramente que la alimentación afecta tanto la morbilidad como la mortalidad.
Esto significa: cuánto tiempo vivimos y la probabilidad de conservar buena salud en la vejez.
"Incluso en una misma ciudad, dentro de grupos con altos ingresos, quienes comen mejor viven más", afirma.
Recomienda incluir aceite de oliva, rico en polifenoles que favorecen las bacterias intestinales; además de pescado azul, alimento marino con ácidos grasos, popular en Japón, país con una de las mayores expectativas de vida (84,5 años), según la OMS.

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También aconseja reducir al máximo el consumo de azúcares blancos refinados y alimentos ultraprocesados, que dañan la diversidad bacteriana intestinal.
No obstante, Esteller puntualiza que la capacidad para modificar el microbioma intestinal varía entre individuos y depende de factores genéticos.
Kinross señala que la investigación del microbioma en distintos grupos poblacionales está en etapas iniciales.
Por ahora, afirma, cada paciente requiere un análisis personalizado.
El punto crítico para los adultos mayores
Con el informe en mano, programo una consulta con Raquel Britzke, dietista, para revisar los resultados y diseñar un plan de alimentación que potencie la diversidad de mi microbiota intestinal, buscando ayudar a un envejecimiento más saludable.
El plan se ajusta a mis resultados personales. Para los primeros días, recomienda un desayuno con semillas de lino, chía, kéfir, arándanos, kiwi o granada, similar a mi habitual tazón de granola baja en azúcar con yogur.
Para el almuerzo, sugiere ensalada verde, legumbres como frijoles o lentejas, vegetales como brócoli, espárragos o remolacha, junto con pollo a la parrilla sin piel.
Algunos ingredientes resultan algo difíciles para preparaciones rápidas en medio de jornadas periodísticas marcadas por la urgencia.
Para la cena, recomienda salmón, espárragos y arroz integral. Mi esposa, escéptica, duda que logre mantener ese hábito todas las noches.

En cuanto a bebidas, propone jugos. El primer día preparo meticulosamente un jugo verde con menta, manzana, kiwi, kale, jugo de limón, semillas de girasol y agua, aunque el sabor predominante termina siendo la menta.
El kéfir y la kombucha, ambas bebidas fermentadas con bacterias, también son recomendadas y las tolero bien; forman parte de mi refrigerador.
Britzke sugiere además tomar probióticos, omega-3 y vitamina D3, suplementos que tienen un costo elevado.
Kinross aclara que deben aplicarse cambios nutricionales "significativos" para impactar el envejecimiento.
Si sigo meticulosamente el plan, comenta, podría observar cambios en mi microbioma "en unas pocas semanas".
Advierte que modificaciones dietéticas menores o esporádicas no beneficiarán mucho al microbioma, ni a la estimación de un envejecimiento saludable.
"Aún hay tiempo", me dice. Pero hay un momento clave en la tercera edad en que el microbioma intestinal se deteriora.
El dilema del huevo y la gallina en la salud intestinal
Sin embargo, existe un dilema adicional, al que Ni Lochlainn denomina el dilema del "huevo o la gallina".
¿Un intestino más diverso fortalece a la persona en la vejez, o es que quienes son más fuertes al envejecer poseen un intestino más diverso?
El desafío histórico ha sido dilucidar qué sucede primero.
Esta interrogante podría aclararse parcialmente gracias a estudios de trasplantes fecales, que consisten en transferir heces de humanos o animales a otro organismo (generalmente un ratón) mediante cápsulas o tubos estomacales.
En un estudio de este tipo, divulgado en 2020, investigadores estadounidenses examinaron dos grupos de 11 ratones sanos: uno recibió heces de ratones mayores y el otro, de ratones jóvenes.
Tras tres meses, los ratones que recibieron heces de mayores mostraron conductas similares a la depresión, pérdida de memoria a corto plazo y deterioro en la percepción espacial.
En definitiva, sus cuerpos mostraron señales de envejecimiento.
Ni Lochlainn reconoce que esto puede resultar desagradable para muchos, pero considera tales estudios importantes porque sugieren una relación causal directa: del microbioma intestinal a la edad corporal.

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No todos comparten el entusiasmo por el supuesto poder del intestino para modular el envejecimiento.
La profesora Kamila Hawthorne, presidenta del Real Colegio de Médicos de Familia, considera la investigación del microbioma "emocionante" y reconoce que ha despertado interés público.
Sin embargo, destaca: "Es crucial recordar, especialmente porque esta línea de estudio es incipiente, que la 'salud intestinal' es probablemente solo una parte de un panorama más amplio".
Y enfatiza que "la buena salud no depende de un solo factor".
En definitiva, los científicos asienten que es posible mejorar el envejecimiento con la alimentación; no obstante, advierten que la dieta no lo es todo.
Esteller estima que la dieta explica aproximadamente un tercio de cómo envejecemos.
El resto depende de la genética y otros elementos del estilo de vida, como el ejercicio y evitar fumar.
Respecto a mi salud intestinal, mi nueva dieta está apenas comenzando.
No siento hambre y evito tentempiés, salvo manzanas, uvas y frutos secos recomendados.
Pero con un ritmo de vida ocupado y horarios irregulares, seguir este plan detallado será un reto, y dudo de mi constancia.
Aun así, la experiencia y las pruebas representan una llamada de atención para mi bienestar y salud futura.
*Con información adicional de Luke Mintz.

