Identificación y causas de la escombroidosis: una alergia alimentaria frecuente y poco reconocida

Los pacientes llegan a consulta muy preocupados, alegando haber sufrido una alergia al pescado, pero en múltiples ocasiones se trata de otra condición.

Foto: Puesto de pescado en un supermercado británico. (Getty Images/Christopher Furlong)

En las consultas de la Clínica Dermatológica Internacional y el Hospital Ruber Internacional, es habitual recibir pacientes que expresan gran preocupación por haber experimentado lo que consideran una «alergia al pescado». Sin embargo, en numerosos casos, lo ocurrido es en realidad una intoxicación alimentaria causada por la ingesta de histamina, conocida como escombroidosis.

“Se trata de una de las intoxicaciones alimentarias relacionadas con el pescado más comunes, aunque también de las menos reconocidas”, explica el Dr. Pedro Rodríguez, jefe de Servicio adjunto de Dermatología en el Hospital Ruber Internacional.

¿Pero qué es realmente la escombroidosis? Esta condición no constituye una alergia verdadera, aunque sus manifestaciones pueden ser muy similares. La diferencia esencial radica en el mecanismo fisiopatológico: en vez de una reacción inmunitaria, es una reacción tóxica derivada de la ingestión de histamina.

Algunos pescados, principalmente los de “carne oscura” como el atún, la caballa, el bonito, el arenque o el pez espada, contienen un aminoácido denominado histidina. Estos peces pertenecen a la familia Scombroidae, lo que da origen al nombre del trastorno.

Si el pescado no se mantiene a la temperatura adecuada desde su captura, las bacterias proliferantes transforman la histidina en histamina, sustancia que, en cantidades elevadas, desencadena una reacción que simula una alergia. Al consumirlo, se ingiere una elevada carga de histamina que reproduce casi a la perfección una reacción alérgica.

El factor clave es la correcta conservación del pescado. El problema no reside en el pescado en sí, sino en la acumulación de histamina provocada por una refrigeración deficiente”, aclara el Dr. Rodríguez.

¿Cómo se manifiesta la escombroidosis?

Los síntomas suelen aparecer entre 10 y 30 minutos tras la ingestión del pescado. Las señales más distintivas afectan a la piel:

  • Enrojecimiento facial intenso (flushing), especialmente en rostro, cuello y región superior del pecho.
  • Picor, sensación de ardor o calor, predominantemente en la cara.
  • Ronchas o habones (urticaria), similares a los signos de una reacción alérgica.
  • Sabor metálico o picante, como si el pescado estuviera deteriorado.
  • En algunos casos, se pueden presentar náuseas, cefalea, mareos o diarrea.

¿Por qué se confunde con una alergia?

La semejanza en los síntomas y el uso común de antihistamínicos generan que muchas personas crean haber desarrollado una alergia alimentaria repentinamente. Sin embargo, el inicio de una alergia verdadera en la edad adulta es poco habitual.

“Una de las señales más reveladoras es que, si el paciente consume nuevamente ese mismo tipo de pescado en otra ocasión, correctamente conservado, no experimenta ningún problema. Esto confirma que no se trata de una alergia, sino de una escombroidosis”, puntualiza el Dr. Rodríguez.

¿Cómo prevenirla?

La histamina no se destruye con el calor, por lo que ni cocinar, ahumar ni enlatar el pescado elimina el riesgo si ya está contaminado. Por ello, la prevención resulta fundamental:

  1. Mantener la cadena de frío: Comprar pescado fresco bien refrigerado sobre hielo y transportarlo en bolsas térmicas siempre que sea posible.
  2. Comprar en establecimientos confiables: Verificar que el lugar cumpla con altos estándares de higiene y conservación.
  3. Almacenamiento en casa: Si no se va a consumir inmediatamente, conservar el pescado en la zona más fría del frigorífico o congelarlo sin demora.

La mayoría de los casos resuelven los síntomas en pocas horas con tratamiento antihistamínico. No obstante, si los síntomas son severos o existen dudas sobre su causa, se recomienda acudir a urgencias.

“Es esencial evitar alarmarse y no eliminar el pescado de la dieta sin una evaluación médica apropiada. El problema radica en la conservación del pescado, no en el pescado mismo”, concluye el Dr. Rodríguez.

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