Advertencia sobre riesgos de las cabinas de rayos UVA: aumentan tres veces la probabilidad de cáncer de piel

Este tipo de tumor cutáneo provoca la muerte de alrededor de 1.000 personas cada año en España, según datos de la Sociedad Española de Oncología Médica

Foto: (istock) EC EXCLUSIVO

El uso de cabinas de rayos UVA está relacionado con casi un triplicado del riesgo para desarrollar un melanoma. No obstante, por primera vez, se ha probado cómo estos aparatos provocan daño al ADN asociado al melanoma en casi toda la superficie cutánea, según revela un reciente estudio dirigido por Northwestern Medicine y la Universidad de California en San Francisco, publicado en Science Advances.

El melanoma, considerado el cáncer de piel más letal, causa la muerte de unas 1.000 personas anualmente en España, según datos de la Sociedad Española de Oncología Médica, y las cifras de diagnóstico continúan aumentando. A pesar de las advertencias repetidas durante décadas, aún no se comprendía con exactitud el mecanismo biológico que explica el riesgo de cáncer que generan las cabinas de rayos UVA. La industria del bronceado artificial, que está experimentando un resurgimiento, ha aprovechado esta falta de certeza para sostener que estas cabinas no resultan más perniciosas que la exposición solar.

Este nuevo estudio refuta, según sus autores, de manera “irrefutable” dichas afirmaciones, al demostrar que las cabinas de bronceado, a nivel molecular, alteran el ADN de las células cutáneas mucho más allá del daño producido por la luz solar común.

«Incluso en piel normal de pacientes que utilizan bronceado en interiores, en áreas sin lunares, encontramos alteraciones en el ADN que son mutaciones precursoras que predisponen al melanoma«, explicó el doctor Pedram Gerami, primer autor del estudio y profesor de investigación sobre cáncer cutáneo en la Facultad de Medicina Feinberg de la Universidad Northwestern. «Esto no se había demostrado hasta ahora», agregó.

El doctor Gerami, quien también lidera el programa de melanoma en dermatología en Northwestern, cuenta con 20 años de experiencia tratando pacientes con melanoma. A lo largo del tiempo, observó un número inusualmente alto de mujeres menores de 50 años con historia de múltiples melanomas y sospechó que el factor común era el uso de cabinas de rayos UVA. Por este motivo, junto con su equipo, diseñó la parte epidemiológica del estudio y comparó los historiales médicos de cerca de 3.000 usuarios de cabinas solares con otros 3.000 controles de la misma edad sin antecedentes de bronceado artificial.

El equipo determinó que el melanoma fue diagnosticado en el 5,1% de los usuarios de cabinas solares, frente al 2,1% de los no usuarios. Ajustando por edad, sexo, antecedentes de quemaduras solares y antecedentes familiares, el uso de cabinas solares permaneció asociado a un aumento de 2,85 veces en el riesgo de melanoma.

Además, los usuarios de cabinas solares mostraron mayor propensión a desarrollar melanoma en áreas del cuerpo protegidas del sol, como la región lumbar y los glúteos. Estos resultados respaldan la idea de que las cabinas solares provocan un daño al ADN más extenso que la exposición solar directa.

Secuenciación de ADN

Para validar esta hipótesis, los científicos emplearon tecnologías genómicas avanzadas para realizar secuenciación de ADN unicelular en melanocitos (las células pigmentarias de la piel donde se origina el melanoma) procedentes de tres grupos de donantes.

El primer grupo consistió en 11 pacientes del doctor Gerami, con un historial prolongado de bronceado artificial. El segundo incluyó a nueve pacientes que nunca habían utilizado cabinas solares, emparejados por edad, sexo y factores de riesgo oncológico. Un tercer grupo, compuesto por seis donantes cadavéricos, proporcionó tejido cutáneo adicional para completar las muestras de control.

Los científicos secuenciaron 182 melanocitos individuales y observaron que las células cutáneas de usuarios de cabinas de rayos UVA presentaban casi el doble de mutaciones en comparación con los sujetos control, además de ser más propensas a exhibir mutaciones relacionadas con el melanoma. En los bronceados interiores, las mutaciones también se encontraron en zonas del cuerpo normalmente protegidas del sol, confirmando que las camas solares ocasionan un daño al ADN más extenso.

“Con la exposición solar al aire libre, aproximadamente el 20% de la piel sufre el daño más intenso”, indicó Gerami. “En usuarios de cabinas de rayos UVA, detectamos esas mismas mutaciones peligrosas en casi toda la superficie cutánea”, alertó.

El estudio no habría sido posible sin la colaboración de los pacientes del doctor Gerami, quienes donaron sus biopsias. Una de ellas, Heidi Tarr, de 49 años y residente en Chicago, fue consumidora habitual de estas cabinas durante la secundaria (dos o tres sesiones semanales), motivada por la influencia de sus amigos y celebridades que también las usaban y la percepción de que eso era sinónimo de belleza.

Décadas más tarde, como madre en la treintena, detectó un lunar en la espalda y temió lo peor. Su diagnóstico de melanoma implicó cirugía, años de revisiones frecuentes y más de 15 biopsias adicionales conforme aparecían nuevos lunares. “Las biopsias pueden resultar dolorosas, pero la ansiedad mental es aún peor”, lamentó. “Siempre estás esperando la llamada del médico confirmando que se trata otra vez de melanoma”.

Cuando el doctor Gerami le explicó el estudio, se ofreció voluntariamente para realizar más biopsias sin titubear. “Valoro la ciencia y quería contribuir. Si lo que ocurrió en mi piel puede ayudar a otros a comprender los riesgos reales de las camas solares, entonces tiene sentido”, señaló.

Tras analizar la evidencia biológica y clínica de forma conjunta, el doctor Gerami afirmó que la necesidad de modificaciones legales es clara. “Como mínimo, el bronceado artificial debería estar prohibido para menores”, enfatizó.

“La mayoría de mis pacientes comenzaron a broncearse siendo jóvenes, vulnerables y sin el nivel de información y educación que poseen ahora como adultos”, añadió, subrayando que estos pacientes se sienten “perjudicados por la industria y lamentan las decisiones tomadas en su juventud”.

El doctor Gerami también recomendó que las cabinas de rayos UVA deberían incluir advertencias similares a las del tabaco. “Comprar un paquete de cigarrillos advierte sobre el riesgo de cáncer de pulmón”, recordó. “Debemos desarrollar una campaña análoga para el uso de cabinas de rayos UVA. La Organización Mundial de la Salud ha clasificado estas cabinas con el mismo nivel carcinógeno que el tabaco y el amianto: son carcinógenos de clase uno”.

Finalmente, el experto aconseja que toda persona que se haya bronceado frecuentemente en su juventud debería realizarse un examen cutáneo completo con un dermatólogo y valorar la necesidad de revisiones dermatológicas periódicas.

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