La autocompasión facilita el reconocimiento de errores sin caer en una autocrítica dañina y favorece vínculos más empáticos
Seguir en
La manera en que los individuos se relacionan consigo mismos tras cometer un error puede transformarse en un ciclo de exigencia excesiva. Desde un punto de vista clínico, Alberto Ramírez, psicólogo, observa una tendencia extendida a ser demasiado severos con uno mismo.
“¿Cuántas veces te hablas con dureza al equivocarte? ¿En cuántas ocasiones te exiges más de lo que pedirías a otra persona?”, interrogó Ramírez en un video publicado en su cuenta de TikTok (@albertopsi.mentalmadrid).
El experto diferencia entre la autocompasión y actitudes como la lástima o el victimismo. Según Ramírez, la diferencia está en la calidad del trato hacia uno mismo: “La autocompasión no es ni lástima ni victimismo. Es brindarse la misma comprensión que ofrecerías a alguien querido”, explicó el psicólogo, aportando así una definición que desafía prejuicios sociales comunes.
Autocompasión y autocrítica
En años recientes, la autocompasión ha ganado notable interés en el ámbito de la salud mental. Numerosos estudios han analizado su influencia en el bienestar psicológico y han establecido una conexión entre la habilidad para tratarse con amabilidad y niveles reducidos de ansiedad, depresión y estrés.
Desde la psicología clínica, la autocrítica se identifica como un factor que puede perpetuar o agravar el malestar emocional. Frente a esto, la propuesta de Ramírez de fomentar la autocompasión coincide con corrientes que promueven el autocuidado como pilar de la salud mental.
Ante el dolor, la autocompasión permite reconocer el sufrimiento sin rendirse a la resignación. Según Ramírez, representa un puente hacia la empatía y la humanidad compartida: “Comprender que el dolor no nos debilita, nos humaniza”, afirmó el experto al describir el efecto de esta actitud.
Adoptar una actitud compasiva hacia uno mismo no implica justificar errores ni eludir responsabilidades. Investigaciones señalan que quienes practican la autocompasión tienen mayor disposición a aceptar sus fallos y buscar soluciones efectivas. Esta perspectiva fomenta un ciclo de aprendizaje y desarrollo personal distinto a la autoexigencia rígida, que a menudo conduce a la frustración y una autoimagen negativa.
Consecuencias y recomendaciones
Las repercusiones de aprender a hablarnos con amabilidad trascienden el beneficio individual, indicó Ramírez. “Al aprender a tratarnos con amabilidad, también disminuye el juicio hacia los demás. Dejamos de responder desde la herida y comenzamos a actuar desde la empatía. Esto disminuye tanto el dolor propio como el ajeno”, destacó el psicólogo, resumiendo el impacto de la autocompasión en las relaciones interpersonales.
Algunas actitudes que tenemos, pueden ser señales de lo que somos según los psicólogos
Organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS) han señalado la relevancia de favorecer entornos donde las personas puedan expresar sus emociones sin miedo al estigma. En este marco, el enfoque de Ramírez sobre la autocompasión ayuda a desmontar la creencia de que la severidad hacia uno mismo es indispensable para alcanzar metas o superar obstáculos.
La autoexigencia no desaparece con la autocompasión, sino que se modifica, según Ramírez: “La autocompasión no reduce la exigencia, sino que la humaniza”, subrayó el especialista, invitando a incorporar esta perspectiva en la vida diaria. La autocompasión se configura así como una herramienta valiosa para afrontar los retos, contribuyendo a desarrollar una relación más equilibrada con los propios límites y capacidades.
El punto de inicio, concluyó Ramírez, es cuestionar las verdaderas necesidades en momentos difíciles: “Comienza preguntándote: ¿Qué necesito ahora para cuidarme en lugar de castigarte? Porque cuando dejas de ser tu enemigo, también dejas de ver enemigos afuera”, reflexionó el psicólogo.
