El fallo común con los radiadores que incrementa considerablemente tu factura de calefacción

Apagar y encender la calefacción durante ausencias breves puede aumentar el consumo más que mantener una temperatura constante

Por Guillermo Urquiza

Seguir enUna mujer pone la calefacción

Con la llegada del invierno, muchas familias eligen encender la calefacción durante las horas que permanecen en casa. Sin embargo, no todos son plenamente conscientes del impacto que esto tiene en la factura. Por ello, cuando salen por un tiempo breve, como media hora para hacer un recado, optan por apagarla. Pero este es uno de los errores más frecuentes que aumenta el coste del sistema de calefacción.

El uso intermitente de los radiadores, apagándolos totalmente en ausencia de corta duración, puede elevar el consumo energético. En ciertos casos, esta práctica puede llevar a que el gasto se duplique en comparación con un manejo más regular.

El inconveniente no reside en apagar la calefacción, sino en lo que sucede dentro de la vivienda durante ese periodo. Cuando la temperatura interna cae abruptamente, el aire del ambiente se enfría. Por ende, al regresar y volver a ajustar la calefacción al máximo, el sistema debe trabajar más tiempo y con mayor intensidad para alcanzar el nivel de calor deseado, traduciéndose esto en un consumo superior.

Opciones para optimizar el calor y reducir los costes

La solución es más sencilla de lo que parece. Ante una ausencia corta, lo más eficiente no es apagar la calefacción, sino disminuir ligeramente la temperatura. Bajar uno o dos grados ayuda a conservar el equilibrio térmico de la vivienda sin incrementar el gasto notablemente. Mantener una temperatura constante cercana a los 19 o 20 grados suele ser la opción más recomendable.

El empleo de termostatos ambientales y válvulas termostáticas contribuye además a evitar estos picos de consumo. Estos dispositivos permiten ajustar la temperatura sin necesidad de apagar o encender los radiadores manualmente.

Una mujer comprobando el estado

Otro error frecuente consiste en bloquear los radiadores sin notarlo. Cortinas gruesas que los cubren, sofás muy cercanos o ropa colgada encima impiden la circulación del aire caliente. Así, el calor queda atrapado y no se dispersa por la estancia. Esto genera, en ocasiones, la impresión de que el hogar no se calienta adecuadamente. En tales situaciones, las personas suelen aumentar la temperatura del calefactor.

En estos casos, la pérdida de eficiencia puede alcanzar valores elevados, llegando hasta un 40 o 50 %. En otras palabras, se paga por energía que no se aprovecha. Se recomienda dejar al menos diez centímetros libres frente al radiador.

La relevancia del mantenimiento

El mantenimiento es otro aspecto que a menudo se pasa por alto. Un síntoma típico de un sistema con baja eficiencia es que los radiadores están calientes en la base pero fríos en la parte superior. Esto generalmente indica la presencia de aire en el circuito. Cuando sucede, el sistema funciona, aunque con menor efectividad y un mayor consumo de energía.

Edesur elaboró este informe sobre la eficiencia de diferentes aparatos eléctricos

Por otra parte, la presión de la caldera también tiene influencia. En muchos hogares, la presión recomendada oscila entre uno y dos bares. Si la presión se encuentra fuera de ese rango, la eficiencia disminuye, aumentando el consumo. Es aconsejable dedicar unos minutos a una inspección básica: verificar que todos los radiadores calienten de forma homogénea y revisar la presión de la caldera.

Finalmente, está un derroche menos visible: ventilar con la calefacción encendida por periodos prolongados. Abrir las ventanas es necesario, pero si se mantiene abierto mucho tiempo, se pierde el calor directamente. Aun más, cada grado por encima de los 20 puede incrementar el consumo entre un 5 y un 7 %.

La estrategia más eficiente consiste en ventilar rápidamente (entre cinco y diez minutos) generando corriente de aire, y luego cerrar para que el sistema funcione sin un esfuerzo extra.

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