El pesebre más destacado de Cataluña situado en un bosque con más de 100 piezas artesanales, incluyendo réplicas de Gaudí y Dalí

Estas pequeñas creaciones en miniatura están hechas de corcho y piedra, mostrando una selección de una veintena de oficios tradicionales, personajes fundamentales del relato bíblico y réplicas de monumentos de Dalí, Pla o Jacint Verdaguer

Foto: Réplica del Monasterio de Montserrat, una de las joyas patrimoniales de Cataluña. (Turisme Gironès)

De cara a la próxima llegada de la Navidad, España presenta una amplia variedad de belenes distribuidos en numerosos puntos de la península. Algunos están realizados en crochet, otros creados enteramente con chocolate, como el de Rute, en Córdoba, que alcanza más de 50 metros de extensión. También llaman la atención el Belén de Arena, que cada año sorprende a visitantes en la playa de Las Canteras, en Las Palmas de Gran Canaria, o los belenes vivientes como los que se sitúan en Buitrago de Lozoya (Madrid) y el más antiguo de Andalucía, localizado en Beas (Huelva), los cuales se han consolidado como tradiciones navideñas destacadas.

Un belén oculto en un bosque encantado

Existe uno que generalmente no aparece en las rutas turísticas españolas, pero que sin duda justifica una visita. Se trata del Pesebre de Can Roseta, ubicado en el bosque de Cartellà, en el Valle de Llémena, Sant Gregori (Girona). Este conjunto alberga 107 monumentos emblemáticos de Cataluña, creados con corcho y piedra, acompañados de escenas que reflejan 22 oficios tradicionales diferentes. El trayecto incluye también figuras en homenaje a personajes destacados de la cultura e historia catalana, como Salvador Dalí, Narcís Monturiol, Antoni Gaudí, Josep Pla y Jacint Verdaguer, integrados de forma armónica en el entorno natural del pesebre.

El proyecto arrancó hace más de 25 años como una pasión particular de Remei Mulleres, residente de la zona. Con dedicación y sin apoyo externo, modeló manualmente las primeras estructuras en corcho y piedra, basándose en construcciones que admiraba profundamente. Lo que comenzó como un hobbie se transformó en un paisaje artístico de alto valor cultural, que hoy abarca 800 metros cuadrados.

Una pieza artesanal excepcional

Actualmente, Can Roseta está consolidado como una de las creaciones navideñas más distintivas de la comunidad autónoma. Replica con gran precisión joyas del patrimonio catalán – tales como la Sagrada Familia, el Museu Nacional d’Art de Catalunya y las 37 iglesias de la Vall de Llémena -, integradas cuidadosamente en el paisaje natural. Todo se construye con materiales sencillos, aunque la ejecución y su simbolismo elevan la obra a un nivel singular.

La visita al pesebre también representa un tributo a las raíces rurales de Cataluña. Las figuras que ilustran oficios como herreros, panaderos o tejedores permiten comprender cómo se vivía antes de la mecanización. No faltan detalles como hornos de leña, telares de madera o pequeños puestos de mercado, que enriquecen el ambiente. Además, se incorporan elementos simbólicos del imaginario catalán, incluyendo las figuras del caganer y el pixaner, presentes con un toque de humor popular.

Entre los visitantes, suele encontrarse a la propia Remei, que actúa como guía espontánea, compartiendo detalles del proceso creativo, anécdotas sobre la instalación o curiosidades acerca de los monumentos reproducidos. La entrada es libre, sin taquilla; se permite el acceso gratuito y, si se desea, se puede hacer una contribución voluntaria. Los grupos organizados tienen la opción de reservar una visita por 2 euros por persona.

Girona capital. Desde Barcelona, el trayecto se extiende poco más de una hora y cuarto por la AP-7, tomando la salida 6B en dirección N-II y enlazando con la GI-531. El acceso se realiza a pie desde el aparcamiento habilitado.

Durante la temporada navideña, el Pesebre de Can Roseta se ha convertido en un símbolo discreto pero significativo de la identidad catalana. Un camino artesanal que convierte la tradición en un mapa emocional del territorio, donde la memoria y la espiritualidad coexisten entre árboles y senderos.

De cara a la próxima llegada de la Navidad, España presenta una amplia variedad de belenes distribuidos en numerosos puntos de la península. Algunos están realizados en crochet, otros creados enteramente con chocolate, como el de Rute, en Córdoba, que alcanza más de 50 metros de extensión. También llaman la atención el Belén de Arena, que cada año sorprende a visitantes en la playa de Las Canteras, en Las Palmas de Gran Canaria, o los belenes vivientes como los que se sitúan en Buitrago de Lozoya (Madrid) y el más antiguo de Andalucía, localizado en Beas (Huelva), los cuales se han consolidado como tradiciones navideñas destacadas.

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