Razones psicológicas detrás de la incomodidad al reunirse con ciertas personas, según una psicoterapeuta

La psicoterapeuta Davinia Qui señala que la presión por integrarse en grupos sociales provoca malestar interno y afecta la confianza personal, especialmente si este patrón se mantiene desde la adolescencia hasta la adultez

Una grupo de amigos en

El malestar social, el anhelo de encajar y la autenticidad a menudo libran una contienda que parece inevitable. En ocasiones, compartir espacio con determinados grupos o personas provoca incomodidad, aunque se intente ignorar esa sensación. La psicoterapeuta Davinia Qui ha explorado este fenómeno en una de sus recientes publicaciones en TikTok (@davinaqui). La creadora de contenido especializada en psicología y salud mental examina cómo estas fuerzas pueden causar conflictos internos duraderos. Sin embargo, plantea una mirada poco convencional: observar hacia adentro en vez de hacia afuera. Invita a distinguir si esa incomodidad “proviene del grupo o de uno mismo”.

La idea de ajustarse a un grupo para evitar sentirse diferente es uno de los mecanismos más habituales, según expone Qui en uno de sus vídeos. Esta inclinación, según su análisis, se convierte en una trampa emocional difícil de romper. Este patrón lleva a que la persona “se vea forzada a realizar actividades propuestas por el grupo, aunque no las desee”. Esto crea un ciclo de sufrimiento: “El control sobre ti lo tienen los demás, no tú”. Frente a esta situación, la especialista recomienda usar la incomodidad como una oportunidad para ampliar el autoconocimiento. Desde su perspectiva, el primer paso es reconocer cómo se interpreta cada experiencia: “El control sobre ti siempre lo posees, si comunicas y validas tus decisiones con los demás”, enfatiza. Además, recalca la importancia de erradicar la idea de que este malestar es algo excepcional o patológico, asegurando que “no eres raro/a ni mala persona; cualquiera en tu lugar lo sentiría así”.

El ciclo de la adaptación y sus repercusiones

Qui señala que el origen de este patrón comúnmente se encuentra en la adolescencia, etapa en la cual la integración en un grupo cobra prioridad. Si esta dinámica no se cuestiona, puede mantenerse a lo largo de la vida. La psicoterapeuta identifica la tendencia a “adaptarse para pertenecer al grupo” como un hábito que, frecuentemente, se transforma en fuente de sufrimiento. “Las personas llegan a un punto perjudicial: terminan pagando el precio de traicionarse a sí mismas repetidamente”, advierte.

Estas conductas, destaca la experta, se sustentan en creencias muy arraigadas. Una de las más comunes es pensar que “lo que deciden los demás siempre es acertado, lo que decido yo, no”. Adoptar esta mentalidad provoca una erosión progresiva de la confianza en la capacidad propia para tomar decisiones. Sin embargo, Qui insiste en que es posible recuperar esa confianza.

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Herramientas y estrategias para priorizar la autenticidad

Para romper este ciclo, Qui recomienda prácticas enfocadas en fortalecer el autoconocimiento y la asertividad. Entre sus sugerencias, la psicoterapeuta destaca la importancia de identificar en cada momento dónde reside el control: “Observa dónde pones el poder, si en ti o en los demás”. Consolidar el sentido de agencia personal implica también reconocer los propios deseos y defenderlos con firmeza. “Conoce lo que quieres y protégelo”, señala.

Qui distingue entre “pertenecer” y “encajar” en los grupos sociales. Para ella, se pertenece cuando se muestra la propia esencia y se es capaz de expresar convicciones e historia personal. Esto supone actuar desde la autenticidad y mantener coherencia interna: “Formar parte es hacerlo primero de ti mismo, hablar con verdad, contar tu historia y no traicionarte nunca por otro”.

En su opinión, convertirse en un miembro genuino de un grupo requiere mostrar vulnerabilidad y no someter la esencia personal al juicio colectivo. Es decir, “no implica cambiar quién eres, sino que seas quien realmente eres”. Por el contrario, encajar significa un esfuerzo constante por adaptarse a las expectativas ajenas, implica “evaluar y ajustarse” y “pensar que debería decir esto, debería ser aquello, no debería mencionar esto otro”.

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