El legendario jugador de los Celtics mostró inteligencia y supo manejar su patrimonio durante toda su trayectoria.
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Larry Bird, figura emblemática de los Boston Celtics y uno de los mayores referentes de la NBA, siempre tuvo claro que el verdadero juego no concluía con el pitido final. Más allá de los triples, los campeonatos y los galardones individuales, el alero de French Lick comprendió desde muy temprano que la fortuna de un deportista, aunque impresionante, es también vulnerable.
Este enfoque está reflejado en el libro Bird Watching: On Playing and Coaching the Game I Love, donde Bird ofrece una perspectiva sobre su visión del dinero, el éxito y, especialmente, el porvenir.
Su trayectoria financiera se inicia mucho antes de firmar su primer contrato NBA. Proveniente de un entorno modesto en Indiana, Bird vivió de cerca las dificultades de la vida precaria, sin margen para el error.
Esa realidad no desapareció cuando lució la camiseta verde de los Celtics ni al convertirse en una estrella máxima del baloncesto. Todo lo contrario: se convirtió en la lente con la que analizó los salarios millonarios y el ostentoso estilo de vida que le rodeaba.
En su libro, Bird rememora con mezcla de asombro y desencanto cómo varios compañeros reaccionaban ante los primeros contratos millonarios. «Muchos compraban casas de 600.000€ y relojes Rolex», relata, describiendo la realidad común en la NBA.
Larry Bird, Michael Jordan y Magic Johnson.
Para ellos, el dinero representaba una conquista, un triunfo frente a la pobreza o al anonimato. Para Bird, ese gasto excesivo funcionaba como una señal de advertencia.
La administración del patrimonio
Su método personal de manejar sus finanzas fue objeto de burlas entre sus compañeros. «Se reían y se mofaban sobre cómo llevaba mis ahorros», reconoce. Mientras los demás renovaban su auto cada año o frecuentaban los sitios más exclusivos, Bird prefería un estilo de vida reservado, incluso sobrio para los estándares de una estrella NBA.
Una de las anécdotas más ilustrativas de Bird Watching se relaciona con su primera adquisición inmobiliaria importante. «Aunque estaba en el mejor momento de mi carrera, no manejábamos un Mercedes ni vivíamos en mansiones de un millón de dólares. Al principio, compramos una pequeña casa en la zona de French Lick/West Baden valorada en 125.000 dólares».
«No gastamos todo el dinero porque sabíamos que en algún momento se agotaría, y yo quería tener margen para decidir sobre nuestro futuro. Nunca pensé en retirarme; simplemente asumí que seguiría trabajando siempre».
Lo más sorprendente es que muchos de los que adquirían propiedades lujosas y autos ganaban notablemente menos que él. Bird lo relata sin tapujos: «Les decía: ‘Están locos, deberían estar ahorrando’. Se reían y continuaban burlándose de cómo yo conservaba mi dinero. Sin embargo, yo comprendía sus actitudes».
Un futuro en peligro
En sus palabras se percibe una mezcla de empatía y dura realidad. «Estaban sacrificando su porvenir. Muchos vivían sin pensar en el largo plazo, sin considerar qué ocurriría diez años después, cuando sus carreras terminaran y cesaran sus ingresos. Y para cuando se percataron, ya era demasiado tarde».
«No imaginas cuántos excompañeros me han solicitado dinero. Me duele decir que no, pero lo hago porque les advertí. Les aconsejé que ahorraran». Detrás de estas palabras hay un conjunto silencioso de relatos sobre ruinas personales: atletas que tuvieron todo y terminaron dependiendo de otros.
El mito de la NBA
Simultáneamente con esta claridad respecto a las finanzas, Bird construyó una de las trayectorias más admirables en la NBA: tres títulos con los Boston Celtics, tres galardones MVP consecutivos durante la década de los 80 y un lugar garantizado en el Hall of Fame. Fue una figura clave en el resurgimiento de la franquicia de Boston y protagonista principal de la histórica rivalidad con Magic Johnson, que revitalizó la competición.
Su estilo técnico era característico: un tirador preciso desde la línea de tres, un dominio temprano del triple y ese tiro peculiar con ambas manos por encima de la cabeza, aparentemente imposible de bloquear, que se volvió un símbolo de toda una época.
Posteriormente, como entrenador y ejecutivo, especialmente en Indiana, demostró que su visión a largo plazo también se reflejaba en la estrategia desde el banquillo, la gestión administrativa y la salud de sus finanzas personales.

